
Un periodista amigo mío, Juan Carlos Camus, fotografió a su hijo cuando consultaba en su notebook los resultados de la PSU y supo que le daba para Medicina en la Universidad de Chile, su sueño. Subió la foto a Facebook. Es una linda imagen de alegría.
Tantos amigos de Juan Carlos, que somos muchos, le expresamos nuestro gozo en Facebook. Él está tan feliz y orgulloso. Y el hijo, tan agradecido, posteando sus "gracias, gracias, papá, mamá".
Esto de las redes transforma, en estos días de resultados de la PSU, el clima del país. La noche del miércoles pasado había uñas comidas, reuniones familiares, carretes para esperar las 23 horas, cuando el Mineduc aflojaría los datos. Y todo ocurría en un territorio público, en las redes.
Esa noche me tocó estar presente cuando un equipo de expertos de la Universidad Católica tenía que -considerando los puntajes, las notas y la situación socioeconómica de la familia- decidir entre una lista de posibles candidatos a cuáles se les daba una beca con un tope de 25 millones de pesos para que pudieran entrar y completar sus carreras, sin considerar si sus puntajes PSU les alcanzaban. Eran cupos especiales del programa "Talento + Inclusión".
En el equipo central había ingenieros y abogados, la mayoría recién titulados, que hacían zumbar las pantallas con sus planillas de cálculo. "El 532 queda fijo ¿no?" - preguntaba uno. "¡Nooo todavía! Tenemos que asegurarnos de que recibieron la BEA" (la beca de excelencia académica del Ministerio). Eran las 12 de la noche y todavía no llegaban los datos. Este equipo estaba tan nervioso como los PSU en sus casas.
Al final, esta corte de seleccionadores tenía claro por lo menos 90 casos: cumplían las condiciones para llenar las primeras vacantes. Los ingenieros y los abogados, jóvenes en el centro de decisiones, los empezaron a llamar, uno por uno, entrada la noche, a sus celulares. Para contarles que sí, que no sólo estaban adentro, de Ingeniería, de Derecho, sino que, además, disponían de una beca para toda su carrera.
Lloraban. Otros, secos, recibían la noticia con ese tono Chino Ríos: "¿Ah?, ¡Ya!" Pero muchos estaban conmovidos.
Esa alegría, tal vez comparable en intensidad a la pena que sienten quienes no lograron sus metas, tiñó la noche.
Yo, de joven, no quedé en la carrera que elegí. No lo podía creer. Vagué pensando qué alternativa quedaba. Me metí, por si acaso, en Periodismo en la U, para ver, y me fui ambientando. Y ha sido mi vida. A veces, me pesan los "Versos de Ciego" de Luis Alberto Heiremans: "el que escoge pierde algo". A veces he pensado, "¿y si hubiera elegido Arte?"
Así y todo, la alegría, los nuevos sueños, el futuro de las familias, de las universidades, del país, arrasan en estos días como un desfile de luces. Comprendo a mi amigo Camus, radiante con su hijo, futuro médico (como uno de los míos, jeje). Ya te felicité por Facebook.
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Posteado por: Alex Montenegro Montenegro 13/01/2012 04:46 [ N° 1 ] |
Me pregunto si será necesario hacer pasar por este calvario una y otra vez a la juventud? Sé que hay defensores de que exista este proceso de selección, pero de todas formas ésta se da en el primer año, cuando solo un pequeño porcentaje descubre si tiene "dedos para el piano". Los que no deberán otra vez pasar por el proceso de postulación. Por cierto que dan ganas de explorar todas las carreras, pero solo tenemos una vida y un tiempo limitado para permanecer en este mundo. (...además de la paciencia de nuestros padres). |
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