Vida y salud
Viernes 14 de Diciembre de 2007
Niños se convierten en las víctimas invisibles de los asesinatos de mujeres Violencia-foto.jpg

Pamela Elgueda T.

Roger tiene 13 años y una pena gigante. Su mamá, Clara Llancapil, fue asesinada hace menos de un mes por su marido. Él se quedó viviendo con sus abuelos maternos, mientras que su hermano Rubén, de 7 años, se fue a vivir con un tío y Camila, de casi dos años, con una tía.

"Ni siquiera puede dormir solo, porque quedó con la imagen grabada, porque él quiso ayudar a su mamá y no pudo", cuenta Damián Castillo (18), primo de Roger. Junto a su gemelo Daniel, tratan de no dejar solo a Roger, porque lo ven muy pensativo. "Tenemos que distraerlo, porque siempre anda pensando en lo que pasó... en realidad, todos estamos tristes".

Como Roger y sus hermanos, este año son 48 los niños cuyas madres fueron asesinadas en el contexto de un femicidio íntimo (donde el agresor tenía o tuvo una relación con ella), según estimaciones de Unicef. Un tema que cobró nueva vigencia ayer con el asesinato de Isabel Chandía, con 5 hijos.

Los profesionales de Unicef están preocupados. Sienten que estos pequeños son las víctimas invisibles de los femicidios. "Sin desconocer la realidad de este crimen, nos interesa revelar cómo, además de matar a la madre, también de manera importante se afecta seria y gravemente a los niños", dice Soledad Larraín, psicóloga y consultora de la Unicef.

El seguimiento que ha hecho Unicef de estos casos habla por sí solo: siete de los niños estaban presentes cuando sus madres fueron asesinadas, como Roger, y otros dos encontraron los cuerpos de sus madres. El 45% de ellos, además, son menores de 8 años.

"Ellos viven un estrés postraumático y se insertan en un espacio donde toda la familia está viviendo un duelo y donde, probablemente, no habrá muchos recursos para acogerlos", agrega la psicóloga.

Por eso, complementa, es fundamental que la asistencia psicológica no sólo alcance al niño, sino también a quienes viven con él.

¿Y después del juicio?

Carolina Valdés evidencia claramente en su voz la tristeza que le provoca recordar el asesinato de su hermana, Viviana.

"Ella tenía un hijo, Bastián, de dos años cinco meses. Ahora yo me preocupo de él, lo cuido y hasta duerme conmigo", comenta esta joven, quien tiene una hija de 12 años y está muy preocupada por la salud mental futura de su sobrino.

"A mi mamá la atienden una psicóloga y un psiquiatra de la fiscalía y está mucho mejor. Pero sabemos que cuando se termine el juicio eso se va a acabar. Y entonces, ¿quién nos va a ayudar con el niño cuando comience a preguntar por su mamá?", reflexiona Carolina.

Esa es una de las tareas de las que se hace cargo el convenio que tienen Sename, Sernam y la División de Seguridad Pública del Ministerio del Interior. "Nos interesa visibilizar que estos niños también son víctimas de una situación de violencia y otorgarles una atención especializada", comenta Marcela Paredes, psicóloga del Departamento de Protección del Sename.

Pocos centros

Para eso crearon un sistema de derivación que evite que las familias de las mujeres asesinadas sean visitadas por varias instituciones a la vez y que eso las confunda. Así, Sename y Carabineros acordaron el diseño de un nuevo parte policial que incluya datos de los hijos que tenía la víctima. "La primera institución que visita a la familia es Sernam y ellos dan cuenta a Sename si hay niños involucrados que necesiten atención", comenta María Paz Rutte, jefa de la Unidad de Asistencia de Víctimas de Delitos de la División de Seguridad Pública.

Sename deriva a los niños a los centros de asistencia a víctimas del Ministerio del Interior. Actualmente existen dos en Santiago, pero en 2008 se habilitarán ocho en regiones y dos más en la Región Metropolitana.

"Nosotros no solamente trabajamos con el niño, sino que con toda la familia. Y eso es indispensable, porque es a esos adultos a quienes el niño les preguntará por qué mi papá hizo esto, dónde está mi mamá, qué es la muerte", comenta Lorena Contreras, coordinadora técnica de los centros de asistencia.

El trabajo terapéutico con estos pequeños, añade, incluye tratar de estabilizar sus condiciones de vida, tratar que entiendan qué ocurrió y ayudarles a elaborar su duelo. Y un abogado y una asistente social orientan a la familia en los pasos legales.

AYUDA

600-8181-000 es el teléfono donde las víctimas de delitos violentos pueden pedir orientación e información acerca de los centros de asistencia.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Rodrigo Lema González
14/12/2007 16:41
[ N° 1 ]

No existe peor crimen que dejar a los niños sin el amor de sus madres.

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