La primera vez que vi una pintura de Edward Hopper fue en el MOMA de Nueva York. No vayan a creer ustedes que lo primero que hago al llegar a una ciudad es visitar museos, pero ahí estaba yo, siguiendo como podía los ágiles pasos de mi mujer, mientras nos desplazábamos por diferentes salas. Fue al entrar en una de éstas que divisé a una joven acomodadora de cine -alta, bella, pensativa- que aguarda la llegada de unos improbables espectadores que se sumen a los que apenas es posible divisar en la platea casi en penumbras. Tres suaves bujías sobre la joven bastan para que su cabellera brille como si se tratara de una promesa. Y aunque hay otras lámparas encendidas, la pantalla muestra la proyección del perfil incompleto de una actriz vestida a la usanza de los 40. Pero fue la esbeltez de la joven, unida a su actitud meditabunda, que tanto puede reflejar intranquilidad como tristeza, lo que me mantuvo allí largo rato. Ese cine, pintado en 1939, tiene mucha similitud con aquellas grandes salas que también conocimos aquí, sumidas en la semioscuridad y el silencio, con robustos palcos y columnas, gruesas cortinas que caían hasta el suelo, y butacas de felpa roja o azul.
Dos pasos más allá y mis ojos fueron capturados por una luz que me resultaba familiar. Era la que despedía otra pintura de Hopper, aquella que con sencillez y misterio muestra al propietario de una desolada gasolinera de tres bombas de color rojo y una primorosa casi-ta blanca de madera, motivos que aparecen contra un fondo de oscuros alerces y rodeados de hierba seca que crece al borde de una vía asfaltada, sin vehículos que destruyan la premonitoria fascinación de los demás elementos.
Con las obras de Hopper uno nunca sabe si la aparente serenidad de sus elementos es la antesala de una tragedia o el epílogo de una ya acontecida. Ignoramos si los hombres y mujeres que aparecen en ellas son objeto de una amenaza o víctimas de un ataque a gran escala que los dejó como únicos e insólitos sobrevivientes. Desconocemos si piden socorro o han renunciado definitivamente a él. Tan intensa es la luz como las zonas de oscuridad que deja el artista, aunque es en la luz donde permanece tu mirada, como si te aferraras a ella, lo mismo que pasa con los momentos tranquilos o felices de una vida.
Lo anterior es también visible en otra de las obras de Hopper -Aves nocturnas-, que muestra a una pareja y un hombre de espaldas en la barra de una luminosa cafetería de Nueva York, mientras el dependiente, tocado con un gorro blanco similar al color del resto de su vestimenta, se inclina para dar curso a un pedido. La oscuridad de la calle que enmarca el recinto es casi total, y lo que a mí me queda claro es que los tres parroquianos, no obstante la perfección del peinado y el maquillaje intacto de la mujer, no se aprestan a vivir la noche, sino que sobreviven a ésta. Las manos de la pareja casi se tocan, pero si lo hacen es de manera enteramente casual.
Todos somos aves nocturnas en búsqueda de esas nítidas y perecederas zonas de luz en que simulan descansar los personajes de Edward Hopper.
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Posteado por: Pedro Legrand Foc 27/06/2008 10:57 [ N° 1 ] |
Estimado don Agustín, hace 10 años atrás buscábamos cuadros atractivos para realizar un ejercicio en la carrera de actuación teatral en la U. de Chile. Encontramos Conversación Nocturna, pintado por Hopper en 1949. Nos pareció de una tensión dramática potente. Trabajamos meses en el cuadro, hicimos una historia para atrás, armamos diálogos, etc. Fue una gran experiencia de búsqueda de luz, como fototrópicos que éramos. Saludos. |
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Posteado por: Alvaro Espinoza Soto 27/06/2008 11:08 [ N° 2 ] |
Más que Aves Nocturnas, adecuado título para presentar el panorama del cuadro, literalmente del idioma inglés, como lo tituló Hopper, debiera tratarse de Halcones nocturnos. Pero lo lingüístico siempre sorprende, ya que el vocablo inglés "nighthawk" define en sentido figurativo al trasnochador o “ave nocturna”. Más curioso todavía es que el Halcón, buen rapaz, no es nocturno sino diurno. Tal vez se quiso soñar con que la agudeza del halcón la podemos hacer efectiva de noche, ¡vaya deseo!. Con mayor razón, entonces, prefiero al Halcón, ya que es más avezado que muchas otras aves. Para mí Hopper transmite a todos sus personajes sumidos en la más profunda soledad y, como en el cuadro, la soledad reina pese a las 4 personas reunidas con motivo de la barra del bar. Se trata de aquella soledad incólume, la que fortalece el alma y que, como dice el dicho popular, “es buena consejera”. Muchas gracias don Agustín. Saludos |
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Posteado por: León C. Bruggink 27/06/2008 12:16 [ N° 3 ] |
...es cierto que a veces uno busca encontrar una similitud en la vida personal al observar un cuadro.. para mi el efecto dramatico que náce del uso de la luz y el detalle en el óleo "El niño enfermo" de Pedro Lira.. me deja con una sensación de haber vivido el instante que el artista captura en su obra...tal es asi.. que llevo conmigo en mi billetera, una miniatura del óleo de Lira... como quien guarda una foto de un momento muy especial de una niñez humilde ..!! |
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Posteado por: Mariana Paredes 27/06/2008 13:15 [ N° 4 ] |
Algunos personajes en las pinturas de Hopper me hacen pensar en figuritas de plasticina, coloridas, con textura y volumen, puestas ahí para cortar el fondo, para darle un significado al exceso de luz que entra por esas ventanas. |
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Posteado por: Mariana Paredes 27/06/2008 13:16 [ N° 5 ] |
Es agradable la luz, pero como en todo, mucha hace daño. |
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Posteado por: Cesar Emilio Guajardo Vivar 27/06/2008 13:30 [ N° 6 ] |
La obras de Hopper son bocetos de atmoferas y motivaciones raras, mezcla de hombres y ventanas, aunque sean pinturas al exterior las ventanas en movimientos amenazantes predicen el futuro inquietante del protagonista, luces que pesan y oprimen en compañia de vientos danzantes que penetran como un libro a la victima ya predestinada por su autor. |
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Posteado por: Ramón Zañartu Covarrubias 27/06/2008 14:05 [ N° 7 ] |
Las estupendas pinturas de Edward Hopper reproducen con mucho realismo una època muy particular de la vida en Estados Unidos hasta mediados del siglo 20. |
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Posteado por: Carlos Domeyko Vigneaux 27/06/2008 16:26 [ N° 8 ] |
Gas Station, de Hopper, es una tarjeta postal editada, pensada y concebida, como el último capítulo del sueño americano. |
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Posteado por: Leo Godoy Echeverría 03/07/2008 09:15 [ N° 9 ] |
Imagino una pintura de Hopper con Ingrid Betancourt liberada. Los efectos luz y sombras serían asombrosos. |
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Posteado por: Pedro Iturrieta Vergara 03/07/2008 18:26 [ N° 10 ] |
Indudablemente nuestro columnista logra comunicarnos con ese instante en que la simple percepción traspasa el umbral de realidad parcial y cotidiana, para introducirse al mundo de la obra, en un diálogo abierto, sincero y ampliamente libre.... |
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Posteado por: AgustÃn Squella Narducci 10/07/2008 17:44 [ N° 11 ] |
Gracias a todos por sus interesantes comentarios, que han enriquecido la mirada que se puede tener sobre la obra de Hopper. |
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