
Juan Pablo Vilches
En 1997, la actriz canadiense Sarah Polley protagonizó una espléndida película llamada “El dulce porvenir”. Dirigida por su compatriota Atom Egoyan, relataba la historia de un accidente carretero en que mueren todos los niños de un pueblo rural. Las vastas planicies nevadas funcionaban como una definición de las personas y de sus circunstancias, un mar de soledad que hacía más intensas las verdades que se develaban en la cinta y más dolorosos sus paralelos con “El flautista de Hamelin”, en el que se inspiraba directamente. Los cuentos infantiles suelen ser ecos de hechos que no tienen nada de infantiles y que desgraciadamente tampoco son cuentos.
Además de algunos recursos tomados de Egoyan —como el uso de tomas cenitales—, Polley exhibió en éste, su primer largometraje, la misma fascinación con el paisaje invernal de Canadá y una particular luz que hace ver las cosas más bellas y a la vez más desnudas. Claro que el tema es otro.
El derrumbe
Grant (Gordon Pinsent) y Fiona (Julie Christie) componen un matrimonio jubilado que vive en armonía y tranquilidad lo que se conoce como los años dorados. La plenitud de su larga relación se quiebra cuando ella empieza a exhibir los síntomas del Alzheimer. Su espíritu resuelto y su sentido práctico la llevan a decidir internarse en una casa de reposo para que su marido no presencie su deterioro. Él se resiste, pero finalmente se deja apabullar gentilmente, como en los últimos 44 años.
La película es un relato paralelo en que se cuenta lo recién expuesto en forma alternada con un episodio cronológicamente posterior. Grant va a la casa de Marian (Olympia Dukakis, magnífica), la esposa de otro paciente de la casa de reposo que se apega a Fiona como si fuera su esposa, y ella se lo permite. El relato paralelo pone en perspectiva el desconcierto de Grant; su abnegación como esposo —que podría haber dado pie a una historia más unidimensional, como “The Notebook”—, es el tapiz de fondo donde la directora se esmera en trazar un complejo periplo emocional en el rostro de su protagonista.
Si bien Julie Christie exhibe creíblemente cómo un ser energético lidia con una enfermedad como ésa, el peso de la historia se lo lleva su coprotagonista masculino. Sus rasgos toscos y aparentemente inexpresivos reflejan gradualmente los tenues cambios con que las personas aceptan las nuevas realidades, pero sin olvidar los viejos afectos que las hacen ser lo que son. La directora usa la enfermedad de Fiona como una circunstancia con que desentierra aquello que las parejas ya no necesitan hablar, y entra cómodamente en los terrenos de los afectos arraigados por el hábito y la dependencia. Se podría decir que se trata de una historia de amor, pero una en la que vemos a un hombre que lleva 44 años amando a su esposa, la que se ha convertido en una parte suya muy cercana a su propio centro.
La idea del norte
Uno de los libros que le lleva Grant a su esposa son “Las Cartas de Islandia”, de W.H. Auden. La excusa en la trama es que la madre de Fiona era islandesa (también lo era en el cuento de Alice Munro, en que se basa la película), pero dentro del trabajo de dirección de la cinta, la inmensidad y lejanía que sugiere Islandia reemplaza a los grandes valles nevados a los que Fiona renunció cuando decidió internarse. No se puede exagerar la importancia de la geografía en esta historia. Los páramos blancos son a la vez el escenario del que surge cierta clase hombre y de mujer, y el reflejo prístino de una conciencia que se abre a las posibilidades nuevas después del desastre.
La directora crea una luz blanca para ese entorno que es particularmente notoria en los interiores, en aquellos espacios construidos precisamente para protegerse de ella, sin éxito, por cierto. Y esa claridad permite que las cosas se vean tal cual son, en su belleza y en su inevitabilidad, como cuando llega la hora de despedirse y de perdonar. Es meritorio que una mujer joven cuente bien una historia de gente mayor, y más aún que lo haga con la calma y la sensibilidad que requería este complejo proceso de reconciliación humana.
En síntesis
Cinta inteligente y calma, que cuenta delicadamente una historia de amor y reconciliación entre dos personas mayores. Es bastante más compleja de lo que parece.
“Lejos de ella”
Dirección: Sarah Polley
País: Canadá
Año: 2006
Género: Drama
Elenco: Gordon Pinsent, Julie Christie, Olympia Dukakis
Duración: 110 minutos
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Posteado por: carmen illanes carrasco 16/06/2008 18:26 [ N° 1 ] |
Actores estupendos!!! el tema está bien llevado y es de desarrollo lento como para graficar de manera fuerte esta enfermedad lenta y progresiva. Creo que en este matrimonio falta amor. Pareciera que la pareja no hubiese sido capaz de sembrar algo de ternura para guardar y tener en sus años más solitarios y enfermos. Atte. Carmen Illanes C |
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Posteado por: Juan José Diez Radovic 23/06/2008 12:38 [ N° 2 ] |
Buena actuacion, sobre todo la de Julie Christie. Un argumento conmovedor. Cuando terminé de verla me dije: ¿Pero cómo no se dió cuenta que lo que hacia o decia su esposa era producto de su enfermedad? |
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