
Tengo amigas que todo el tiempo están comprando libros. No son coleccionistas, esa incomprensible especie humana, sino gente que compra libros y además los lee. Suelen ir a librerías "chicas", y gastan equitativamente en todas ellas para contribuir a la causa. Cuando se ven, comentan con el entusiasmo del proscrito asuntos tan pavos como el modo en que cada una ordena su biblioteca (por género, por el color del lomo, por países, leídos y no leídos, regalados, basura), o si es pecado mortal o sólo venial subrayar los libros, dejarlos abiertos como abanico o prestarlos. (No se ría; hay gente que colecciona barbies o chapitas, y nadie les dice nada.)
A mis amigas las desesperan las librerías de mall, las de grandes superficies, los "libródromos", como las llamó Mario Vargas Llosa. Si van a la famosa Ateneo Grand Splendid en Buenos Aires, salen enfurruñadas, porque muy bonita será, sí, muy bonita, todo café y balcones y lucecitas, pero les pides diez títulos, y no tienen ninguno. Es el problema con los "libródromos", donde todo está pensado para vender los libros que más se venden, estrategia que sólo parece tautológica si uno no tiene idea de economía. (Yo no tengo idea de economía.) Es el problema con mis amigas: que son muy pocas.
Me acordé de ellas por la propuesta francesa de instituir un sello de calidad para las librerías "independientes". (Uso esta denominación a contrapelo, y sólo porque aquí me parece ajustada. Pero "independiente" es de esos triunfos comunicacionales estratégicos que se imponen principalmente vía periodistas con resbalines en vez de masa encefálica, como "desvinculación" por despido, "ajusticiamiento" por asesinato, "pro vida" por antiabortistas, o "pedir un crédito", cuando lo que hacemos es comprarlo.)
El sello LIR (Librería Independiente de Referencia) distinguiría a aquellas que "mantengan un fondo de calidad y no se dejen arrasar por los best-sellers", en palabras de un veterano editor argentino afincado en España, para quien esta división despejaría el mercado. Dice Mario Muchnik, viejo lobo de mar: "Estoy refiriéndome... a una separación clara de géneros, que no existe hoy. Es difícil que en un concierto rock intercalen la sonata Claro de luna de Beethoven. Sin embargo, eso es precisamente lo que sucede en las librerías".
Complejo asunto. Complicadísimo. Lindo sería que hubiera librerías con los títulos que a uno le gustan, y nada más. Pero, il popolo, ¿cómo queda? ¿Librerías para tontos y librerías para inteligentes? Uh. El ejemplo del propio Muchnik (rock vs. sonata) revela una concepción anticuada y miope de la cultura que puede hacer mucho daño en países de esnobismo rampante como el nuestro. Chile no es Francia; ellos (es la lata de tener tanto pasado) se dedican a proteger, proteger, proteger. Nosotros deberíamos ampliar. La democratización de la cultura le lleva en el paquete una cuota de vulgaridad, qué le vamos a hacer, pero si ya aquí la gente se siente intimidada en una librería corriente, ¿cómo sería ante una con certificado de aristocracia cultural?
Quedan muchas aristas pendientes; troncos en realidad. Por ahora me interesa la incursión de la Feria del Disco en el sacro terreno del libro. Pareciera favorecer una relación más natural del público con esa cosa empastada tan rara, sin cables. Entro a comprar un devedé, un disco, y mira tú: me llevo un libro. Y además lo leo.
Por cierto, si se implantara el sello LIR, ¿a Vargas Llosa dónde lo venderían?
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Posteado por: Jean Pierre Frederick S. 04/05/2008 21:24 [ N° 1 ] |
Sin ánimo de desviar la atención sobre el tema principal de este artículo, me parece importante mencionar algunos consejos interesantes respecto a aquello del orden de nuestras bibliotecas. Considera que se puede saber mucho de alguien viendo los libros que posee y en qué forma. Los ejemplares demasiado nuevos y con aspecto de no leídos en la estantería de tu salón no hablan bien de ti. Evita usarlos para presumir de cultura, sobre todo si algunos siguen envueltos en papel de celofán. Si se hallan calzando la mesa de la cocina, por el contrario, denotan una personalidad amiga del equilibrio y de la estabilidad. Si pretendes regalar tus libros a tus amigos para librarte de ellos cometerás otro error. Ni tus amigos ni las bibliotecas a las que los regales quieren tenerlos. Tus amigos se verán forzados a leerlos; no lo harán y les pesará la conciencia. Ya lo dice el refrán: «Quien regala un libro a un amigo, pierde el libro y pierde al amigo.» Y cada libro regalado a una biblioteca es más trabajo para el bibliotecario que tiene que clasificarlo, etiquetarlo, meterlo en el ordenador... Sólo conseguirás que te maldiga y todo el mundo sabe que las maldiciones de bibliotecarios cabreados son especialmente dañinas para el ejercicio de tu virilidad. |
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Posteado por: Jean Pierre Frederick S. 04/05/2008 21:25 [ N° 2 ] |
Si los tienes te verás obligado a clasificarlos. La manera más práctica de hacerlo es dividirlos por géneros: ficción, poesía, libros de texto, manuales para que te autoayudes a ti mismo, guías turísticas, libros de César Vidal, obras de consulta, etc. Esto facilita su búsqueda y denota una mente organizada. Si tienes demasiadas novelas, por ejemplo, clasifícalas por nacionalidades o por la variedad de Templarios que oculten el secreto de turno. El orden alfabético está ya démodé. En cuanto a su colocación recuerda que cada libro es único (a excepción de los de Azorín, que son todos iguales). En contra de la costumbre, no se deben poner juntos los de una misma colección. Esto da la impresión de que se han adquirido en bloque en unas rebajas o que te los han regalado con cualquier periódico. Siempre es más bonita la variedad. Evita, por tanto, colocar juntos los que sean del mismo color o tamaño. Pero procura que al combinar los colores no recuerden los de ninguna bandera de países conflictivos, pues nunca se sabe la afiliación política de todos los que invites a tu casa y te podrías buscar un disgusto. La excepción a esta regla son las enciclopedias, que pueden estar perfectamente en segunda fila. De hecho, hay muchos libros que no sólo es que pueden, sino que realmente merecen que los tengas en segunda fila y te olvides de ellos hasta la próxima mudanza. Una doble fila de libros no resulta fea: los libros se han de conservar, no es necesario que todos estén a la vista. Siguiendo esta lógica, mételos en una caja de cartón y rentabiliza el espacio de tu desván, |
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Posteado por: Jean Pierre Frederick S. 04/05/2008 21:25 [ N° 3 ] |
En las estanterías debes aprovechar también el espacio. Emplea toda la estantería. No es elegante alternar un nivel repleto de libros con otro en la que haya una pequeña figura decorativa o un manojo de zanahorias. Si haces la estantería a medida, usa toda la pared, hasta el techo. Un espacio vacío a los lados o encima no resulta bello ni práctico y sólo sirve para acumular polvo que te dará pereza limpiar. |
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Posteado por: Jean Pierre Frederick S. 04/05/2008 21:25 [ N° 4 ] |
Finalmente un consejo de estética: Los libros resultan decorativos, pueden estar en cualquier lugar del hogar sin desentonar ni dar impresión de desorden. Desechemos la idea de que sólo han de hallarse en sus estanterías o en la biblioteca. El lugar idóneo de un libro de recetas es el interior del frigorífico. La obra maestra de Wilde El retrato de Dorian Gray, por ejemplo, debe hallarse en el tocador, cerca de un espejo. Del asesinato concebido como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey, puede colocarse en el cajón de los cuchillos. En cambio puedes colocar 20.000 leguas de viaje submarino en la cisterna del inodoro para que ocupe sitio y ahorrar agua. Los libros deben denotar naturalidad. No deben parecer algo extraño en el hogar. Es normal y elegante tenerlos junto al W.C. si de verdad los estamos leyendo. Por el contrario, un magnífico libro sobre las pirámides de Egipto en medio del pasillo no transmite credibilidad. Es obvio que está allí para impresionar a las visitas, puesto que no nos detenemos en medio del pasillo para leer cosas sobre los egipcios. Lo mismo sucede cuando tienes todos los tomos de la Encyclopedia Britannica sobre la mesita de noche. |
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Posteado por: robinson valdés villalobos 29/06/2008 19:23 [ N° 5 ] |
maravilloso articulo... pienso que llegó el monneto de desacralizar la lectura, ya esta bueno que quienes tenemos este "vicio impune" dejemos de creernos de otra raza o estirpe, una suerte de narcisismo que solo nos aisla, que resta más que sumar. Para mí bienvenido sea la incorporación de la feria del disco y de cualquier tienda que se sienta tentada a poner libros en sus vitrinas... y sobre la calidad bueno, ¿acaso no podría haber siempre un sector "premium" en medio de la abundancia? |
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