Pedro Gandolfo
Sábado 19 de Febrero de 2011
Ginger y Fred


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Amelia y Pippo se hicieron famosos en los años 50 con un número de variedades en el cual imitaban a Ginger Rogers y Fred Astaire, y, a la vez, mantenían una relación sentimental nunca plenamente cuajada. Algo ocurre entre ellos y rompen como pareja y dúo artístico. Treinta años después, los creadores de un programa de televisión los seleccionan (entre muchos otros) para un espectáculo de "rarezas". Ambos, aunque ya bastante envejecidos y sin haberse visto desde su separación, aceptan con la secreta gana de volverse a ver y reencontrarse, aunque sea por última vez, con la seducción de las luces y el brillo de las lentejuelas. En un mundo -la televisión- muy distinto del que estuvieron habituados, se reúnen, realizan el lento y estrambótico camino hasta el escenario, interpretan su show de "Ginger y Fred" y se separan: el pasado es, desde luego, irredimible, pero el viaje valió la pena y un rescate inasible opera una cierta sanación entre ellos. Esa es la historia. Lo inenarrable es el relato que Fellini efectúa de ella en la película "Ginger y Fred". No puedo poner ese relato por escrito, porque su peculiaridad, belleza y vigor son estrictamente filmográficos, no literarios.

La pareja de Ginger (Giulietta Massina) y Fred (Marcelo Mastroianni), dos clowns entrañables, es de las más bellas y sutiles que el arte puede ofrecer: ella, señora y madre; él, amante, seductor y mendigo: parece que (con pudorosos velos) Fellini quisiera contarnos su propia historia de amor y desencuentro. Hay episodios en que la actuación alcanza momentos tan sublimes que deseamos verlos una y otra vez para aprender de ellos, memorizarlos como se memoriza una bella poesía o esa melodía que agita alma y cuerpo, episodios que nos colocan en el borde incómodo entre la comedia y el drama, la risa y el dolor contenido.

A veces esta delicada historia de amor puede parecer como una versión felliniana para el descenso a los infiernos del Dante (donde Ginger-Massina es Beatriz; Fred-Mastroianni, el Poeta, y el mundo interior de la televisión, los distintos círculos infernales), o acaso una colosal y farsesca puesta en escena del tema de la danza de la muerte y la doncella, o un nuevo intento de construir una "película total", que incluya la vida entera, con toda su diversidad, abigarramiento, mixtura y claroscuro. Esta benévola "armonía en la discordancia" creyó advertirla Fellini antes en el mundo interior del circo, también en el del propio cine y su troupe, y aquí es trasladada a la televisión. Pero es una mirada personalísima que desde el cine se lanza hacia la televisión y que, magníficamente, le devuelve a ella esa dimensión sagrada de la auténtica comunicación artística de que, según Fellini, carece.

5 Comentarios publicados
Posteado por:
Gustavo Rojas Fernández
19/02/2011 09:44
[ N° 1 ]

A veces cerrar el capítulo requiere de muchos años. Sin embargo ambos se redimen,en el sentido de creer en el amor y se respetan como para verse una última vez.

¿Habrá ocurrido la pequeña muerte definitiva?

Posteado por:
Matteo Triossi V.
19/02/2011 10:27
[ N° 2 ]

Le hago notar que la actriz y esposa de Fellini se llamaba Giulietta Masina y no " Massina" como lo va haciendoa lo largo de toso el articulo.

Posteado por:
Constance Hamilton D.
19/02/2011 13:29
[ N° 3 ]

El error al que apunta el senor Triossi es tan sumamente minimo y carente de importancia que no vale la pena ni siquiera mencionarlo. Si no tiene mejor que aportar, le aconsejo abstenerse.
En cuanto al senor Gandolfo, logra siempre, con su poesia y mirada intima transportarnos por sobre la banalidad cotidiana

Posteado por:
Rodrigo Cuevas Arantxibia
19/02/2011 15:06
[ N° 4 ]

SR Gandolfo:

Gracias por esta columna (sin adjetivos), la leo en este sabado estival con un Pinot Noir de Casablanca que hace el prefecto maridaje con su nostálgica pluma...

Un saludo

Posteado por:
Carlos Domeyko Vigneaux
19/02/2011 21:07
[ N° 5 ]

19-02-2011,
Fred, canta, baila, zapatea, hace magias, entretiene y brinda un espectáculo insospechadamente de alta categoría artística, que no tiene o carece de imitadores, porque lo que hace Astaire, no se aprende, se nace.
Fred Astaire, elige, o sugiere con quien danzar, ella, crea, sigue, se enamora, se ofrece, pero EL, marca hasta donde se puede llegar, todas las preciosas ninfas que se han cruzado en los magníficos y elegantes salones de Fred, forman parte de las mujeres mas lindas y sensuales de la historia del cine moderno, pero el fenómenos es Fred, o cómo se llame.
Carlos Domeyko Vigneaux

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