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Domingo 25 de Mayo de 2008
Ocho arquitectos enjuician la obra de Niemeyer

Maite Armendáriz Azcárate


Cristián Boza: “Últimamente tiende a la frivolidad”

En un instante en que toda la arquitectura moderna comienza a cuestionarse, principalmente por la fuerte influencia de Le Corbusier, surge al unísono en Latinoamérica el nombre de Oscar Niemeyer, quien, basado en los revolucionarios planteamientos de L.C., desarrollará una arquitectura vanguardista en Brasil, pero incorporándole toda la formalidad patrimonial de ese país.

La iglesia de Pompella y su propia casa marcaran el inicio desbordante de una arquitectura moderna, pero con una reinterpretación particularmente brasilera. Las formas arquitectónicas de Niemeyer tienen un sentido de la geografía, el baile, la samba.

Sus edificios de Brasilia son un homenaje a su pueblo, en donde prima la forma y lo lúdico.

Sin embargo, Niemeyer se entusiasmaba con sus formas, y su última producción tiende un poco a la frivolidad más que a lo conceptual. El memorial a Latinoamérica du Sao Paulo; el museo de Niteroi en Río de Janeiro, que más parece un platillo volador, y ahora esta obra en Valparaíso, hablan de un hombre que sólo toma el lápiz para dibujar en una servilleta una idea que será desarrollada por sus ayudantes.

Si los últimos proyectos en Brasil se alejan de la calidad de sus primeras obras, el proyecto de Valparaíso será un ovni en una ciudad tan patrimonial como los cerros del puerto.


Enrique Browne Covarrubias: “Botánica tropical construida en concreto”

Oscar Niemeyer es uno de los arquitectos más notables de América Latina. Con gran facilidad de diseño fue capaz de traducir el lenguaje racionalista del Movimiento Moderno en una especie de “botánica tropical” construida en concreto.

Su arquitectura libre, curva y sensual refleja el espíritu y la geografía de su país, así como su herencia barroca. Estos rasgos alcanzan un punto muy alto y temprano en sus obras de Pampulha. Otro rasgo de Niemeyer es su capacidad para producir formas icónicas, una de las razones que explican su popularidad y cantidad de encargos. Los ejemplos más nítidos están quizás en Brasilia. La columnata del Palacio de la Alborada es prácticamente el logotipo de la ciudad. El Congreso, con sus medias esferas invertidas, la Catedral como cáliz o gesto de ruego, o la notable columnata del Ministerio de Relaciones Exteriores, son difícilmente olvidables.

Un tercer rasgo suyo es la íntima relación entre expresión estructural y expresión plástica. Esta característica lograda en base al hormigón armado tuvo influencia en excelentes arquitectos de América Latina (como C.R.Villanueva en Venezuela, Clorindo Testa en Argentina, Emilio Duhart en Chile, etc.), pero también en otros diversos continentes.

Sobre su posible intervención en Valparaíso, apenas conozco el proyecto por una foto volumétrica. A primera vista es un proyecto hecho muy rápido y que repite formas conocidas del maestro brasilero, unidas por un corredor central. El proyecto da la impresión de calzar poco con la geografía, paisaje e historia construida de Valparaíso. Por otro lado, refuerza una tendencia nacional de invertir dinero en nuevas obras de infraestructura cultural antes de mejorar lo existente y, sobre todo, antes de invertir en desarrollar la cultura que daría el contenido real a dichas obras. En suma, provisoriamente, opino que el Proyecto en Valparaíso le haría un mal favor al legado de Niemeyer y tampoco aportaría al patrimonio de Valparaíso.


Alejandro Gabriel Crispiani: “Puede vivificar Valparaíso”

En la arquitectura de Niemeyer se lleva a un extremo algo inherente a toda obra de arquitectura: el ser un objeto artificial, ajeno a la naturaleza y producto de los deseos y la imaginación humana. La radical objetualidad de sus edificios, que parece haberse acentuado con los años, se logra en muchas de sus obras más representativas a partir de una no menos radical simplificación de los elementos arquitectónicos y un cierto gusto por la gran escala. Esto se ve claramente en el que considero uno de los grandes proyectos del siglo XX, la Plaza de los Dos Poderes, en Brasilia. En esta obra, Niemeyer se muestra como una especie de Boullée moderno, ascético y majestuoso a la vez. Las formas bajo la luz son puras y primarias, aunque organizadas según un principio de equilibrada asimetría. Todo lo que pueda recordar a la escala humana, puertas, ventanas, escaleras, rampas, se ha puesto debajo del plano horizontal en el que se apoyan los famosos platos.

La intervención en Valparaíso evidentemente se trata de una operación en la que la calidad arquitectónica no es uno de sus primeros cometidos, aunque se la utilice para recubrir objetivos de promoción o brillo a una determinada gestión. Pero en algún punto la calidad arquitectónica del edificio es secundaria; basta su eficiencia para generar una “marca ciudad”, que se hace depender, en este caso, de una “firma de autor”. Más que responder a la ciudad, lo que se espera del proyecto es que la ciudad responda a él. El proyecto de Niemeyer, al situarse en las antípodas de la construcción que en general prima en Valparaíso, quizás podría constituir un contrapunto vivificante para la arquitectura de la ciudad, que probablemente no se le permitiría a una firma menos consagrada.

Edward Rojas: “Mala pasada en Valparaíso”

Es sin dudas el arquitecto moderno vivo más importante de Latinoamérica, y es notable comprobar que sigue activo y produciendo. Su obra hoy en Brasil es considerada arquitectura patrimonial y como tal me imagino que también es reconocida en los muchos países donde proyectó obras importantes desde su taller de París, durante su exilio.

Lo que va a permanecer en el tiempo es su magnificencia y audacia en la exploración plástica y constructiva del material estrella del movimiento moderno, el hormigón armado. Y la voluntad escultórica del trazo de su arquitectura, que busca la monumentalidad de la obra.

Es esta voluntad monumental de la obra moderna propuesta por Niemeyer para el Cerro Cárcel, la que atenta contra el patrimonio arquitectónico de Valparaíso. No puedo estar más en desacuerdo con su construcción, tanto por su nula relación con la preexistencia cultural, natural, urbana y arquitectónica de la ciudad patrimonial, como porque pienso que la construcción de esta obra contribuye a la frivolización de la arquitectura en la que han caído muchos países desarrollados, cuyos gobernantes piensan que es un privilegio tener una obra de un arquitecto destacado del star system, las que por lo general son obras proyectadas a distancia y desarraigadas.


Martín Hurtado: “Cada obra, un manifiesto”

Notable arquitecto, talentoso diseñador, consecuente ser humano. Idealista como pocos. Es quizás de los últimos modernistas puros con una visión fundante puesta a prueba en cada lugar. Más que sumarse al patrón del colonialismo que moldeó nuestras ciudades y a gran parte de la arquitectura americana, lo suyo pareciera ser una profunda inquietud por establecer un dominio sobre el paisaje, pero no un dominio de subyugar a la naturaleza, sino más bien de dialogar sabiamente con ella. Sus edificios sacan “músculos” para enfrentar la escala geográfica. En la vastedad de su Brasil natal supo plasmar en cada proyecto una extraña síntesis de gestos y formas potentes, como por ejemplo el notable Palacio de la Alborada (a mi entender, su obra mayor) o conjuntos como el edificio del Congreso Nacional, la Catedral de Brasilia o la iglesia de San Francisco de Asís en Pampulha, donde desarrolla un repertorio de formas muy personal alejado de los modelos platónicos tan utilizados por los modernistas europeos.

Ejemplo de ello son también una serie de proyectos escultóricos de monumentos y memoriales donde esencialmente expresaba su ideal comunista para una sociedad en formación, como el monumento contra la tortura de Río de Janeiro o el monumento a Juscelino Kubitschek.

Sin embargo, su proyecto para el Centro Cultural Valparaíso peca de lo mismo que en otro contexto sería adecuado. Una escala desmedida para un programa forzado, indolente con el tejido urbano inmediato. Una explanada para 20.000 personas, en medio de los cerros, generaría un problema de flujo urbano mayúsculo. Creo que él ya tiene su lugar en la historia. Ojalá éste no sea un capítulo más, a costa de esta gran ciudad, que no necesita “regalos” así.

José Domingo Peñafiel: “Arquitectura poética y sensual”

Integrante importante del movimiento de arquitectura moderna del siglo XX, participó con otros arquitectos contemporáneos en obras relevantes de la arquitectura mundial, como el edificio de las Naciones Unidas con Le Corbusier, y con Lucio Costa en la creación de la ciudad de Brasilia. Al igual que Le Corbusier fue perseverante en el uso del hormigón armado y en el desarrollo de sus posibilidades. Le Corbusier marcó la arquitectura moderna con sus principios revolucionarios y formas nuevas despojadas de toda relación con la Academia. Mientras este arquitecto suizo creó un lenguaje austero y puro, donde afloran sus raíces calvinistas, Niemeyer impuso una arquitectura de formas sinuosas y sensuales con toda la carga del espíritu sudamericano y carioca y muchos de sus edificios constituyen íconos de la arquitectura del siglo XX. Niemeyer es uno de los creadores de un nuevo modernismo de formas libres surgido a mediados del siglo XX en Brasil, responsable de una arquitectura sudamericana única y exótica, de formas escultóricas nuevas y sensuales. Para Niemeyer, la mujer brasileña fue una importante fuente de inspiración. Notables son sus dibujos de mujeres tendidas en la playa donde las curvas de sus espaldas sugieren las curvas biomórficas del Teatro del Ministerio en Río. Se puede considerar a Niemeyer un arquitecto surrealista. Observando algunas de sus obras, surgen como volúmenes de formas expresivas dispuestos libremente sobre un plano, comparables a la obra pictórica de Miró. Consecuente con las bases de este movimiento, la poesía es una importante fuente de su inspiración. Es interesante ver cómo la obra de los últimos años de Le Corbusier se interna por este camino; sin embargo la capacidad de Niemeyer para crear arquitectura de intensa poesía visual es más potente que la de Le Corbusier.

Fernando Pérez Oyarzún: “Puso a Brasil en el mapa de la arquitectura mundial”

Oscar Niemeyer será recordado por haber encabezado el movimiento que puso a Brasil en el mapa de la arquitectura mundial, convirtiéndola en una de las tendencias líderes a mediados del siglo XX. Niemeyer fue, indudablemente, la cabeza visible de ese movimiento que se inicia con la construcción del Ministerio de Educación en Río de Janeiro (1936-1945) y se prolonga hasta los edificios de Brasilia a comienzos de los años 60.

No puede hablarse de un pensamiento de Niemeyer con independencia de sus obras y proyectos. En ello difiere de su mentor Lucio Costa. Lo que pensó lo expresó en formas arquitectónicas. Su obra representa una inflexión en el desarrollo de la arquitectura moderna. Después de él, el propósito de libertad formal que formaba parte del programa de las vanguardias adquiere un nuevo sentido. Dotado de un talento superior y una pasión por la arquitectura que conserva después de haber alcanzado los cien años de edad, las invenciones curvilíneas de Niemeyer remiten simultáneamente a la arquitectura orgánica y a la tradición barroca. Sin embargo, su mejor obra esconde una profunda sensibilidad clásica (cuerpos simples, simetría evidente o subyacente) que da rigor a una primera fase de su trabajo y se manifiesta más evidentemente a partir de Brasilia.

El Niemeyer que permanecerá será, creo, el del Ministerio y del Pabellón de Nueva York; el de Pampulha y de su casa en Canoa. Aunque reconocido a través de múltiples encargos internacionales, y mostrando menos rigor en el último tercio del siglo XX. Así lo muestra el Memorial de América Latina en Sao Paulo de fines de los ochenta. Su museo para Niteroi no manifiesta la misma fuerza del que proyectó para Caracas en 1955 y ciertamente sus primeras construcciones de Brasilia superan a las que ha realizado más recientemente.

Albert Tidy: “El Che de la arquitectura latinoamericana”

Su espíritu soñador está basado en la convicción de que la arquitectura es un medio de acción que debe conducir al bien común. Según Fidel Castro, los últimos verdaderos comunistas que quedan en el mundo son Oscar Niemeyer y él, por algo será. Me encanta la idea de tener obras de arquitectos de relevancia mundial en Chile, especialmente de Niemeyer, pero según los escasos antecedentes del proyecto que sólo conozco a través de la prensa, me da la impresión de que responde a un capricho político fuera de contexto. Lo que hay no es más que un diagrama concebido para un terreno plano pero puesto forzadamente en el cerro. Se dice que es una donación, pero tratándose de Valparaíso yo sometería al caballo a una inspección bucalprevia y consensuada además de estudiar los verdaderos alcances de dicho obsequio. Personalmente he visitado parte de su obra que me parece megalómana y sintética, pública y potente. También me parece caprichosa y apasionada. Sin embargo cuando visitas obras de menor formato como su “casa de las canoas” en las afueras de Río de Janeiro, te das cuenta de que su talento como diseñador brilla también en los detalles de menor formato. Este vividor de 100 años se ha nutrido del placer que le causa su oficio, y de paso, se convirtió sin querer, en el ché Che Guevara de la arquitectura latinoamericana.

2 Comentarios publicados
Posteado por:
Guillermo Guerrero Rodríguez
26/05/2008 12:59
[ N° 1 ]

Sr Tidy

Si tal como Ud. dice Niemeyer es el Che Guevara de la arquitectura y uno de los dos únicos comunistas que viven, esto último no es cierto por cierto, lo más representativo que el Sr Niemeyer poodría presentar el Valpo sería un refinado paredón que funionaria dia y noche, 24 sobre 24.

Estos izquierdistas no pueden dejar de pasar su avisito.

Posteado por:
juan nivaldo lillo morales
30/05/2008 19:54
[ N° 2 ]

Valparaiso tiene alma propia y la creatividad de Niemeyer quizas no calza por igual, es impresindible recorrer la ciudad para entender su espiritu y un artista tan grande como Niemeyer puede plantear distintos proyectos pero mas me inclino a la opinion de Edward Rojas y Martin Hurtado que la obra propuesta atentaria contra el patrimonio cultural de nuestra ciudad, perdonando las distancias, Valparaiso tiene su propia identidad y Brasilia es la creacion de Niemeyer, pienso que ahi esta la gran diferencia a la hora de invitar a este notabilisimo arquitecto a diseñar para Valparaiso sin ningun nexo con su historia patrimonial ni vivencial.

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