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Domingo 08 de Junio de 2008
Frontera norte, puerta abierta al tráfico arqueológico

MAURICIO SILVA
Arica

Un escorpión de plata y cobre de 1600 años de antigüedad es un indicio clave. Labrado por un orfebre Moche a inicios de la era cristiana en la costa norte del Perú, apareció en febrero del año pasado en la custodia de una empresa de taxis del recorrido Arica –Tacna. La policía dio inesperadamente con él en una diligencia de rutina. En vez de los discos compactos piratas o la droga que esperaba hallar, la policía se topó inesperadamente con la delicada pieza, martillada y cincelada por su secular autor hasta darle la forma de un arácnido pronto a clavar su aguijón.

No estaba sola. Dentro del destartalado bolso de mano, que su dueño abandonó al percatarse del allanamiento, había otras 27 piezas envueltas, al igual que el escorpión, en papel de diario. Vasos ceremoniales (keros) y cerámicas policromadas Chancay (sur de Lima, 1200 DC), tupos y cuchillos rituales (tumis) mochicas con sus empuñaduras moldeadas en diminutas figuras humanas: pequeños guerreros sosteniendo en las manos las cabezas de sus enemigos y sacrificadores Tiwanaku ostentando sus báculos.
El saqueo

El casual hallazgo, realizado por efectivos de la Brigada Criminalística de Investigaciones de Arica, revela la actividad de los “pasadores”, una vieja aunque menos conocida versión del ‘burrero’. En vez de cocaína, internan ilícitamente desde Perú y Bolivia bienes patrimoniales, por pasos habilitados o no habilitados. Como en las drogas, Chile es mercado comprador y también pasadizo de las rutas internacionales del tráfico.

Esto es evidente para los especialistas del Museo San Miguel de Azapa de la Universidad de Tarapacá, a cargo de verificar la autenticidad de las piezas patrimoniales incautadas por ingresar de contrabando. Ellos han visto aliviarse en los últimos años el tráfico de objetos arqueológicos locales, al tiempo que se incrementa el de las piezas provenientes de las ricas culturas precolombinas de los países vecinos.
Los saqueadores arrasaron durante décadas los sitios arqueológicos de Arica, por lo que ya no sería tan fácil huaquear. Además, a partir de 2005, se extendieran las sanciones civiles y penales a los comerciantes (anticuarios) y reducidores (coleccionistas privados) de los objetos saqueados, lo que inhibió que el comercio ya no fuera tan abierto. Éstos ya no quedan impunes. La ley 20.021 llenó los vacíos de la ley de Monumentos Nacionales, por lo que arriesgan a correr la misma suerte del huaquero Jaime Quinteros Chiang, condenado en 2004 a 3 años por destruir centenares de tumbas sembradas durante 10 milenios de civilización andina.

A partir del año pasado, en contraste, el trabajo que los profesionales del museo dedican a examinar las piezas decomisadas en la frontera se está quintuplicando. Si hasta 2006 recibían en promedio anual 6 solicitudes de peritajes, el año pasado atendieron 30 y hasta abril de este año las solicitudes ya sumaban 15. Aduanas asumió el tema patrimonial como una de sus definiciones estratégicas, explica el jefe de Fiscalización Operativa de ese servicio nacional, Marcelino Millón. Los porcentajes históricos de hallazgos de piezas contrabandeadas han crecido en la misma proporción.

En 2007, 16 procedimientos en Chacalluta y Chungará incautaron un total de 283 objetos, de los cuales el 53% resultó tener un valor efectivamente patrimonial y por lo tanto su internación al país no estaba autorizada. Correspondían a 83 fósiles, 33 piezas etnográficas, 24 precolombinas y 10 posiblemente precolombinas. Sin embargo, la cifra más decidora es que 11 de los 16 procedimientos fueron positivos. Es decir, que al menos uno de los objetos de la partida era un bien cultural que merecía protección.
Ello responde a la estrategia de los traficantes que para confundir a los fiscalizadores, camuflan piezas auténticas entre artesanías. El mayor riesgo es que se les retenga las piezas en virtud del Convenio de Intercambio Cultural suscrito en 1978 entre Chile y Perú. No se les puede acusar del delito de traficar bienes culturales, pues la ley de Monumentos Nacionales sólo protege el patrimonio nacional. Chile aún no ratifica la Convención de la UNESCO de 1970 que prohíbe la importación, exportación y transferencia de propiedad ilícitas de Bienes Culturales, que sí está vigente en todos nuestros países vecinos.
Eso explica que pese a las actuales evidencias y a la magnitud del tráfico que quedó de manifiesto en la antiguo sistema judicial (ver recuadro), en Arica no esté vigente ningún proceso penal por tráfico de objetos patrimoniales. Aduanas podría eventualmente querellarse por contrabando común en aquellos casos en que pueda acreditar la intención de burlar los controles fronterizos. Pero no es fácil. En los dos últimos años de decomisos, sólo se esté estudiando si es posible abrir querellas y las correspondientes causas penales en dos casos.

La estrategia de pintarrajear la historia

El menos riesgoso de los métodos de internación de piezas arqueológicas es tratar de hacer pasar como un llamativo “souvenir” lo que en realidad es una pieza legítima, por la que el mercado del arte antiguo de Nueva York puede pagar fácilmente 5 mil dólares. Por esta razón, los traficantes mezclas artesanías y artefactos originales precolombinos. Si son sorprendidos, el máximo riesgo que corren es perder la pieza, pues no se configura el delito.

Para perfeccionar el procedimiento, los traficantes disimulan los diseños precolombinos originales con colorinche pintura al agua. Por eso, ya no sorprende a los especialistas del Museo de San Miguel de Azapa que al remover las capas de caolín, debajo de los estridentes teñidos aparezcan los diseños geométricos originales de culturas como la Chancay o la Nazca.

Muchas veces los portadores son modestos pacotilleros que dan por perdida la pieza y no aparecen más. En otras ocasiones, reclaman por sentir vulnerados sus derechos de propiedad. Enfrentan a los especialistas del museo exigiéndoles que se apresuren con la pericia pues están en riesgo de “perder el negocio”. En una oportunidad, uno de ellos exhibió un documento con los timbres del Instituto Nacional de Cultura de Lima que lo acreditaba como portador de meras réplicas. Efectivamente, su mercadería eran piezas de artesanía. Pero tres de entre ellas habían tres hermosos objetos tallados de huesos de ballena: una cuchara con decoración de peces, otra en forma de aves y otra con figura de ídolo humano, todas con incrustaciones de espondilus. Todas ellas resultaron objetos del Chimú Tardío originales. A diferencia del documento, que resultó ser falso.

“El mercado chileno demanda estos objetos y nuestro país también es un pasadizo hacia Buenos Aires, Europa y Estados Unidos”, dice el arqueólogo Luis Briones.


Habla un involucrado:
“Manual para traficar
arte precolombino”

Revela los procedimientos a cambio de resguardar su identidad. “Por ingresar una máscara de oro de Perú te cobran US $500. A mí me han ofrecido US $ 35 mil por una momia Chinchorro”, asegura.

“Si quieres traer una pieza de Perú, tienes que consultar entre los taxistas”, señala ‘Fernando’. Con 40 años como anticuario, cuenta los secretos del oficio a cambio de reservar su verdadera identidad. “Por pasar una máscara de oro te cobran US $500. Ellos verán cómo se las arreglan para burlar los controles aduaneros. Basta con que acuerdes un lugar donde recoger la pieza y concretar el pago”, asevera.
‘Fernando’ es una fuente informativa necesaria. Al no ser tipificado un delito, ni el ministerio público ni la policía de Arica investigan las redes internacionales de este lucrativo negocio. Ello pese al rol que la zona juega en el tráfico internacional, según las evidencias que arrojó en 2000 la investigación que el viejo sistema penal realizó al huaquero ariqueño Jaime Quinteros Chiang. ‘Fernando’ compraba piezas saqueadas de las tumbas precolombinas. La Brigada del Medioambiente de Investigaciones, en dos años de pesquisas, las ha centrado en otros puntos del país.

‘Fernando’ fue una de las personas que la investigación policial contra Quinteros arrojó como comerciante de piezas arqueológicas. Como él, aparecieron importantes industriales, prestigiosos museos, abogados y notarios de Santiago al sur que se salvaron al no haber estado entonces tipificado como delitos el vender y reducir especies arqueológicas. También surgió el nombre del estadounidense David Bernstein, en cuya página web hasta hoy pueden cotizarse tablas de rapé preincas de Arica con forma de ídolo (US $3.500), además de cuchillos ceremoniales de bronce y tejidos muy similares a los que se ingresan ilícitamente al norte de Chile y cuyos precios en Nueva York llegan hasta los US $ 95 mil.

En medio de estantes atiborrados de tupos (prendedores de pelo etnográficos aimará) y dliquias de la Guerra del Pacífico, ‘Fernando’ cuenta que las cerámicas internadas al país se mandan a Santiago en camión, bien embaladas en papel confort. “No pueden llegar dañadas ni rotas, si no pierden su valor”, señala. Si el destino es el exterior, el contacto debe dejar bien claro al ‘dealer’ al que hay que entregarla. “Antiguamente se sacaban por valija diplomática. A veces, con la ayuda de las azafatas”, relata.
“Una vez me ofrecieron US $35 mil por una momia Chinchorro, me dice, tras dar un sorbo a su cerveza en su tienda de antigüedades. “El que me hacía la oferta era un arqueólogo peruano. Claro que yo no tengo ninguna, pero sé los sitios donde se pueden encontrarlas”, ríe.
“He pasado lo mejor”

Lejos de sentir que se trata de algo malo, se jacta de sus conocimientos, de la belleza de las piezas que han pasado por sus manos y del dinero que ganó y que ha dilapidado. “Aríbalos, ponchos, sombrero de cuatro puntas policromado. He pasado lo mejor. Máscaras de oro he tenido tres, se fueron ya… ¡tengo que comer todos los días!”, se ufana.

“Yo soy conchalero, ¿me entiende? He recorrido toda la costa del Perú, de norte a sur, recorriendo sitios”, asegura. Conoce los trucos del negocio. Sabe de la destreza de los falsificadores peruanos, que envejecen sus reproducciones con ácido y las entierran con cadáveres de perros, para que se impregnen del olor.

Muestra quepís chilenos de la batalla de Tacna y revela su origen: Sama Las Yaras, en el litoral de Tacna, donde los lugareños conocen un cementerio de 70 chilenos muertos en 1880 y donde se dice está el cuerpo del ministro de guerra Rafael Sotomayor. Muestra una taclla, arado de pie indígena, con ataduras de cuero. “Es de 1700”. Me lleva a su depósito y muestra una pieza similar, pero más terrosa y basta. “Esta tiene más de 500 años”. Además, exhibe fósiles de Bolivia que ha logrado internar alegando que, a diferencia de Perú, Chile no mantiene con este vecino ningún acuerdo bilateral sobre la materia.

“Estamos en condiciones de ratificar el convenio”

El secretario ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, Oscar Acuña, reconoce las debilidades que el país mantiene para combatir el tráfico internacional de piezas arqueológicas y las dificultades que Aduanas tiene para cumplir su rol. Ni siquiera hay claridad sobre cómo opera el tráfico internacional. “No hay estudios analíticos sobre el carácter del tráfico de los bienes culturales decomisados, que sólo es una parte del existente”, señala. Sólo se puede presumir que los embarques mayores tienen fines comerciales dentro y fuera de Chile.

Sin embargo, cree que las condiciones están dadas para ratificar el Convenio Uesco de 1970. La ley 20.021 de 2005 que modificó la ley de Monumentos Nacionales al sancionar el hurto y receptación de un monumento nacional, establece mecanismos efectivos para su aplicación, que eran las observaciones que en la década pasada el Senado planteaba para no ratificarla.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Brayatan Soto Soto
09/06/2008 20:37
[ N° 1 ]

Buena oportunidad de mejorar el control fronterizo y parar el tráfico de droga, usando como excusa la más "políticamente correcta" argumentación de proteger el patrimonio cultural de la humanidad...

Aleluya!

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