
Cuando nuestra circunstancia nos resulta desagradable, agotadora, tediosa o simplemente demasiado reiterada y falta de interés, podemos seguir dos estrategias no excluyentes: intentar cambiar las circunstancias (viajar, por ejemplo) o, si no se puede, quiere ni es conveniente, intentar vivir provisionalmente vidas paralelas. Por cierto: hay distintos medios de lograr esto último, entre ellos la dulce y gratuita ensoñación (¿cuánto tiempo dedica usted, estimado lector, al fantasear diurno?). Orhan Pamuk en su ensayo "El novelista ingenuo y el sentimental", plantea que la novela mantiene su superioridad sobre cualquier otro género artístico en cuanto a la capacidad para transportar al auditor hacia una vida y un mundo paralelos al suyo, hacia una realidad que en parte es familiar y reconocible y, en parte también, es extraordinaria y fuera de lo común. Pamuk la compara con el cine, un arte que él particularmente ama: fue guionista durante el boom del cine turco de los 70 y el contexto social de "El museo de la inocencia", su última novela, es el Estambul que gira en torno a esa entonces floreciente industria cinematográfica. Pero el cine, incluso el maravilloso cine en 3D (ver la película "Hugo" es, sin duda, un panorama imperdible de este verano), despliega su parafernalia de efectos especiales y extraordinarios sobre la base de que el cuerpo del espectador y el de la representación no entran nunca en contacto. La pantalla puede mostrar sus escenas de la manera más realista posible, pero lo que ocurre nunca podrá afectarnos: no nos hieren las balas ni las bombas, ni nos ahoga el agua o el fuego no quema por próximo que estén a nosotros. El espectador y el filme acaecen en dos dimensiones que no se tocan. Gabriel Josipovici, en su magnífico ensayo "Tocar", señala ese carácter y piensa que cuando ese límite se logra romper (analiza la célebre escena en la cual la ex florista ciega reconoce a Charlot en "Luces de la ciudad"), el cine alcanza sus puntos superiores.
En la novela, en cambio, el lector, a veces abruptamente, a veces de manera lenta, puede entrar en la vida y el mundo de los protagonistas y abandonar los propios. Dejamos nuestra dimensión y nos sumergimos en la otra. La novela no tiene dos dimensiones, ni tres: es pluridimensional, como la vida. A veces, como bien lo recuerda Pamuk en el ensayo citado, la vida representada por la novela nos resulta más real que nuestra propia vida: es difícil que Occidente fabrique un juguete que supere a la novela en sus posibilidades de viaje y este viaje posee un alcance ético y político importante: leer bien una buena novela exige identificarse, ponerse en el lugar de los protagonistas, hacer un esfuerzo de imaginación empática, compadecer.
En el cine, incluso en el 3D, el espectador y el filme acaecen en dos dimensiones que no se tocan; la novela, en cambio, es pluridimensional, como la vida.
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 21/01/2012 09:48 [ N° 1 ] |
A partir del artículo, pienso, por ejemplo, en la ciudad literaria. En ella no sólo viven los protagonistas y personajes de la novela, sino también hay transeúntes, sujetos anónimos que pueblan esa urbe. Un ejemplo simple: en Macondo el cine se llenaba a la hora del crepúsculo ¿Quiénes son todas esas personas? El texto sólo nos habla de los Buendía y del algunas reacciones colectivas del público. La respuesta, entonces, e aparentemente simple, los que asisten al cine son los habitantes de la ciudad, de Macondo. |
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Posteado por: Hans Seemann 21/01/2012 10:01 [ N° 2 ] |
100% de acuerdo con el columnista. |
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Posteado por: Arturo Montes Larrain 21/01/2012 10:46 [ N° 3 ] |
Para mí, la mejor alternativa es, sin duda, dormir, dormir, dormir; hasta el bendito sueño eterno. Porque "esto" carece efectivamente de todo interés. |
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 21/01/2012 10:57 [ N° 4 ] |
Veo que al señor Montes no le importa mucho la lectura. |
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Posteado por: Arturo Montes Larrain 21/01/2012 11:29 [ N° 5 ] |
Quien no ve la novela no vela. |
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Posteado por: Arturo Montes Larrain 21/01/2012 11:53 [ N° 6 ] |
Señor Rodríguez del 4: Está bien. Vea. Me refiero a la revista homónima. Ud. "ve". Qué bueno. Lo felicito. Ve entre millones de cosas que no me importa mucho la lectura. En realidad, nada. Pues ya la he releído en su totalidad. Ni una coma me he saltado. Las runas son simple ABC para mí. Pedro Gandolfo lo sabe. Solemos escribirnos en sánscrito. La lectura gasta los ojos. El peso de los libros influye negativamente sobre el sistema intestinal. Ud. es una persona intuitiva. Virtuosa característica ésta es, "la intuición fundada en una especie de amor intelectual (Einfühlung) hacia el objeto de la experiencia" (Einstein). Pero en su frase, señor Rodríguez, sobra el dativo "le" que releo porque constituye sorprendente error gramatical. Reciba mi saludo. |
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Posteado por: Andrés García Jorquera 21/01/2012 12:33 [ N° 7 ] |
La gallada prefiere lo tridimensional con papas y colas porque le garantiza satisfacción inmediata. Lo poli D exige pasar de lo euclídeo convencional (ancho, largo y profundidad) a agregarle otros elementos, como el tiempo, y el espacio-tiempo le causa terror al ciudadano común (además que sale más caro si Ud compra ese espacio a 12 mil pesos promedio en librería, nada de cunetas por favor). Exención tributaria al libro de una vez!! |
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Posteado por: Arturo Montes Larrain 21/01/2012 12:37 [ N° 8 ] |
Mi querido Pedro -no exagero con el "querido"- corrige con sabiduría hoy lo que por juego de anti-literatura escribió el sábado pasado. Tiene sentido del humor. ¿Si El Mercurio le propusiese un reemplazo cotidiano de Alone? Diez líneas a lo sumo no más pero por día. Apuesto que mi querido sacaría así la sexta esencia de su ser. Para su placer y el nuestro. De paso, adelgazaría, por el esfuerzo que implica la opción en la diversidad de la concisión. Como virtudes literarias amo la concisión y la exactitud. Belleza y profundidad son, juntas, síntesis de aquéllas. Pedro no me escribió que le hiciese de pituto en tal perspectiva. Me lo hizo comprender por telepatía, superior a la tecnología de la telecomunicación, como lo demuestra el hecho de la presente nota, probatoria por su evidencia hic et nunc de la recíproca simpatía existente entre el moderador y yo. |
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