LORENA GUZMÁN H.
Enviada especial
La gente se saluda y habla "en chileno" en la entrada del Instituto Max Planck de Medicina Experimental en Göttingen (Alemania). Las sesiones científicas comienzan y todos se ponen serios y hablan en inglés.
Se trata de Encuentros 2009, el momento en que científicos y estudiantes chilenos que hacen ciencia en Europa se ven las caras para hablar de sus actividades y de cómo vincular su quehacer, aquí en el hemisferio norte, con lo que Chile está consiguiendo en sus laboratorios.
Son tres días de charlas de ciencia. Conversan, crean lazos y confabulan posibles colaboraciones desde las distintas instituciones a las que pertenecen en el Viejo Continente.
Son todos muy jóvenes. La red Bionexa.org comenzó como una cosa de amigos, entre "pichangas" y reuniones sociales, que querían ayudarse mutuamente a buscar nuevas oportunidades. Más de 70 chilenos reunidos. Los organizadores -Matías Hernández, Felipe Opazo y Aldo Leal- apenas llegan a los 30 años.
Todo camina a la perfección.
El Max Planck alojó el seminario porque creyeron en la idea, porque tienen fondos especiales para este tipo de eventos científicos organizados por jóvenes y porque, como lo dijo en la sesión de inauguración Erwin Neher, Premio Nobel de Medicina y director del Departamento de Biofísica de Membranas, buscan el aporte de extranjeros.
"La base científica que tienen los latinoamericanos es muy provechosa para nuestro trabajo", destaca Neher. "Estamos felices de que ustedes estén acá. La gente joven activa y comprometida con un proyecto como éste amplía el horizonte".
Herbert Jäckle, vicepresidente de la Sociedad Max Planck, concuerda: "La gente joven es la energía del futuro".
Asegura que cuando no están establecidas todas las condiciones para hacer ciencia en países como el nuestro y aún los jóvenes quieren volver a hacer investigación, "significa que te sientes responsable de tu país, responsable del impacto en la sociedad".
Ese empuje es lo que el Max Planck valora. Ellos, refiriéndose a los organizadores, "decidieron qué hacer y no perdieron tiempo preguntando si podían hacerlo", dice Jäckle. Incluso bromeó con Matías Hernández: "Espero verte como ministro de Ciencia de Chile".
Simplemente en el Max Planck están encantados. "En mi departamento hay más personas de habla hispana que alemana", cuenta Walter Stühmer, director de la sede que recibe a Encuentros. "Ellos, chilenos incluidos, tienen una muy buena formación básica y teórica, motivación y entusiasmo, ganas de trabajar y tienen ideas abundantes; todo ello nos enriquece".
Stühmer apuesta por las relaciones y proyectos a futuro que nacerán de esta reunión y que sobrepasarán por mucho lo invertido hoy.
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