
Gonzalo Saavedra
El pianista canadiense Glenn Gould fue dueño una neurosis considerable, que puso al servicio de sus interpretaciones hechas casi todas en estudio. Gould grabó dos veces las Variaciones Goldberg de Bach y tal vez la principal diferencia entre una versión y la otra es que la segunda vez las tocó mucho más lento. Y no era por falta de agilidad, precisamente.
Juan Pablo Izquierdo contaba que cuando vino Arrau en 1984 y tocó el primer concierto para piano de Brahms con la Filarmónica, el pianista le pidió ya en el primer ensayo: “No se apure, Juan Pablo: es ‘Maestoso’” y de hecho esa interpretación resultó mucho más lenta que las dos grabaciones que había hecho el chileno de la misma obra en años anteriores y una de las más lentas de la historia. Otra vez, no se trataba de artritis, sino de una manera nueva, detenida, de considerar la obra.
Con esas dos versiones calmas pasa que se escucha más música: las líneas se hacen más diáfanas y uno cree entender más que con las otras.
Con la lectura puede ocurrir lo mismo. Lejos de la eficiencia de esos cursos que prometen enseñar a zamparse el Quijote en una única y veloz tanda, está el placer de considerar de a poco cada palabra, paladear el ritmo y el color de la frase, casi con la misma velocidad con la que fue escrita, al punto casi de llegar a una cierta obsesión. Foucault se acuerda del enfermo descrito por el psicólogo Pierre Janet, para quien el menor enunciado “encerraba inagotables tesoros de sentidos que merecían ser indefinidamente reconsiderados”. “Cuando pienso”, decía, “en esta frase que va a irse a la eternidad y que quizás no he comprendido completamente”
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Posteado por: Germán Reyes Busch 24/05/2008 00:42 [ N° 1 ] |
Vamos, don Gonzalo, que a los 80 años Arrau tocó ese Primero de Brahms no solamente por un concepto interpretativo... los años ya pesaban, era que no. Curiosamente, su Rondó no fue el más lento de sus varias versiones del concierto aludido. Interesante artículo, pero su relación entre lentitud, claridad y paladeo puede ser discutida. De hecho una lectura lenta no siempre nos depara mayores revelaciones (oiga el 1 de Brahms con Arrau-Kubelik -de tiempos mucho más vivos-y verá como es apabullado por información de esa que está en las notas y por la otra que no está en la partitura... non plus ultra interpretativo de Arrau, aunque la realizada en Chile no desmerece). Con la lectura, puede suceder lo mismo. Por ejemplo, un tipo puede silabear y no está entendiendo absolutamente nada. Ahora, puede darse el caso, al cual usted alude, en que la lentitud es sinónimo de paladeo y no de mero estancamiento. En música tiene usted una 3 de Schumann con Giulini y Los Angeles que nos levanta del asiento a velocidad moderada, o la 7 de Mahler por Klemperer que literalmente desgrana cada nota. Para lecturas literarias lentas y eficientes tenemos la del tipo maravillado ante el poema que lo sorprende y que lee y relee... por cierto, Gould sería neurótico, pero su interpretación jamás lo fue. Para lentos neuróticos tenemos a Funes, pero eso es otro cuento. |
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