

Sorprende que Aristóteles considere que el principal deber del gobernante es impedir que se pervierta el sentido de las palabras. No es ésta la preocupación que ocupa a los actuales estadistas ni tampoco es aquello que se tiene en cuenta al evaluar su mandato. Los criterios actuales del buen gobierno valoran más la gestión eficaz bajo el imperativo de "facts no words". Sin embargo Aristóteles piensa que hablar es "praxis", acción comunicativa en términos de Habermas. Las palabras tienen un esencial valor ético-político porque hacen posible el contraste dialógico. Esto permite la amistad política que es el principal bien humano.
En la antropología aristotélica hay una lógica profunda que vincula el "logos" y la "polis". Intrínsecamente unidos están las nociones de "homo loquens" y "zoon politikon", animal parlante y animal político. Para el hombre, ser social por naturaleza, convivir es hablar, compartir y contrastar con los demás ideas acerca de lo que realmente importa.
Uno de los grandes desafíos de un mundo globalizado es la de lograr un diálogo sincero y verdadero, que busque consensos racionales y no meramente fácticos. Se hace cada vez más necesario un diálogo intercultural. Benedicto XVI ha ido por delante en su afán de extender este "ethos" dialógico, y sus iniciativas en esta dirección han sido bien acogidas en el mundo intelectual, con excepción de los bochornosos incidentes en la Universidad La Sapienza. Ha hecho esfuerzos por dialogar en serio con personas que se encuentran aparentemente en las antípodas de su pensamiento. Trascendieron las conversaciones que mantuvo, siendo aun cardenal, con su antiguo colega de Tubinga, el polémico teólogo en entredicho, Hans Kung. Posteriormente fue célebre su diálogo -ampliamente recogido en los medios culturales- con Jurgen Habermas, que se reconoce en el pensamiento postmetafísico y postreligioso, referente ideológico del marxismo crítico de la Escuela de Frankfurt e inspirador de la socialdemocracia alemana. Asimismo tuvo amplia resonancia la conversación que sostuvo con Paolo Flores d`Arcais, representante emblemático del laicismo italiano. Hace poco tuvo varios encuentros con Marcello Pera, filósofo agnóstico y presidente del Senado italiano.
La situación mundial reclama la necesidad de abrir espacios al diálogo intercultural que no sólo trate asuntos más o menos urgentes como las relaciones comerciales, el precio del euro o relaciones fronterizas, sino que se atreva a abordar cuestiones de relevancia antropológica como las comunes raíces culturales o aquello que se considera sagrado. Precisamente fueron éstas las cuestiones abordadas en el diálogo con M. Pera. Cualquier cultura se define, y ésta es una categoría antropológica esencial, por aquello que juzga sagrado. Lo problemático para personas que están inmersas del todo en una sociedad secularizada es que difícilmente pueden respetar lo que para otros es sagrado si ellos mismos no tienen nada por sagrado. Más que altisonantes discursos sobre el eje del mal hace falta esa comprensión profunda y respetuosa de lo que otras culturas consideran sacrílega su profanación. No se vislumbran soluciones fáciles si el ideal que segrega una cultura del todo desacralizada, tanto en lo personal como en lo social, está regida por el lema "etsi Deus non daretur", como si Dios no existiera.
Contrastan estos diálogos de alto calado intelectual con el debate público ramplón en el que nos sumerge una cultura basada en la imagen y en el que se suele confundir la verdad con el rating y la bondad con el éxito.
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Posteado por: Guillermo Nicolaz Piedrabuena Parrochía 09/05/2008 18:08 [ N° 1 ] |
En primer lugar, reciba mis saludos. En mi tiempo libre encontré este sitio y en realidad me interesa lo que escriba y piense quien me hace clases. Creo que en el Chile actual el lenguaje ha sufrido una clara caída, me refiero tanto en la calidad de su uso como en su empleo como herramienta. He leído mucha literatura de un Chile que fue antes de mí y con esto puedo decir que lo pragmático y utilitario han mutilado el fondo del lenguaje, pero enfocado en su forma. Tal vez, como usted sugiere, el mejor camino para Latinoamérica (y Chile si es que se atreve) es instaurar un diálogo real con sus limítrofes. No hablo claro de estas disputas ocultas tras la salida al mar o problemas relacionados con tratos comerciales: como oyente de lo que acontece creo que es claro que muchos de esos conflictos se deben a daños patrioticos-sentimentales, que no prescinden de temas valóricos o al menos que vayan más allá de lo concreto. Pues supongo que el tema a desenredar podría ser si Chile o cualquier otro país prefiere velar por sus propios intereses o por los de otros en común; o si Chile es capaz de caminar con relaciones deleznables (en el sentido de efímeras)y relaciones asimétricas como la que se da con una potencia. Puesto que, fuera de todo sentido político, no es más recíproca una buena relación con un país limítrofe y de la misma calidad mundial que con la que se da entre un país tercermundista y otro segundo o primermundista, ya que este último estando en otro estadio tiene intereses diferentes y muy distintos al del primero. Para no alargar más, pienso que es beneficioso tanto internacionalmente como intranacional, concientizar el lenguaje. Puesto que al hacerlo tal vez esto mueva el declive en la cultura causado por las múltiples facetas (peyorativas)que han posesionado a la sociedad, tanto las que han provenido desde afuera como las que a causa de ellas se han engendrado acá. |
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