Artículo
Domingo 15 de Junio de 2008
¿Está desahuciada la cultura francesa?

Javier Rojahelis

¿Los franceses están en peligro de perder su preponderancia dentro del mundo de la cultura? La pregunta no es casual y tampoco es completamente nueva; sin embargo, el temor ahora se está volviendo más palpable, sobre todo cuando se le echa una mirada al gobierno francés. No por nada la ministra de Cultura, Christine Albanel, anunció recientemente que se iban a tomar 35 medidas para reactivar el alicaído mercado del arte francés. Una iniciativa que viene a enfrentar la noticia que Artprice y otros medios preocupados de las variables económicas del arte han dejado caer: Francia ha perdido presencia en el mercado del arte, quedando muy atrás de los líderes absolutos, Estados Unidos e Inglaterra, y detrás de mercados cada vez más poderosos como Alemania y China. De hecho, uno de los datos que hicieron reaccionar al gobierno francés es que mientras el mercado mundial del arte crece al 36 por ciento, Francia sólo lo hace con un tímido 13 por ciento. Otro dato más: de los 100 artistas que fueron más cotizados alrededor del mundo en 2007, ninguno de los aún vivos es francés. Hay alemanes, como Gerhard Richter; ingleses, como Damien Hirst; chinos como Xiaogang, y norteamericanos como Jasper Johns…, pero de la tierra de la baguette ningún representante.

La polémica del “Time”

Si bien el término ‘cultura’ no se reduce sólo al arte y menos sólo a las artes visuales, lo cierto es que este indicador les ha servido como excusa a algunos comentaristas para hacer una revisión general de lo que está pasando en Francia con el resto de sus manifestaciones culturales. Sin ir más lejos, la revista “Time” (en su edición europea) publicó en diciembre pasado un extenso artículo de Donald Morrison en el que se declaraba la muerte de la cultura francesa. Un artículo que, por cierto, no cayó nada de bien entre los galos, quienes además repararon que poner a un mimo llorando en la portada de la revista parecía una abierta burla al fallecido mimo Marcel Marceau. En concreto, el artículo del “Time” mencionaba, entre otras cosas, la poca presencia de autores franceses contemporáneos en el mercado editorial más global, así como la inexistencia de nombres fuertes, como en el pasado hubo un Camus o un Malraux. Un fenómeno que también se verificaría en el cine francés, que si bien tiene una gran cantidad de producciones, éstas no logran mayor difusión fuera de las fronteras del mundo francoparlante… una situación muy distinta a la que se vivió en los años 60 con la nouvelle vague. En lo musical, lo mismo: dentro de la música más docta no hay un Satie ni un Ravel, y en el género más popular no hay una Piaf, ni un Aznavour. Incluso la revista “Time” lanza un nombre que se puede leer como una clara ironía: Johnny Hallyday, un rockero francés al que algunos definen sarcásticamente como “La estrella de rock más grande que nunca has escuchado cantar”.

La reacción francesa

Y como era de suponer, las respuestas a la afrenta del “Time” no se hicieron esperar. El intelectual Bernard-Henri Lévy, si bien reconoció el talante más provincial y autorreferente que podían tener algunos artistas franceses, comentó que el tono antifrancés del “Time” le parecía más bien una metáfora del propio Estados Unidos y de su temor frente a la invasión de otras culturas como la hispánica y la asiática.

Por su parte, el periodista de “Le Nouvel Observateur”, Didier Jacob, planteó que estaba de acuerdo con aceptar que faltaban artistas que tuvieran la estatura, por ejemplo, de un Marcel Proust. Sin embargo, también estableció que había que tener en cuenta que la concepción de arte ya no es la misma que antes, y que la idea de obra maestra había dejado de existir en la segunda mitad del siglo XX. Por lo tanto, para Jacob, que hoy exista un Proust tiene tan poco sentido como que ahora apareciera un Shakespeare. Un poco menos diplomático fue Maurice Druon, miembro de la Academia Francesa, quien escribió: “¡Inculta Norteamérica! Quisiera llorar, pero no. Estados Unidos tiene muchos investigadores, eruditos, pensadores y artistas del más alto nivel. El problema es que no escriben en el ‘Time’ ”. Olivier Poivre, director de Culturesfrance, combatió un poco más en detalle algunos de los argumentos de Morrison mencionando, por ejemplo, la presencia en la música popular de Manu Chao y Youssou N’Dour. Y aclarando que el tema del cine en Francia va más allá de los creadores, con una importante lista de coproducciones en la que figuran cintas de directores como Almodóvar y Kusturica, entre otros, a lo que habría que agregar incluso a los propios creadores gringos como Clint Eastwood. En cuanto a los intelectuales, Poivre también recuerda que nombres como Michel Serres, Rene Girard y Julia Kristeva son auténticas autoridades en las universidades norteamericanas. Claro, no hay un Sartre, pero no hace mucho había figuras potentes como Derrida y Baudrillard, quienes embobaron a generaciones de estudiantes estadounidenses. El resto de las réplicas al artículo del “Time” siguen esta misma tónica de ir sumando personajes a la lista de nombres que ayudan a exportar a Francia como marca cultural… el diseñador industrial Philippe Stark, el arquitecto Jean Nouvel, el director y compositor Pierre Boulez, la dramaturga Ariane Mnouchkine, el diseñador de moda Jean-Paul Gaultier, el grupo Daft Punk, y muchos más.

Vendiendo la marca

Sin embargo, tal vez el problema de esta polémica no tenga tanto que ver con cifras, sino más bien con el modo de ver y entender lo que es cultura. Por lo pronto, las estadísticas y los indicadores económicos se han convertido para la mayoría en el principal medio para revisar el rendimiento de las políticas culturales, y Francia no ha sido impermeable a ello. Por eso, se entiende que la ministra Albanel haya puesto en marcha proyectos que buscan fomentar y dar incentivos tributarios para privados y casas de subastas en la adquisición y comercio del arte como un modo de enfrentar las cifras negativas del mercado del arte. Y aunque algunos como el embajador de Estados Unidos en Francia, Craig R. Stapleton, crean que “la cultura no es una competencia”, lo cierto es que en el panorama actual parece imposible evitar la pelea por figurar en los primeros lugares de los rankings. Y como los franceses saben que la marca de la cultura es una de sus principales divisas, la intención de vender a como dé lugar esa marca no parece ser una actitud que les resulte ajena o muy propia del estilo gringo. Baste con recordar que el Louvre ya se convirtió en una suerte de McDonald’s, luego de que vendiera su nombre como franquicia para montar sucursales en Atlanta y Abu Dhabi.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Anais Sanchez
23/06/2008 08:57
[ N° 1 ]

En Francia la gente comun y corriente es mucho mas culta que en cualquier otra sociedad. La cultura forma parte integral de la vida de los ciudadanos, lo cual no es el caso en los Estados Unidos. Me parece que ese articulo es un intento por aminalar la imagen de Francia, pais donde aun la educacion y la salud es exelente y GRATIS. Un pais donde sus ciudadanos reciben estos dos servicios basicos, puede florecer culturalmente mucho mas que los Estados Unidos, donde la gente se muere esperando su cita con el médico. Estados Unidos nunca ha tenido las figuras artisticas e intelectuales que ha tenido Francia y es absurdo comparar épocas diferentes. Vivimos, por desgracia, en una sociedad demasiado consumista y la venta de libros y arte en general ya no dependen totalmente ni del talento ni la sensibilidad del artista. Francia tiene muchas figuras artisticas que talvez no "venden", pero existen de manera anonima. Francia y Paris principalmente, siempre sera esa hermosa ciudad, "esa fiesta que te acompana siempre" como dijo Heminway, y eso los norteamericanos no lo soportan, porque jamas tendran una joya tan sofisticada, un lugar tan lleno de significados, como lo Paris.

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