
Cuando usted o yo, lector, se pone en contacto por primera vez con una cosa que envuelve la promesa de alguna suerte de placer, instantáneamente, como un relámpago, emitimos un juicio de aprobación o desaprobación, se trate de un libro, de un vino o de una mujer. Quizás advertidos de los riesgos que implica la precipitación, o quizás impulsados por mecanismos neurológicos que ignoro, ese juicio inicial rara vez (mi impulso primero, ya ve, fue escribir "nunca") permanece solitario: otros juicios lo siguen de inmediato, como cuando se lanza a una laguna serena una piedra, y esos pareceres sucesivos, al dar con los bordes, regresan hacia el centro, al punto del primer contacto, y se entrecruzan con los que vienen de ida. A ese proceso algunos lo llaman "deliberación".
Me dicen que es propio de la sabiduría, e incluso de la salud mental, "filtrar" ese dictamen inicial, que brota intuitivo, como un impulso desembocado que viene del deseo. Pero acaso quepa cierta nostalgia por su pureza y, más aún, por su certeza. A veces, su ser es demasiado frágil y fugitivo para que se pueda preservar y reconstruir incontaminado, y carecemos de la franqueza para hacerle espacio, dotarlo de dignidad y, finalmente, declararlo. Por ejemplo, planifico un viaje con meticulosidad, invierto tiempo y dinero, el lugar augura muchos méritos, y en realidad los tiene, todo marcha bien y, sin embargo, ¡qué difícil es darle cabida en ese caso a un dictamen negativo! La deliberación muchas veces se pone al servicio del sutil engaño y de argucias demasiado humanas. Así, muchos de nuestros momentos felices son construcciones de una cortés consideración retrospectiva.
Eso pasa también con los libros y, en general, con el arte. Al terminar de leer un texto, de ver un programa televisivo o una película, al visitar una exposición o escuchar algún tipo de música, estalla subterráneo y veloz ese juicio rotundo ("¡Esto es muy malo!", "¡Qué horrible", "¡Me gustó", "¡Está súper bien!"). Y así de veloz, también, se diluye y complica, y pensamos que apreciar correctamente aquellas obras consista en dejarlo atrás.
No obstante, en su primera conferencia en Harvard, Jorge Luis Borges, comentando el título del famoso poema de John Keats "Al asomarse por primera vez al Homero de Chapman", se detiene precisamente en ese "por primera vez". El sentido del poema -reflejado, sobre todo, en los seis versos finales- sería, según Borges, reivindicar la importancia que tiene la inmediatez en la experiencia poética. Allí, en esa concentrada e irrepetible fulminación, la poesía surge (o no) de su manera más plena.
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Posteado por: sr oreste assereto 31/10/2009 12:15 [ N° 1 ] |
Algo parecido esta explicado en el libro "Conscousness Explained" de Daniel Dennet. Segun el las memorias de los seres humano son de tipo Orwelliano y no se recuerda en forma objetiva eventos pasados. Se recuerda mas lo que produjo mas placer. Por eso hay que desconfiar siempre de los libros de historia, pues dependen de que lado estaba el autor.Si existen mas versiones es mejor leerlas todas. Por eso un periodista de CNN recomendaba hoy leer las noticias , via internet, detodos los diarios posibles. |
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Posteado por: Alfredo Brignardello Le-Fort 31/10/2009 16:25 [ N° 2 ] |
Quizas si el oir y ver esta conferencia ayude a comprender el significado profundo y fragil de la inmediatez: http://video.google.com/videoplay? O sea, Aqui y Ahora. |
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Posteado por: Arturo Montes Larrain 31/10/2009 16:35 [ N° 3 ] |
No te he leído aún, salvo el título: cuando viví aquello por "la primera vez", me pregunté "¿eso sería todo?". Ahora leeré lo que sigue. Entre un libro, un vino o una mujer, me quedo, bajo ciertas condiciones, con ésta. Quizás vives impulsado por mecanismos neurológicos (leí "psicológicos") que ignoras. Lo siento, se me escapó el "nunca". Tramposo: lo escribiste después. ¿"Deliberación"? Gracias. No sabía. No la utilizaré en ese sentido. Prefiero cruce. El 2º párrafo está de más, excepto por cuanto allí está o esté. Buen domingo. Deja que los muertos entierren a sus muertos. Soy partidario de la fosa común. Salí decepcionado "la segunda vez" que visité el cementerio de Génova. En el Norte Grande quedan crucifijos esparcidos por el viento de alguien cercano. Ya no existe la tumba de mi hija Mariana en St.-Martin d'Hères. Es la primera vez que lo digo. |
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Posteado por: Carlos Domeyko Vigneaux 31/10/2009 20:07 [ N° 4 ] |
Octubre 31 2009 Una primera vez, es irrepetible, en todo su espectro y contenido. Pero una segunda vez puede que me ayude a observar lo que no ví en una primera vez. Una primera vez, son momentos de pausas que se perciben antes de cruzar la linea del tiempo cero, y la reproducimos cuando el cero deja de serlo. |
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Posteado por: Fernado Martinez Rodriguez 01/11/2009 01:53 [ N° 5 ] |
Don Pedro, De que estamos hablando? En primer lugar deberíamos comenzar por analizar que es “placer” lo que puede ser definido como tal para algunas personas puede ser un motivos de vergüenza para otros, cuando se entra en el subjetivo mundo de los conceptos, tenemos que ser cuidadosos, ya que cada individuo tiende a poner su propio ángulo de visión como “verdadero”. Por ejemplo, poesía, que cuando eres joven, significa nada, cuando llegas a tus 50 tiene un valor inestimable que activa tus sentimientos y hace reconocer la belleza espiritual. |
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Posteado por: Daniel Beza Islas 01/11/2009 13:30 [ N° 6 ] |
"Allí, en esa concentrada e irrepetible fulminación." "Allí, en esa concentrada e irrepetible fulminación." voy a ver altiro lo de Borges! de él:"Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias." jajaja, siempre lo cito... qué comienzo para un cuento! |
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Posteado por: francisco ahumada frademann 01/11/2009 19:30 [ N° 7 ] |
que curioso que distinguidos empresarios, en sus magnificas motos, no muestran su patentes o permisos de circular, o es que no los tienen |
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Posteado por: Jorge Alvarado Robles 02/11/2009 11:53 [ N° 8 ] |
"Me dicen que es propio de la sabiduría, e incluso de la salud mental, "filtrar" ese dictamen inicial, que brota intuitivo, como un impulso desembocado que viene del deseo." Me parece que lo que dice es más propio de la pacatería que de la sabiduría. La sabiduría debiera enseñar a no renegar de nuestra naturaleza. El raciocinio no debe, bajo ningún respecto, ignorar, relativizar o manejar de otro modo ese impulso inicial, que es el que nos define como personas individuales. La racionalización, el filtro, como Ud. le llama, tiende a la colectivización, mediantre la incorporación de criterios externos, experiencias devenidas de la cultura. Doy el ejemplo: Primer impulso al leer su columna: QUE ABURRIDO. Aplicado el filtro: Interesante. Saludos. |
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Posteado por: Juan Alberto Farías Estuardo 03/11/2009 23:34 [ N° 9 ] |
Las primeras impresiones son generalmente erróneas: es la sensibilidad por sobre la razón. Lo que, con todo, parece apropiado en la poesía... pero sólo en ella. En cierta radioemisora disfruto escuchar la siguiente reflexión: "dime lo que lees, y te diré quién eres; dime lo que relees, y te diré lo que realmente eres." |
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