
Christian Ramírez
No es agradable enterarse por las noticias de que Francis Coppola no la está pasando todo lo bien que debería con el rodaje de “Tetro”, su nueva cinta, en Argentina.
Pues bien, es el precio de filmar a costa del propio bolsillo. Algo que ninguno de sus contemporáneos —ni siquiera aquellos con una enorme cuenta corriente, como Spielberg— se ha atrevido a hacer y que sin embargo a Coppola (que sufre estos días con el sindicato de actores trasandinos) le ha devuelto un aura de independencia que no disfrutaba desde los días de “La ley de la calle” y un deseo de arriesgarse que no se le veía desde “El padrino”.
Basta detenerse en el argumento de “Youth without youth”, el primer fruto de este “Coppola recargado” (recién aparecido en DVD), para admitir que el tipo necesitaba sentir otra vez la sensación de poder equivocarse, de exagerar la nota, de apostar: poco antes de la Segunda Guerra, un anciano y deprimido lingüista rumano (Tim Roth) es alcanzado en plena calle por un rayo que milagrosamente no lo mata, sino que lo rejuvenece, potencia su mente y su cuerpo hasta convertirlo en algo parecido a un superhombre, otorgándole esa “juventud sin juventud” a la que alude el título y de paso regalando una estupenda metáfora a un maestro del cine que, a los setenta años, siente que está empezando de nuevo.
Tan fuerte y arrollador es ese impulso, que, a medida que la aventura se desarrolla, uno comienza a preguntarse si a Coppola no se le está pasando la mano con el barroquismo: en su historia hay un científico sabio (Bruno Ganz) que rescata al héroe, los ubicuos nazis que tratan de raptarlo, la chica que evoca un amor perdido (Alexandra Maria Lara) y que a su vez se transforma en una pasión imposible, espías, viajes a la India, un libro que podría cambiar nuestra historia del conocimiento, islas del Adriático y una indescriptible sensación de melancolía que se apodera del espectador en el último cuarto de hora para no abandonarlo hasta mucho después de acabada la función cinematográfica.
¿Tan atragantado estaba el cineasta —que no filmaba desde hace una década—, que tuvo que incluir todo lo que se le ocurrió en su retorno? Lo dudo. En este caso Coppola se parece más a Orson Welles, quien a medida que se hacía viejo comenzó a crear ficciones más y más densas, de esas que se penetran por capas (F de fraude) o que sólo se mastican a punta de madurez (Campanadas a medianoche). De modo que el enjambre de anécdotas que pueblan el filme tiene menos relación con el místico relato de Mircea Eliade en el que está basado y se parece más a esas narraciones árabes repletas de tramas que se derivan de otras y que conducen hasta donde lo permitan la energía, aguante y vitalidad de narrador y lector.
A su modo, “Youth without youth” y su aventurero protagonista son lo más cerca que Coppola estará jamás de algo como Indiana Jones, lo que no deja de ser una bonita ironía en estos días en que su amigo George Lucas se forra a costa del nuevo capítulo de la franquicia. Eso sí, a la inversa del viejo Francis: sin correr el menor riesgo.
En síntesis
El retorno de Coppola a la dirección no es una obra maestra, pero posee una energía y sentido del riesgo que ya se quisieran sus compañeros de generación.
Youth without youth
Estados Unidos, 2007. Escrita y dirigida por Francis Coppola.
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | ||||||
| 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 |
| 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 |
| 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 |
| 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | 29 |
| 30 |