CLAUDIA DÍAZ RASTELLO
Entre los 40 y los 50 años es más difícil sentirse feliz, según los resultados de un estudio mundial dado a conocer ayer. Mientras los jóvenes y los ancianos sienten mayor felicidad, ésta disminuye durante la "mediana edad". Pero no hace falta esperar a la vejez para recuperar el buen ánimo. El libro "The How of Happiness", publicado en Estados Unidos, plantea que es posible desarrollar estrategias activas para ser más feliz.
La autora, Sonja Lyubomirsky, profesora de Psicología de la Universidad de California Riverside, afirma que la capacidad de ser feliz no depende sólo de los genes; éstos, asegura, son determinantes en un 50%, basándose en estudios con gemelos idénticos.
Las circunstancias de la vida tampoco serían las responsables, ya que les asigna sólo un 10% de incidencia. Modificar las condiciones que aparentemente nos hacen infelices, como cambiar de trabajo, de pareja o de apariencia, sólo tendría un efecto momentáneo, ya que nos adaptamos rápidamente a estos cambios y queremos más.
El secreto estaría en el restante 40%, compuesto por lo que hacemos y podemos controlar.
La autora propone estrategias para ser feliz basándose en estudios en los que los participantes durante más de seis semanas, por ejemplo, escribieron cartas de agradecimiento, realizaron actos conscientes de amabilidad o mantuvieron diarios de vida donde expresaban sus metas de futuro.
Al compararlos con el grupo de control, quienes desarrollaron regularmente este tipo de actividades habrían mostrado un aumento "significativamente mayor" en sus niveles de felicidad en relación a antes de la intervención.
De este modo, pequeñas modificaciones en el comportamiento y un pensamiento positivo podrían ayudar a cambiar nuestro estado de ánimo.
El psiquiatra Pedro Retamal, académico de la Universidad de Chile y experto en trastornos del ánimo, aclara que es difícil establecer con exactitud cuánta incidencia tienen los diferentes factores. "A veces se plantea que son más determinantes los genes; otras, el ambiente; y otras, la interacción entre ambos. Pero no se sabe a ciencia cierta".
"Lo razonable es que la información genética entrega modelos básicos para que estén presentes ciertas capacidades, que se ponen en marcha según el ambiente", continúa.
El doctor José Bitran, psiquiatra y director general del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile, también especialista en enfermedades del ánimo, enfatiza que se debe distinguir entre las personas que sufren este tipo de trastorno y quienes no tienen un impedimento, desde el punto de vista de su salud, para ser felices.
"Hay pacientes que dicen 'yo tengo todo para ser feliz y no puedo'. A ellos no les falta nada, pero les sobra algo: un trastorno del ánimo, como depresión o bipolaridad", explica el médico. En estos casos, la herencia tiene un papel importante, pero las experiencias, especialmente las más tempranas, pueden condicionar la aparición de la enfermedad.
Un asunto de libertad
Quienes no sufren un trastorno de todos modos están determinados hasta cierto punto. "Los acontecimientos vitales están construidos desde generaciones previas", acota el doctor Retamal. "Hay gente a la que le toca vivir en familias muy complejas, y estas marcas vienen desde antes de nacer. Otros tienen mayor habilidad para entender el mundo interno y sacar ventaja de las cosas positivas".
De este modo, dependiendo de la carga genética y de las experiencias vividas, sobre todo durante la crianza, los seres humanos tienen distintos grados de libertad en cuanto a las opciones que toman. Algunas personas están más marcadas por los patrones familiares o el lugar donde viven, por ejemplo.
"Hay otros que pueden elegir casi todo en la vida. Esto influye en la felicidad porque tiene que ver con vivir su propia identidad", explica José Bitran.
La mayoría de quienes no sufren una enfermedad del ánimo tiene, en mayor o menor medida, la capacidad de desarrollar destrezas para ser más feliz. Para esas personas, algunos tipos de terapia o la participación en grupos de apoyo son útiles, a juicio de los especialistas.
Técnicas como las recomendadas en el libro de la psicóloga Sonja Lyubomirsky tienen un efecto restringido. No hacen milagros, pero podrían ser útiles para algunas personas.
"Puede entregar herramientas limitadas a quienes no se han dado cuenta de que su propio pensamiento se entrampa en un pesimismo aprendido. Ese aprendizaje se puede desandar", afirma el doctor Bitran.
Clases de optimismo en Harvard
El "curso de la felicidad", como llaman a la clase de psicología positiva, es el más popular de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. La primera vez que se dio se inscribieron sólo ocho alumnos. Pero en la primavera de 2006, más de 800 estudiantes lo solicitaron.
A ellos se sumarán ahora quienes cursen la materia online. Según informó "The New York Times", desde febrero se ofrecerá una versión en internet de esta clase que enseña sobre temas como autoestima, empatía, amistad, amor, logros personales, creatividad, espiritualidad y humor.
Recomendaciones para ser más feliz
Los doctores Pedro Retamal y José Bitrán mencionan algunas estrategias útiles, para aumentar el grado de felicidad:
Bajar el nivel de estrés.
La mayor infelicidad se da cuando se vive un alto nivel de estrés permanente.
Cultivar las relaciones interpersonales.
La familia y los amigos son fundamentales para nuestro bienestar emocional.
Realizar ejercicio físico regularmente.
Tener un pasatiempo.
Una actividad que nos distraiga y apasione también ayuda.
En el libro "The how of happiness", Sonja Lyubomirsky sostiene que pequeñas acciones hacen una gran diferencia. Algunos consejos:
No darle vueltas a las cosas:
No quedarse pensando en las cosas negativas.
Escribir las experiencias desagradables y aprender a reconocer los pensamientos pesimistas.
Disfrutar de las cosas simples.
Recurra a un buen recuerdo cuando esté triste.
Cultivar el optimismo:
Cada noche escoja qué fue lo mejor de su día.
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Posteado por: carmen gloria rojas lemm 31/01/2008 12:26 [ N° 1 ] |
Me parece super interesante que aborden la Psicología positiva. Aquí en chile habemos profesionales que ya estamos trabajando en el tema, no representa gran novedad. Me gustaría conocer bibliografía en castellano de la autora mencionada. |
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Posteado por: Arturo Montes Larrain 31/01/2008 15:52 [ N° 2 ] |
Sólo se es feliz sin pensarlo. |
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Posteado por: Jenifer Soto Burgos 31/01/2008 17:06 [ N° 3 ] |
Me siento feliz, es una decisión, estoy de acuerdo en ese 40% de responsabilidad de uno, todo lo adverso lo podemos ver con otra mirada, buscando el por qué, qué debo aprender con esta situación. |
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Posteado por: Bárbara Loreto Gallo Durán 31/01/2008 17:48 [ N° 4 ] |
Me considero una persona feliz, aunque no tenga todo lo que quiero en la vida. La felicidad pasa por un tema de actitud, de como uno enfrenta sus problemas y en la capacidad, no tan sólo de resolverlos, sino más bién, de aprender de ellos. |
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Posteado por: Antonio Silva Segura 01/02/2008 08:40 [ N° 5 ] |
Las conductas suelen ser en su mayoría,de predisposición genética e influencia ambiental.La felicidad está influida por factores endógenos como son los neurotrasmisores(serotonina,dopamina)y factores externos a los cuales reaccionamos.Como cada persona es única,no estamos hechos en serie estándar,no hay un porcentaje fijo para cada factor igual para todos. |
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Posteado por: orlando montes alarcon 01/02/2008 10:18 [ N° 6 ] |
La infelicidad nace del creer que todas las cosas tienen existencia en si misma. Como creemos que existen nos aferramos a ellas pero nos producen infelicidad cuando estas desaparecen o se van, además esta visión nos llevan a tener actitudes ególatras con lo cual producimos infelicidad a los demás y finalmente también en uno mismo. |
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Posteado por: Patricia Roi Jonas 02/02/2008 10:15 [ N° 7 ] |
¿Dónde está la felicidad? Para mi a los sesenta y seis años lo más cercano a la felicidad es la tranquilidad. El poder valerme por mi misma es lo primero para ser feliz; vivir en mi propia casa, sola, y tener una jubilación que me alcance para vivir, son elementos muy importantes para sentirme feliz. Saber que toda mi familia está perfectamente bien de salud y materialmente, con trabajo y dinero, completan mi felicidad. Saber que puedo hacer todo lo que yo quiera sin interferencia ajena es el clímax de la felicidad. Sentarme ante el computador a escribir, leer los diarios, escribir algún mensaje en e mail o ver televisión, teleseries y películas principalmente, llenan mi existencia. Poder comprar un exquisito helado con salsa de frambuesa y pequeños bombones del mismo sabor, nada se compara a la sensación de agrado que eso me da. |
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