Historia
Domingo 29 de Junio de 2008
“Mocha Dick” y las historias de ballenas chilenas

Elena Irarrázabal Sánchez

¿Qué tienen en común Robinson Crusoe y Moby Dick? A estas dos cumbres de la literatura marítima o de aventuras las une la particularidad de basarse en relatos que originalmente transcurrieron en islas y mares chilenos. Así lo afirma en una de sus crónicas el escritor Enrique Bunster: la primera obra se basa en el relato de Alexander Selkirk, y la segunda tendría como fuente la novela corta “Mocha Dick”, que ocurre en las costas del sur de Chile.

Intrigado por el relato “Mocha Dick”, que nunca logró encontrar en Chile, el abogado y presidente de la Sociedad de Historia de Concepción, Armando Cartes Montory, partió hace años a buscarla a Estados Unidos, a los puertos que constituyeron el corazón de la industria ballenera norteamericana, en Nueva Inglaterra.

Tras muchas peripecias dio con una antigua edición de esta novela corta, publicada por Jeremiah Reynolds en 1839, 12 años antes de que Herman Melville editara “Moby Dick”, sobre la gigantesca ballena blanca del Pacífico, considerada una de las piedras angulares de la novela estadounidense.

Según Cartes Montory y otras voces, como Bunster y Eugenio Pereira, “Mocha Dick” constituye una de las fuentes de la obra de Melville. Dentro de algunas semanas, se presentará en Santiago una edición bilingüe de la obra, junto a los grabados de la versión de 1932 que encontró el investigador. El libro también incluye un ameno estudio realizado por Cartes Montory sobre la presencia histórica de las ballenas en Chile.

Chile y los cetáceos

Hace cientos de años, los mares del sur de Chile constituyeron espacios privilegiados para el apareamiento y la vida de diversas especies de ballena, este magnífico animal marino más parecido al hombre que al pez, capaz de amamantar a sus crías y de emitir (en algunas especies) sonidos para comunicarse. En aguas nacionales se han avistado cerca de la mitad de las 87 especies de ballenas que hay en el mundo, documenta la investigación de Cartes Montory.

Las páginas de “Los cazadores de Mocha Dick” pasan revista a los múltiples testimonios de cronistas y viajeros sobre la presencia de estos animales en las aguas del sur de Chile. Treutler, Lesson, Fanning y Laperouse, entre otros, hablan de la abundancia de ballenas en el Golfo de Arauco y aun en la misma bahía de Concepción. La especie más común en esa zona era la ballena franca o “rocual” (una mala traducción del término inglés right whale).

Sobre cetáceos también son numerosas las referencias presentes en la cosmogonía mapuche. Eran mujeres ancianas transformandas en ballenas las encargadas, según los mapuches, de transportar en sus lomos las almas de los difuntos hacia el Wenumapu o la Tierra del Cielo, que se emplazaba en la isla Mocha y más allá.

“La ballena, o yane en mapudungu, está presente en la toponimia de la zona de Arauco. Todavía existe el puerto de Yane, al norte de Lebu, que otrora tuvo importancia para la industria carbonífera. También estaba presente en objetos cotidianos. En el huitral o telar mapuche se usaba un trozo de hueso de ballena, el ñirehue, que es una especie de paleta de madera dura y pesada con forma de hoja de cuchillo, para golpear la trama mientras se teje, de manera de darle firmeza al tejido”, explica el autor.

La literatura ballenera

En el tercio final del siglo XVIII, comienza la explotación ballenera a través de barcos que perseguían por años a los cetáceos a través de los mares. No era un oficio fácil: se trataba de una lucha enconada, que a veces terminaba en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, entre hombre y ballena.

El botín era sustancioso. De la carne, huesos, grasa y aceite de la ballena se obtenía una infinidad de productos: velas, jabones, cosméticos, aceite para las lámparas de la época, jarabes medicinales y hasta lubricantes para las máquinas de la era industrial.

La etapa clásica de la caza de ballenas —antes de la automatización de su matanza, en el siglo XX—quedó registrada en una nutrida “literatura ballenera”, que popularizó una serie de leyendas sobre cetáceos fabulosos que circulaban por el mundo. El mismo Melville, en Moby Dick, habla de “don Miguel”, una ballena mítica de los mares de Chile. Otro legado de esta época y forma de vida fueron los sea shanties, nostálgicas canciones que entonaban las tripulaciones de barcos balleneros. El libro de Cartes Montory reproduce la letra de una de ellas: “Talcahuano girls”.

Jeremiah y sus andanzas

Talcahuano y sus alrededores se configuraron, en la primera mitad del siglo XIX , como el gran centro ballenero del Pacífico, que atraía a barcos estadounidenses, franceses y de otras nacionalidades. En torno a las islas Santa María, Quiriquina y Mocha se cazaban y faenaban gran cantidad de cetáceos.
Hasta allí llegó, en 1833, Jeremiah Reynolds, que desembarcó en Arauco por unos meses en busca de víveres y fondos para retornar a Estados Unidos. Reynolds sostuvo un amistoso encuentro con los mapuches —relatado en el libro “Voyages round the world”, de Edmund Fanning, uno de sus compañeros de viaje— y tuvo largas conversaciones con balleneros y marinos de la zona.

Según Cartes Montory, ya desde 1810 circulaban relatos sobre un cachalote blanco y feroz en la zona, que seguramente Reynolds escucha en Chile. Al volver a Estados Unidos, el viajero publica, en 1839, el relato “Mocha Dick” en la revista literaria “Knickerbocker”.

La novela de Reynolds habla del enfrentamiento con un animal muy parecido al que luego describiría Melville: un feroz cachalote (en inglés sperm whale) de color blanco, con la piel cubierta de conchas y arpones clavados en el lomo. Pero, a diferencia de Moby Dick, la ballena de Mocha era más bien “sedentaria”, vivía todo el año en la zona y no surcaba los océanos. Según Reynolds, Mocha Dick jamás mostraba el costado donde podía recibir un arponazo mortal y no era agresiva, solía nadar al lado de las embarcaciones. Hasta que era atacada.

Las fuentes de Melville

Doce años después del relato corto “Mocha Dick” aparece “Moby Dick”, la monumental obra de Melville, recibida en un principio con frialdad por la crítica. Con los años se transformaría en la gran novela nacional de Estados Unidos, objeto de interpretaciones simbólicas y morales, que encarnaban el mal en la figura del cachalote perseguido por el enloquecido capitán Ahab.

“Melville se basó en múltiples fuentes, entre ellas su experiencia a bordo de un barco ballenero. Su libro pretende ser una especie de tratado sobre la actividad ballenera, además de una novela. Hay largos párrafos con disquisiciones científicas sobre los cetáceos y explicaciones sobre la industria. Los relatos del marino estadounidense Amasa Delano también le influyeron. Sin embargo, como inspiración para los aspectos más dramáticos del relato, las fuentes principales son las desventuras del Essex (incidente real) y Mocha Dick”, opina Cartes Montory.

—El enfrentamiento del Essex contra un cachalote conmovió a Estados Unidos.
“Así es. En 1820, a cuatro mil millas náuticas de las costas de Chile en el Pacífico Sur, el ballenero norteamericano Essex fue embestido por un cachalote. Los tripulantes escaparon del naufragio en cuatro botes balleneros, a los que instalaron velas. Muchos murieron en los meses que pasaron en el mar. Incluso debieron echar suertes y recurrir a la antropofagia. Algunos de los sobrevivientes —que deliraban—fueron rescatados cerca de la isla Santa María y otros, llevados a Valparaíso”.

“La historia impactó en Estados Unidos. A los pocos meses se publicaron las memorias de Owen Chase, primer oficial del Essex. Melville, navegando cerca del Ecuador, conoció a un muchacho de 16 años quien le habló del suceso y le prestó una copia del diario. Era el hijo de Chase. Hoy, después de un largo olvido, es nuevamente una historia popular. Hace pocos años, en el entretecho de una casa de New Bedford, se encontró el relato de un joven tripulante del Essex, con lo que se supieron más detalles y ganó actualidad”.

—Melville, aunque navegó por aguas chilenas, al parecer nunca desembarcó en Chile. Pero nuestro país tiene una presencia importante en su obra, por ejemplo, en la novela “Benito Cereno”.
“Efectivamente, Herman Melville se embarcó en una expedición ballenera, a bordo del Acushnet, en el cual dobló el Cabo de Hornos. Alcanzó hasta la Polinesia, donde desertó de la nave. De manera que vivió sus propias aventuras. Navegó frente a las costas chilenas y conoció tripulantes chilenos, pero no se detuvo en el país. Sí, en Lima. En la tripulación multinacional del Pequod, la nave de ‘Moby Dick’, habla de un marinero chileno, ansioso de capturar a la ballena blanca”.

“Otra novela importante de Melville es ‘Benito Cereno’. Se basa en hechos reales que cuenta el famoso capitán Amasa Delano en sus memorias de viaje. Se trata de una nave esclavista española que se subleva frente a la isla Santa María. Delano controla la rebelión y los negros son juzgados en Concepción. Delano tiene animadas descripciones de la vida de los balleneros y loberos en las islas Santa María y Mocha”.

El retorno de los gigantes

Según Cartes Montory, aunque parte de su libro estudia la explotación ballenera, lo que realmente interesa hoy es poner en valor su riqueza natural y cultural. En el momento en que culmina en Chile la reunión de la Conferencia Internacional Ballenera, con resultados no del todo auspiciosos para los conservacionistas, reflexiona: “Las ballenas fueron perseguidas hasta el exterminio. Ahora hay que protegerlas. Es una especie noble y majestuosa. Además, se debe recuperar el patrimonio cultural asociado a esta industria desaparecida, establecer museos e impulsar el turismo. Pero, sobre todo, hay que celebrar el regreso de las ballenas a nuestras costas”.

Fragmentos de “Mocha Dick”

“Este renombrado monstruo, que había salido victorioso de cientos de peleas contra sus perseguidores, era una enorme ballena, de grandes dimensiones y fuerza. Producto de la edad o probablemente de una anormalidad de la naturaleza, como sucedió en el caso del Albino Etíope, ¡era blanca como la lana! En vez de lanzar un soplo en forma oblicua hacia adelante y con un corto y convulsivo esfuerzo acompañado por un bufido ruidoso, como era usual en su especie, ella expulsaba aire desde su nariz, en forma graciosa y perpendicular...”.

“... Hay diferentes opiniones respecto a la época en que Mocha Dick fue descubierta. Está claro que es anterior a 1810, y fue vista y atacó cerca de la isla Mocha. Numerosos botes resultaron destrozados por su inmensa cola, o molidos en pedazos al ser mordidos por sus poderosas mandíbulas; y en una ocasión se dijo que salió victoriosa de la lucha entre la tripulación de tres botes balleneros ingleses atacando ferozmente la retirada del último de los botes, en el momento en que éste iba saliendo del agua y lo iban subiendo con el pescante del barco”.

Para los que han leído “Moby Dick” de Melville, el desenlace de la historia de Mocha Dick, de Reynolds, constituirá toda una sorpresa.

2 Comentarios publicados
Posteado por:
Pablo Andrés Bonati Díaz
01/07/2008 10:21
[ N° 1 ]

Estimada Elena:

Muy entretenido el reportaje, pero quiero aportar corrigiendo algunos errores:

Rocual deriva de una palabra noruega para ballenas con surcos, que se refieren a los surcos que las ballenas tiene en la zona ventral, las Right Whales corresponden a las ballenas francas (por ejemplo la franca austral)que no tiene surcos y taxonomicamente pertenecen a familias distintas (rocuales: balaenopteridae. Ejemplo ballena azul; Right Whales: balaenidae. Por otra parte el texto del Knickerbocker, tambien conocido como New york monthly magazine, esta disponible desde 2003 en la web, y fue publicada en 1839 y tambien en 1846 y de acuerdo a todas las fuentes que consulte, es un relato veridico.

Posteado por:
monica zerega bravo
11/07/2008 20:09
[ N° 2 ]

No es esto de los blogs maravilloso?. Gracias a Elena por el reportaje y gracias Pablo por la correcion.

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