Carla Cordua
Domingo 22 de Junio de 2008
¿Se puede hablar sin metáforas?

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El lenguaje está lleno de metáforas, y aquellos usos especializados, como el científico, que se han esforzado por deshacerse de las metáforas o, cuando menos, por reducirlas al mínimo, se han visto envueltos en una batalla casi imposible de ganar. Siempre reaparecen nuevas formas de metaforizar en los discursos de quienes se han comprometido a mantenerse limpios de toda figuración sensible. Un caso llamativo de derrota frente al constante pulular de las metáforas en el habla exhibe la historia de la filosofía. El impulso filosófico tendía, desde muy temprano, a la sustitución de las metáforas de la lengua ordinaria por conceptos o, en su defecto, a la idealización de lo metafórico. Con gran confianza en la irreconciliable diferencia entre el pensamiento abstracto y la imaginación, la filosofía cuidaba las fronteras entre ellos. Apartar las operaciones de la mente de las de los sentidos y segregar el discurso del vecindario y de los empréstitos de la poesía, serán medidas de primera necesidad para los filósofos. Las operaciones más fecundas para lograrlo son elevar los términos hacia la perfecta universalidad e ignorar las particularidades y los accidentes. Para este punto de vista, las ilustraciones, comparaciones y alusiones no hacen buenas razones para persuadir; sólo valen los argumentos abstractos dirigidos al entendimiento desnudo. Con este programa tan claro y decidido, ¿a qué se debe que la filosofía no haya podido deshacerse nunca de las metáforas?

La independencia mutua de la razón y la imaginación es más un programa de época, cuyos supuestos nadie examinó antes de adoptarlo; más un proyecto racionalista, que una realidad. Tiene todos los rasgos de algo deseable, alimentado por el anhelo de cierto tipo de pureza y por la inocente afición a los extremos y a la exageración. Un impedimento adicional, de tipo lógico en este caso, se agregó a la dificultad mencionada, oponiendo resistencia al establecimiento de un lenguaje puramente conceptual. Se trata del par de conceptos universalidad-particularidad. Tratados como contrarios abstractos, como la lógica formal hace para sus propios fines, pierden toda función para referirse a las cosas existentes y comprenderlas adecuadamente. Las cosas son siempre e inevitablemente combinaciones o interacciones de lo particular y lo universal. Nada de raro, entonces, que los esfuerzos multiseculares por establecer y valerse de lenguajes saneados de elementos metafóricos, hayan producido sólo resultados insatisfactorios.
El pensamiento reciente tiende a aceptar el ingrediente metafórico del lenguaje. Procede, claro, a analizarlo para asegurarse de los varios ingredientes de sentido que forman parte de su expresividad, tanto de los intelectuales como de los sensibles e imaginativos. El filósofo francés Michel Foucault suele llamar “metaforizar” a su esfuerzo por explicar su concepción de los temas de sus obras. En particular, cuando se trata de conductas humanas, instituciones e inventos, cree que la explicación debe elegir entre metaforizarlas, o bien temporal o bien espacialmente, según el propósito de la investigación.

Dice: “Metaforizar las transformaciones del discurso valiéndose de un vocabulario temporal conduce necesariamente a utilizar el modelo de la conciencia individual, con su temporalidad propia. Tratar de descifrarlo, por el contrario, a través de metáforas espaciales, estratégicas, permite captar precisamente los puntos donde los discursos se transforman mediante, desde y en relaciones de poder”. Ello permite poner en evidencia tales aspectos inaparentes de la vida social.

3 Comentarios publicados
Posteado por:
Camilo Acevedo Vidal
23/06/2008 15:31
[ N° 1 ]

Estimada Sra Carla:
Que bueno que la filosofía no se haya deshecho de las metáforas. El mundo real, frío, acelerado y calculador en el que nos movemos, obliga cada vez más a lo concreto y práctico, donde el efecto de la neurolinguística aparece como protagonista de la "idiotez" por lo claro a la primera, sin rodeos ni simpatías linguísticas, menos aún romanticismos. Porque al parecer no hay tiempo para una sonrisa y una caricia, para una poesía.
Creo que la metáfora ayuda a la humanización -o mantener la humanidad- de la sociedad, a darle la calidez de una caricia o de un gesto amable, sensible al buen humor, para así mantener sana a una sociedad.

Saludos cordiales.

Camilo.

Posteado por:
Marcelo Godoy Gálvez
23/06/2008 15:43
[ N° 2 ]

Cometario metafórico:

"Si (como el griego afirma en el Cratilo) el nombre es arquetipo de la cosa, en cada letra de 'rosa' está la rosa y todo el 'Nilo' en la palabra Nilo." (El Golem, J.L. Borges)

Saludos y Gracias.


Posteado por:
Antonieta Rodriguez Paris
24/06/2008 13:37
[ N° 3 ]

Sra.Carla, me alegra leer sus escritos, Ud, es mu atinada en sus comentarios.
la saludo atte.desde el sur.

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