Marcelo Mellado
Domingo 15 de Junio de 2008
Aura

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Marcelo Mellado

Tengo la necesidad estética de relacionar arte y economía “real”, por eso tiendo a ficcionar con la producción agrícola. Y en medio de una iniciativa territorial, que es un guiño a la colonia tolstoiana, resurge esa nostalgia funcionalista, tipo Bauhaus rural. Tengo como antecedentes algunos testimonios de manualidad tecnológica, recuerdo uno en especial, en Chiloé, en los 80. Yo administraba un plantel lechero y para ello necesitaba imperiosamente enfardar heno para optimizar su guarda invernal. Estaba en ese trance cuando apareció un argentino, que tenía una gran experticia técnica y que se fascinó con el trabajo agrícola, y con los desafíos que éste ofertaba. Le di las señas para que diseñara una enfardadora manual. No recuerdo a alguien trabajar con mayor placer en una tarea encomendada. Invirtió un día entero en los croquis, cuyos resultados representaban un cubo de madera vertical y láminas de fierro, una de cuyas caras se abría con bisagras. Faltaba la otra parte del trabajo, necesitábamos un herrero. Lo encontramos en la faena de sacadura de papas y nos atendió solícito. Se llamaba Rigo Remolcoy, de la más pura cepa huilliche. Ambos, diseñador y herrero, se entendieron perfectamente. En un par de días estuvieron listas las láminas de fierro, con una perfección milimétrica y una calidad que maravillaron a mi amigo. Armamos el dispositivo tecnológico, que comenzó a funcionar de inmediato, porque el pasto ya había sido cortado. Esa práctica se me quedó grabada como paradigma del trabajo agroculural asociativo.

La sola descriptividad del objeto —un cubo de madera con una especie de mortero— y su acto instalativo, es un viaje sin retorno al momento más funcional de lo simbólico.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
JULIO B. PERALDI LÓPEZ
06/07/2008 19:41
[ N° 1 ]

Conocí a Marcelo Mellado en 1972 cuando cursábamos el 2º Medio en el Liceo 11 de Las Condes y siempre me llamó la atención y me causaba admiración el amplio y fértil lenguaje que poseía. Si bien estábamos en el mismo nivel, pertenecíamos a diferentes cursos. Años más tarde en la década del 80 lo encontré en Chiloé en una de mis incursiones itinerantes por Chile vendiendo los libros infantiles y los juguetes didácticos que fabricábamos junto a mi esposa.
El tenía una pequeña y hermosa librería que me llamó mucho la atención por la performance que poseía y que la hacía diferente de todas las que había visto por el sur de Chile. Realmente fue un gusto volver a encontrarme con Marcelo en aquella ocasión, al igual que hoy siento lo mismo al leer su artículo sobre sus vivencias chilotas; vivencias que me hicieron viajar hacia ese Chiloé mágico que siempre me atrae.
Nuevamente ha sido un agrado saber de ti Marcelo Mellado.

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