JOHN NOBLE WILFORD
Tiene pico y patas palmeadas como las de un pato, pone huevos como un pájaro o un reptil, pero también produce leche y tiene un grueso pelaje de mamífero. No es una quimera, es simplemente el ornitorrinco.
Si así de extraña es su apariencia, ¿qué tan raro podrá ser su genoma, esa lista de componentes de su información genética?
Resulta igualmente peculiar: una amalgama de genes que refleja los caminos y las transiciones que el ornitorrinco siguió en la historia de su evolución.
Un equipo internacional de científicos secuenció o leyó el genoma del ornitorrinco.
Descubrieron "claves sobre el funcionamiento y la evolución de todos los genomas de todos los mamíferos", incluyendo al humano.
Con ello podrían acelerar los descubrimientos sobre cómo es la biología de los mamíferos y cómo ha sido su evolución.
La revista "Nature" del jueves pasado publicó la investigación que involucró a unos 100 científicos, liderados por el genetista Wesley C. Warren, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis (EE.UU.).
Glennie, una ornitorrinco, fue la única estrella del estudio. Ella vive en la estación Glenrock en Nuevas Gales del Sur, en Australia. El ornitorrinco es nativo de ese país.
Un enigma persistente
Este mamífero es tan extraño que, cuando el primer espécimen fue enviado a Europa en 1798, los científicos pensaron que era un engaño.
Fue clasificado como mamífero, uno de las dos especies -junto con las equidnas- de la subclase de mamíferos que ponen huevos: las monotrenas. Son los mamíferos más antiguos.
Hace 166 millones de años aparecieron en la Tierra, separándose de sus ancestros de reptiles y primitivos mamíferos.
"Lo que hace único al ornitorrinco es que ha conservado la superposición entre dos clases muy distintas -mamíferos y reptiles-, mientras los demás mamíferos perdieron las características de los reptiles", dice Warren.
El genoma del ornitorrinco tiene unos 18.500 genes, cantidad similar a otros vertebrados, y alrededor de dos tercios del tamaño del genoma humano. Comparte el 82% de los genes con el hombre, el ratón, el perro, la zarigüeya y el pollo. Según los científicos, algunos elementos que se repiten en su genoma contienen la huella cronológica de los cambios que sufrió.
Les llamaron particularmente la atención las familias de genes que vinculan al ornitorrinco con los reptiles -como las que les permiten poner huevos, su visión y la producción de veneno- y con los mamíferos -proteínas antibacterianas y la lactancia-. El ornitorrinco no tiene pezones; los recién nacidos se alimentan a través de la piel del abdomen.
Una de las mayores sorpresas fue encontrar genes responsables de receptores sensibles a los olores. Como animal acuático que es, ya era conocido que el ornitorrinco tiene receptores electrosensibles en el pico. Ellos detectan el campo eléctrico que su presa deja, como huella, en el agua. Entonces, ¿por qué necesita estos sensores para olores?
Los científicos especulan que pueden servir para la comunicación sexual o para el uso de esencias solubles en agua para navegar o cazar.
Richard K. Wilson, director del Centro de secuenciación de genoma de la Universidad de Washington, asegura que éste es el inicio para entender "cómo los genes han sido conservados a través de la evolución".
Francis S. Collins, director de la entidad que financió el estudio, dijo: "Tan raro como luce este animal, su genoma es invaluable para entender cómo es el proceso biológico de evolución de los mamíferos".
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