José Manuel Durao Barroso
Presidente de la Comisión Europea
La Unión Europea y América Latina y el Caribe se reunirán al más alto nivel político en la cumbre que comienza mañana en Lima.
Cuando nuestras regiones se reunieron por primera vez en la Cumbre de Río, nos hallábamos ante un mundo muy diferente al actual. América Latina y el Caribe no contaban aún con las impresionantes tasas de crecimiento de los últimos 5 años. Y la UE aún no había realizado el proceso de ampliación hacia el Este que nos llevó casi a doblar los estados miembros.
Cuestiones como el cambio climático y el calentamiento global no ocupaban nuestra agenda birregional con la importancia que lo hará en Lima, o en la agenda doméstica e internacional de la UE.
Otras cuestiones, como la lucha contra la pobreza y la exclusión, han estado siempre presentes en nuestro diálogo y cooperación, pero los fundamentos macroeconómicos de la región no eran tan favorables como lo son ahora para nuestra meta común de reducir estas lacras.
Yo estoy convencido de que nuestra asociación estratégica birregional es tan necesaria hoy, o más, que cuando la anunciamos en Río. Y esto es así porque los retos a los que nos enfrentamos hoy exigen respuestas globales.
Pero hay más razones. La más visible es el creciente flujo de personas y mercancías que transitan por nuestras fronteras. Y desde luego también cruzan fronteras los ahorros privados y el dinero de nuestras inversiones mutuas. Necesitamos por tanto trabajar para contribuir a que estos ahorros acumulados por los emigrantes fluyan con mayor facilidad hacia sus familias. Y para que nuestras inversiones mutuas sean seguras y aumenten.
Tampoco podemos dejar de señalar que por nuestras fronteras transitan también crimen, armas y drogas ilícitas. Tenemos que lograr que nuestras fronteras sean porosas para trabajadores e inversiones, pero implacables con quienes trafican con la vida y la seguridad de nuestros ciudadanos.
Nadie debe pensar que Europa viene a Lima a hablar de pobreza como si fuera un problema ajeno. El número de europeos viviendo en situación de precariedad es mucho mayor de lo que se piensa, por lo que este es un tema que afecta e interesa a ambas regiones.
Reducir la pobreza puede requerir de la introducción de reformas sociales y económicas de gran envergadura, para lo cual es imprescindible que los políticos trabajen por la búsqueda de consensos. Y el mismo principio es aplicable a los procesos de integración regional, claves para el desarrollo económico.
Europa tiene un gran interés en los procesos de integración en Latinoamérica. Es por ello que la Comisión Europea va a Lima con la intención de avanzar en los acuerdos de asociación que se están negociando con la Comunidad Andina y Centroamérica, con la ambición de concluir estos acuerdos en 2009. También mantenemos nuestro interés en relanzar las negociaciones con el Mercosur en cuanto las condiciones lo permitan, lo cual está condicionado por las discusiones en la ronda de Doha. Estos acuerdos van mucho más allá de los simples tratados de libre comercio, pues en Europa conocemos bien sus limitaciones si no van acompañados de diálogo político y cooperación.
Pero también tenemos que ampliar nuestros objetivos y acciones si queremos garantizar el éxito de estos procesos. Me refiero al otro tema a discutir en Lima: el medio ambiente, el cambio climático, el desarrollo sostenible, la energía. Tantos elementos dentro de un solo título muestran sin duda la complejidad del mismo. Pero esa complejidad no es artificial, es el producto de los efectos de la globalización y de la interconexión entre todos ellos. Así como la inflación, ya sea sobre alimentos o combustibles, afecta con más dureza a los sectores más vulnerables, los nuevos desafíos del cambio climático están directamente relacionados con el desarrollo sostenible, en el cual los biocombustibles pueden jugar un rol importante.
Los criterios para el desarrollo sostenible de los biocombustibles, en los que Europa está trabajando, deben tener una dimensión global. Tanto Europa como América Latina y el Caribe tenemos un interés en desarrollar juntos estos criterios, que deben ser sostenibles tanto desde la perspectiva de su impacto medioambiental como desde su repercusión en la producción agrícola.
A veces tengo la impresión de que el medio ambiente quizás no sea para algunos una cuestión tan urgente y tangible como la lucha contra el hambre y la pobreza. Pero yo no dudo de que éstas aumentarán si no afrontamos el cambio climático a nivel global. El interés europeo por el medio ambiente no debe poner en tela de juicio nuestro compromiso por reducir la pobreza. Simplemente consideramos que son dos caras de una misma moneda. Es por ello que en Europa damos una gran importancia a la repercusión de las cuestiones medioambientales en las relaciones exteriores y en la política de cooperación al desarrollo.
La misma importancia que le damos a nivel interno, pues la UE se encuentra en plena reformulación de sus matrices energéticas y su manera de producir, con el fin de alcanzar el desarrollo sostenible del que trataremos en Lima, y cuyos resultados inspirarán nuestra agenda común en los próximos años.
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