
Mientras "no veo" un partido de fútbol, pienso: entre los dos componentes de un espectáculo -los intérpretes y los espectadores, el artista y el público, los que realizan el show y los que lo disfrutan, los que juegan el partido y los que lo siguen-, siempre he estado en la zona de los segundos y, como a tantos, muy a menudo me pasa que me convierto en un espectador que mira a los espectadores. Lo que está ocurriendo en la zona de la interpretación, del juego, de la actividad, cede interés, y lo que acaece acá, en la supuesta zona de la pasividad, de la audición, de la recepción atrae (o distrae) la atención, como si los papeles se invirtiesen. Por cierto que ser público es también un modo de participación en el espectáculo, un modo que lo completa y lo lleva quizás a su acabamiento.
En un concierto de música clásica rige la ley del silencio y la quietud (no fue siempre así). En la penumbra, el público sigue sacramente la interpretación: alguien tose con culpa después de atragantar el tosido por un rato; otros comentan algo en susurros; un joven ejecutivo contesta desde su BlackBerry un mensaje de texto, hundiéndose en la butaca; un grupo aplaude a destiempo y en seguida es acallado por los que saben. El silencio de los demás me intriga porque, como la música, no habla, y estoy acostumbrado a hablar demasiado: mi cerebro se pone extraordinariamente locuaz en esas circunstancias. ¿El silencio de los otros será también un silencio interior? ¿Es posible mitigar el lado verbal de nuestra conciencia y entregarse a la música en su pureza? Miro al público y parece que sí. Yo entro y salgo de la música y siento cómo las historias, pensamientos y discursos se defienden de esta enemiga que seduce, pero no habla. Alguien me sugiere que tengo el hemisferio cerebral derecho poco desarrollado.
Dije "no veo" un partido de fútbol porque estoy sentado en el restaurante en la única silla vacía que encontré: debajo del televisor. Al fondo hay un espejo, pero apenas distingo algo a causa de mi miopía. Esta vez me veo forzado a mirar a los espectadores, quienes, frente a mí, dirigen arrobados su vista hacia arriba de mi cabeza. Aquí, por cierto, no hay ley del silencio ni de quietud. Se grita, se comenta, se insulta. Un señor se advierte seriamente acongojado, a punto de llorar; otro está indignado; más allá, alguien celebra con timidez, porque se halla en minoría. Me gusta este público, aunque reconozco que a cada espectáculo le corresponde, según su naturaleza, el propio. Pienso, sin embargo, que si se pudiera colocar un micrófono en la conciencia de los auditores silenciosos del concierto clásico, la sala reverberaría de conversaciones, en un bullicio poco musical.
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Posteado por: María Ines Amenábar Christensen 28/05/2011 13:24 [ N° 1 ] |
LA música ¡sí habla! y lo hace al alma. Lo mismo que la conciencia,habla y- fuerte.- ahora, que a veces, no la queramos oír es problema de otro tipo... y no de ruido precisamente. |
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Posteado por: María Margarita Pavez Zapata 29/05/2011 00:51 [ N° 2 ] |
Sobre todo la música de autores del siglo 20,que se alaba tanto.Mientras más extraña sea ,los pensamientos afloran.Apuesto que no pasa lo mismo con una polca de Johan Strauss, padre e hijo.O si dieren una comedia cómica.Pero desgraciadamente parece que confunden gracioso con garabato. |
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Posteado por: Benjamin Bezanilla von Altermatt 29/05/2011 09:12 [ N° 3 ] |
Adolfo Bioy Casares,dijo alguna vez que en el silencio de nuestra interioridad estabamos casi siempre locos. Solo cuando decidiamos salir al exterior debiamos volver a la normalidad. Claro, no siempre. |
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Posteado por: Juan Carlos Ceresuela Muñoz 29/05/2011 12:09 [ N° 4 ] |
Cuando voy a un espectaculo suelo hacer el mismo ejercicio es muy interesante, a veces más que el propio espectaculo. |
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Posteado por: Hans Seemann 29/05/2011 13:04 [ N° 5 ] |
No hay nada mas placentero que escuchar una musica o ver una obra de teatro o arte que nos llene el alma, cada cual sabe de sus gusto, me refiero a estar en el umbral de lo que cada uno tiene como referente de un relajo natural, buscado y consciente. |
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Posteado por: CARMEN MIGLIARO GALLARDO 29/05/2011 18:31 [ N° 6 ] |
Que fácil resulta vulnerar la voluntad y los derechos del 47% de la población con la ley antitabaco.Quienes somos MAYORES DE EDAD y además VOTAMOS supongo que habrá que respetar el libre albedrío, porque los derechos de unos terminan donde se afecta a la otra mitad. Esta ley es talibana e inaceptable. |
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Posteado por: ibar hernando morales rivas 26/07/2011 23:56 [ N° 7 ] |
Señor Gandolfo: Cada persona de acuerdo a su educación cultural, percibe la música de diversas formas. Estoy seguro que los asisten a conciertos de música clásica pueden hasta llorar o entrar en éxtasis como los rockeros. |
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