Amalia Torres
Una autoridad en helados
Cada día, el trabajo de Magdalena MacClure parte de una manera deliciosa. "Tengo que analizar los helados y ver que estén bien los sabores, para que el estanque completo se haga bien", dice como si nada, pese a saber que su oficio puede ser fuente de envidia para los más golosos.
Parte de su pega hace 12 años también es probar los quesos frescos de la fábrica San Francisco de Loncomilla.
Como si eso fuera poco, una vez a la semana participa en la cata oficial. Allí, junto a su papá, el gerente general de la empresa, dos de sus hermanas y un invitado adicional, prueba cinco sabores de helados al azar.
Armados de una cuchara, le ponen nota al sabor, color, presentación y aroma de estos postres. En una planilla, miden la textura, la suavidad de la leche, el Ph (acidez) del helado, la falta o existencia de cristales y su temperatura.
Una labor que tiene su técnica: "Las papilas tienen que estar lo más libres posibles. Por eso hay que hacerlo temprano, no después del almuerzo. La secuencia también importa. Se parte con los helados de agua y después los postres. Y hay que probar los sabores más suaves primero".
Y aunque debería probar sólo una cucharada por helado, confiesa que a veces debe "sacrificarse" un poco más: "Como se hacen con salsas y merengues, no es fácil sacar todo en una sola cucharada. Ahí se sacan más, para probar todos los sabores".
Cartas de amor a pedido
Para acortar la historia, los primeros clientes de Óscar Aleuy, escritor de cartas de amor por encargo, terminaron casados. Bastó un poema romántico, una rosa, un puñado de flores secas dentro del sobre, unas recomendaciones para el afligido amigo, y el altar no demoró mucho en llegar
Hoy, diez años después de esa primera labor como Cupido, Óscar está seguro de que su manejo de la pluma puede lograr ablandar hasta al corazón más duro.
"Soy un intermediador, pero también como un psicólogo de las personas que me cuenta sus historias. Para que llegue a armar una carta necesito contar con todo el sufrimiento, insensateces, locuras y deseos del cliente. Y es difícil porque casi siempre terminan llorando", dice.
Los hombres y mujeres mayores de 40 años son su público más fiel, aunque también ha trabajado con más jóvenes. Con ellos, incluso ha dejado a un lado las cartas a mano y ha derramado sus versos por e-mail. "Cuando tienen buenos resultados, las personas siempre me llaman para agradecer. Eso es reconfortante", reconoce.
Para contactarse con el Cirano chileno, quien asegura que "la inspiración nunca falta", sólo hay que escribirle al correo dimelotou@gmail.com.
El cliente incógnito
Podría ser cualquiera de los compradores que están a su lado: la mujer que se prueba la polera y pregunta por rebajas, el hombre que mira indeciso los artículos deportivos o el adulto mayor que busca el regalo ideal para su nieta.
Pero usted nunca sabrá quién de ellos es el cliente incógnito, cuya labor es recorrer tiendas, farmacias y bancos, entre otras empresas, recavando información sobre la calidad del local y de la atención de sus vendedores.
Rafael Raga, gerente comercial de Punto de Vista, empresa de estudio de mercado que inició este servicio en Chile en 1998, dice que hoy ya trabajan con empresas como Falabella, Sodimac, BCI y Banmédica y que cuentan con unos 400 clientes incógnitos al mes.
"En casos más especializados, el cliente incógnito simula situaciones problema, como un reclamo o devolución, y evalúa la forma en que lo manejan y resuelven los vendedores. Pero siempre son situaciones probables, es decir, que ocurren en la realidad", explica.
Macarena es una veinteañera que, como buena cliente oculta, debe guardar su nombre en el anonimato. "En el trabajo, hay que estar atento a todo: evalúo el lugar, si te saludan, si la vendedora lleva la chapita con su nombre, cuánto tardan en atenderte, si te ofrecen pagar con la tarjeta de la tienda, etc.".
Lo peor de su trabajo, eso sí, es tener que dar el nombre o la descripción del vendedor que peor lo hace. "En algunas partes, a los que son reprendidos tres veces, los echan", explica. Pero, como la paga es buena (desde 5 mil a 20 mil pesos) por unas dos horas de trabajo, la mayoría lo toma como un pituto más.
El trabajo más alegre
Gastón Morel es uno de los reidores profesionales con más currículum en el país. Sus carcajadas han aparecido después de cada gag de "Casado con hijos", "La Nanny" y "Loco por Ti", entre otras series nacionales.
La primera vez que lo llamaron para un casting de risas, pensó que se trataba de un chiste, pero fue porque le encanta reírse y más si le pagan entre 10 y 20 mil pesos por día de "jajás". Desde entonces, sus carcajadas lo han hecho destacar en el medio criollo.
"Para mí, no es complicado reírme; casi todo me parece chistoso", dice en medio de contagiosas carcajadas. Eso sí, antes de trabajar, se prepara con ejercicios de voz, como los cantantes. "Yo lo tomo como una terapia. ¿A quién no le gusta reírse?", agrega.
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Posteado por: Alejandro villegas perez 11/02/2008 08:47 [ N° 1 ] |
Bueno hay muchas formas y no solo para la pseudoelite economica de chile. Yo cruce el atlantico, deje la ingenieria y los problemas en chile. Ahora vivo mi segunda vida, trabajo desde las siete de la tarde a las diez en un edificio politico de euskadi como conserje, me pagan algo de un millon de pesos, tengo una novia lituana, rubia hermosa, metro ochenta y que ademas me ama, vivimos en una cabaña en la playa y tengo casi todo el dia libre, desde el amanecer hasta las siete de la tarde. Que les parece! Yo creo que esto es calidad de vida, no lo cambiaria por nada de lo que vivi en chile. Suerte a todos! |
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