
Caduca mi cédula de identidad y voy al Registro Civil respectivo al trámite correspondiente.
En el ítem en que debo consignar mi domicilio me quedo sin respuesta.
Mi nomadismo de cortas distancias, casi patológico, me impone una itinerancia fija, y la razón funcional me obliga a dar la dirección de un lugar de trabajo. La poética del no lugar o la instalación de esa estrategia económica -basada en la sensación de desplazamiento perpetuo- me remite a la crítica de la razón doméstica, al derrumbe de la identidad sedentaria, a la no verdad, a la no pertenencia. ¿Qué pasa cuando el domicilio es un discurso o una palabra que deja huellas imprecisas sobre un terreno en relieve en la cordillera de la ficción? Ocurre que la violencia del lugar habitado y vivido como afirmatividad por "los mismos" sin "los otros" se nos aparece como accidente y/o catástrofe.
Las instituciones no contemplan la errancia domiciliaria como zona de habitabilidad, bien lo saben mis hermanos gitanos y la policía cultural, y los garantes de las toponimias se preocupan de que esa disciplina territorial funcione.
La constatación de ese no lugar domiciliado en que he debido moverme no tiene una dimensión existencial o fenomenológica, sino de operatividad político- cultural.
Yo, como cualquiera, quisiera domiciliarme en un lugar fijo y hermoso, con mi peluche transicional, y vivir en familia, pero a cambio me tocó la poco saludable práctica de escribir el momento no lugareño de los lugares, su instante menos acogedor.
Lo correcto, yo sé, sería habitar el barrio del Parque Forestal en Santiago y tomar cafecitos en la zona rosa o en el emporio La Rosa, en su defecto. Pero no, el juego de las paradojas nos lega el abismo de la incertidumbre.
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Posteado por: Arturo Elias Sedelke 21/05/2008 14:50 [ N° 1 ] |
Leí una vez un cuento, el cuento de un Escritor Victima…el pobrecito erraba por todos los pueblos y nadie le quería, todos eran muy malos con él; la sociedad, la cultura y la política. Arturo Sedelke.- |
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Posteado por: Arturo Elias Sedelke 22/05/2008 12:00 [ N° 2 ] |
Un día, llegó un forastero a un pueblo, lo miro de forma despectiva, pero intuyó que la realeza le convenía. El forastero era muy sagaz, perspicaz y agudo en el manejo de la pluma y del vocabulario. Compartió mucho con la nobleza del pueblo usufructuando de ella a destajo. Adulaba a las doncellas y era displicente con el pobre vulgo. Pero una vez que ya había conseguido su objetivo de adulación. Se convirtió en el líder de la caterva. Liberandolos de la tiranía.
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