Elegante, distendido, disfrutando del aire fresco, el personaje viene sentado en una silla de playa, de aquellas plegables con una lona de listones verdes (imagino); apenas sonríe, conteniendo un dejo de ironía, con sonrisa adornada por un delgado bigote; sus ojos brillan de modo inteligente, mientras esquiva la mirada. El ángulo debajo del enfoque destaca el suelo, un suelo de tablones de madera, cuyas vetas, líneas, sombras y rugosidades podemos seguir con nitidez: es la cubierta del vapor "Iberia", que en 1897 trajo a Chile a León Durandin Abault, el "simpático autor", como él mismo se define en la bitácora del viaje, y cuya obra se exhibe hasta mañana (sí, amigos, queda poco tiempo) en el Museo Nacional de Bellas Artes. La fotografía que intenté describir malamente es un autorretrato.
John Berger, escritor, crítico de arte y teórico de la fotografía (algunos de sus libros los publica en colaboración con fotógrafos) señala (y su afirmación es irrefu-table) que "las imágenes y las pa-labras hablan de un modo diferente; traducido al lenguaje verbal, el lenguaje visual nunca permanece intacto". Es por ello que esta columna tiene el modesto propósito de incitarlo a visitar y ver la obra de este "padre fundador" de la fotografía chilena, un emigrante francés.
Seguramente, para quienes conocen bien la historia de ésta, el nombre de Durandin (murió en Chile en 1955) ya les era fami-liar y son capaces de explayarse con rigor acerca de sus contribuciones técnicas e indicar algunos hitos de su imaginario artístico. Pero para un aficionado, entre los que me cuento, esta muestra fotográfica brinda, sobre todo, la experiencia de una espectral resurrección de un mundo, de una mirada y de una vida.
Porque, sin duda, tras su sonrisa simpática hay el acto espléndido y silencioso de un nigromante. Durandin es un mago que vino de Francia trayendo bajo el brazo el truco más célebre de su época, el último grito de la moda en materia de artilugios y encantamientos: la fotografía. Después de su muerte, la familia conservó cuidadosamente su archivo y hoy, gracias a ella, al Fondart, al Centro de Patrimonio Fotográfico y otras instituciones, Durandin y su mundo reviven, más de 50 años después.
Quizás son los buenos artistas los únicos que han logrado descubrir la manera de salvarse (y de algún modo, vengarse) del peor tirano de todos, el tiempo, inventando un mundo dentro del cual se incluyen y, en la medida de lo posible, se esconden. Vale la pena conocer al simpático Durandin.
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Posteado por: UBERLINDA ADRIANA SANTANDER SOTO 16/05/2009 22:17 [ N° 1 ] |
¿quien fiscaliza a los srs.fiscales cuando deben hacer investigaciones.¿porque en este caso el sr.chamorro{angol}sugere a los ´supuestos culpables lo que deben decir para fascilitar su trabajo .ahorrar tiempo y determinar caso cerrado y es mas ya lo tiene resuelto y espera el plazo para publicar publicar su veredicto.¿porque aun se sigue encubriendo amilitares'.{parte de este caso}. |
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Posteado por: roberto greenhill 23/05/2009 05:50 [ N° 2 ] |
Don Pedro: |
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