Artículo
Domingo 06 de Julio de 2008
La comedia en la era de YouTube

Christian Ramírez

¿Vale la pena ir a ver la película de Sex and the city? Depende. ¿Siguió la serie en TV, la tiene en DVD, quiere material para copuchar con los amigos, siente que tiene que “estar al día”? Tal vez le convenga ir. ¿O tal vez sólo quiere ver una buena comedia? Algo que no parezca repetido en serie, que sea genuinamente divertido, que no deje sabor a comida rápida. Porque si es así, tal vez le interesaría saber que las aventuras cinematográficas de Carrie Bradshaw —que han recaudado un poco más de 300 millones de dólares a nivel mundial— no es tanto una comedia como una franquicia exitosa. Un gran negocio.

Una buena comedia es un animal totalmente distinto. Obvio que la gente que las crea también está pensando con una mano en la billetera, pero al mismo tiempo son conscientes de que su contacto con el material debe ser instintivo y visceral, ocurra éste a nivel de la cabeza, del corazón o derechamente por debajo de la línea del pantalón. “Life is hard, comedy is harder” —la vida es difícil, la comedia lo es más— reza una de las máximas favoritas de los profesionales del ramo y de ahí que ésta se haya vuelto una disciplina casi imposible de reducir y encasillar en estos tiempos donde los formatos cambian a la misma velocidad que los gustos se uniforman, donde el humor prefabricado (con risas grabadas y todo) comparte sin problemas espacio televisivo con la vocación amateur. ¿Qué es genuinamente cómico? ¿Cómo se hace? ¿De dónde se extrae?

En su increíble poema /rutina Modern man, el finado George Carlin —una de las grandes mentes cómicas contemporáneas— insinuaba que al final del día ello dependía de una muy democrática capacidad de asimilación de lo que está allá afuera, partiendo por el lenguaje mismo. Los comediantes norteamericanos hicieron del tema un verdadero apostolado a lo largo del siglo pasado y por eso mismo es lógico que miremos hacia ellos en estos días de incertidumbre.

La comedia “a la antigua”

A primera vista el panorama se advierte desolador. Los gringos parecen bastante perdidos en esto de hacer comedia “a la antigua”. Basta observar el nivel de su televisión. A la gente a la que de verdad le va bien lo consigue apelando a fórmulas muy tradicionales (como Two and a half men, la serie de Charlie Sheen), zambulléndose sinceridad y buen tino en el humor ramplón (My name is Earl), usando las fórmulas clásicas (30 rock) o vendiendo un producto de reconocida tradición (Los Simpson). Incluso decanos del humor como Saturday Night Live han sufrido esta última temporada, indecisos entre la tentación de liberarse de sus teatrales sketches y plegarse a la ola de la parodia digital.

Hace poco, viendo Hot Rod, una comedia sobre un adolescente que fantasea con la idea de ser un doble de acción y que falla miserablemente una y otra vez, recordaba lo que me habían dicho: “De lejos parece una historia muy típica, pero ojo que es una comedia youtube”. Y es cierto, la primera película protagonizada por Andy Samberg —el actual chico maravilla de Saturday Night Live— se parece mucho a los cortos digitales que éste hace para el programa; lo que funciona del filme sólo lo hace en tramos breves, en espasmos de risa. Perfectamente se podría subir la cinta entera en capítulos, en trozos de cinco minutos, a YouTube y el resultado no se diferenciaría mucho de los cientos de miles de archivos humorísticos que aloja dicho sitio.

La parodia de la parodia de la parodia

Fragmentación. ¿Hacia allá va la comedia en estos días? Es una posibilidad entre muchas. Lo cierto es que el material que los espectadores están consumiendo fuera y dentro de las salas ya no se parece mucho a las formas clásicas, a lo que solíamos encontrar cómico hace veinte y más años. Ni pensar hoy en acercarse con candidez e inocencia al romanticismo chic de Cuando Harry conoció a Sally o a los desmadres de Blake Edwards y su Pantera Rosa. Si hay algo de lo que beben estas comedias modernas —estas hijas ilegítimas de Supersecreto y media docena de Locademias— es de la parodia de la parodia de la parodia. Es un milagro que la fotocopia a veces se sienta genuina.

El mercado hace rato recicló las fórmulas clásicas, esas que en su tiempo fueron válidas para Jerry Lewis, para Billy Wilder y hasta para las comedias de Elvis Presley, de modo que ahora en las comedias gringas hasta la brutalidad también tiene su lado tierno (Ligeramente embarazada) y lo convencional puede salpicarse de humor nerd (Locura de amor en Las Vegas). Los espectadores aún se tragan, hasta cierto punto, las realizaciones producidas en serie (ya está en preproducción Scary Movie 5) y también las inofensivas comedias familiares hechas a la medida de superestrellas como Robin Williams, Ben Stiller, Eddie Murphy o Adam Sandler, pero más que comedia todo eso se acerca más a la idea de franquicia, de producto que se explota mientras tenga vida útil (como ocurre hoy con Sex and the City, como ocurrirá quizás con una eventual película basada en la serie Friends).

La insularidad

Además no hay que subestimar un nuevo factor: la insularidad. Por años se ha dicho que sólo los norteamericanos entienden su tipo de humor, aunque el éxito de sus películas lo desmentía. Parece que ya no. Recientemente el New York Times se quejaba de que incluso las comedias americanas más exitosas (Supercool, por ejemplo) recaudaban poco y nada fuera de Estados Unidos, pese a toda la promoción que se les inyectaba.

Lo que nos devuelve al principio. Antes que los estudios ha sido el público el que ha tenido el buen sentido de partir a buscar lentamente la comedia en otras partes, en formatos extra cinematográficos como el cable o el DVD donde hoy proliferan shows gatillados por la explosiva y censurada aparición de Jackass a comienzos de década, el gusto adquirido por ver especiales de stand-up comedy, disfrutar del gran nivel de ciertos programas nocturnos de la televisión gringa (The Daily Show, Late night with Conan O’Brian), la circulación de varios programas descaradamente disfuncionales (The flight of the Conchords), la persistencia de unos cuantos viudos del recordado “modelo Seinfeld” (como It’s always sunny in Philadelphia) y la creación de una que otra joya de todos los tiempos (Curb your enthusiasm y The office en su británica versión original). Ahí radican las raíces de la comedia actual y de la que vendrá. Y también en todas estas maravillosas ridiculeces que, si uno es aplicado, puede descargarse o mirar a través de YouTube. En trocitos.


Géneros, subgéneros e infragéneros

Juan Pablo Vilches

Habiendo padecido sólo algunos capítulos de la serie Sex and the City, es fácil darse cuenta de que en realidad no se trata tanto de una comedia como de un vehículo aspiracional, como muchos que se han hecho para hombres pero con protagonistas más variados (robots, agentes secretos, etc.). Aparte de la falta de comicidad, la película tendrá que sobreponerse al temido cambio de formato, el que hizo trastabillar seriamente a 31 minutos y del que Los Simpson sólo se libró radicalizando la trama y los alcances políticos de ésta. Probablemente Sex in the City no sea una buena película y tampoco una buena comedia; y no va a estar sola en eso.

Hay más de una razón para explicar lo difícil que es encontrar buenas comedias, al menos en lo que recibimos de Hollywood en nuestra cartelera. Una es una mala comprensión de la corrección política, cierta autocensura que no hace gran cosa por hacer sociedades más tolerantes y que termina limando las garras de un género que desde el tiempo de Aristófanes tiene afanes corrosivos. Es lamentable comprobar que las comedias de los años 60 eran más ácidas y libres que muchas de las cintas que se ven hoy, las que muestran más piel y más garabatos como tristes sustitutos de una libertad de palabra que se perdió en el camino. Afortunadamente hay directores talentosos, como los hermanos Farrelly, que invirtieron con inteligencia la lógica de la corrección política con resultados espléndidos.

Lo otro que se percibe es una tendencia a la segmentación por género que ha hecho bastante mal. Por una parte las comedias para hombres han radicalizado el humor genital y de adolescente ansioso, mientras que las comedias para mujeres se han canalizado a lo que se llama “comedia romántica”, un subgénero devenido en infragénero del que han salido realmente muy pocas películas que merezcan verse. No es por añorar el pasado, pero no es fácil encontrar cintas que atraigan a un público más amplio con el mero ingenio y una buena construcción de personajes y situaciones, como sí lo hacía La Pantera Rosa o Una Eva y dos adanes.

Un columnista del New York Times dijo que la generación de estadounidenses que está por salir de la secundaria será la primera en la historia de su país que tendrá una educación de peor calidad que la de sus padres. Si esto incide en las comedias, también tendrá que incidir en los demás géneros, y la descorazonadora evidencia de las miríadas de malos remakes que se hacen en Hollywood nos inclina a creer que hay una crisis creativa en toda la industria. Pero claro, la comedia (junto con el terror) son los géneros que buscan provocar una respuesta más abrupta en el espectador, por lo que su fracaso en el intento es más notorio.


La comedia no es talla

Ernesto Ayala

Puedo andar muy perdido, pero creo que la comedia norteamericana no está en crisis. Si hacemos una comparación, es, junto con la animación, el género con más vitalidad entre los clásicos. Por cierto, está en mejor pie que el western, que casi ya no existe, o el terror, donde no se hace más que basura. Pero también la siento más fuerte y creativa que el melodrama o el cine de acción. Para hacer la lista de las mejores comedias de los últimos 25 años que acompaña este texto, en poco rato levanté más de 40 títulos que recordaba con gusto. No sé si podría sacar del canasto con la misma facilidad 40 películas de acción.

La comedia siempre ha sido maltratada y juzgada en menos. Ahora pueden decir, a pito de Sex and the city, que es mediocre, tal como lo era la serie de televisión, pero francamente está lejos de clasificar como bodrio. Donde más falla es, quizá, en no tener autoconciencia de su propia estupidez. O sea, entre llantos, carteras y zapatos, la cinta se toma más en serio de lo que se merece. Pero ya, es sólo una película más de un género que suele ser basureado. De hecho, rara vez la comedia luce entre los Oscar, lo que no es sólo un síntoma de hipocresía, especialmente cuando consideramos que la comedia alimenta a buena parte de Hollywood, sino del poco aprecio con que se la juzga cuando a la gente le da por hablar del Arte con mayúsculas. Pero está bien que así sea. La comedia no funciona bien cuando se oficializa. Su lugar ha estado siempre en los bordes de lo admitible, a espalda del buen gusto, sucia por los materiales de lo cotidiano, de las debilidades humanas, los instintos básicos y la estupidez. Al propio Shakespeare hoy se le venera más por sus tragedias que por sus comedias, que muy pocos saben apreciar.

Lo bonito es que nadie que haya visto Supercool el año pasado puede decir con una mano en el corazón que la comedia de Hollywood está en crisis. Y también nos llegó ligeramente embarazada. La primera fue producida por Judd Apatow y la segunda fue dirigida por él. Apatow, con poco más de cuarenta años de edad, es un escritor que comenzó a producir y luego a dirigir, y hoy ha creado una suerte de marca registrada en torno suyo, donde la comedia trabaja con materiales bastardos e idiotas a la vez que explora los miedos del ser masculino. Sus películas —algunas más que otras, la verdad, porque está produciendo demasiado— son sucias y viscerales, y al mismo tiempo auténticamente tiernas y conmovedoras. Apatow es, a su vez, un claro heredero de los hermanos Farelly, directores que hace unos diez años remecieron el “buen gusto” en que parecía anclada la comedia para, a su vez, llenarla de espesor y humanidad. Y también hay que considerar a Alexander Payne, ¿o es que todo el mundo ya olvidó Entre copas? Y Jason Reitman (Gracias por fumar, Juno). Y hay varios nombres más, que comienzan a sonar pero no se afirman del todo, como Mike Judge (Enredos de oficina), Fred Wolf (Strange Wilderness), Peter Hedges (Dan in the real life) y Adam Brooks, cuya “Definitivamente tal vez” está en cartelera y es de lo mejor que se ha estrenado en años en el subgénero de “hombre todavía joven perdido en su confusión afectiva”.

No hay que perderse. Si uno quiere hoy encontrar apertura para hablar de sexo, terreno para disentir de la política, sensibilidad para indagar en una economía tomada por las corporaciones o espacio para sentir el malestar del individuo en una sociedad que parece inasible y fría tiene que recurrir a documentales de escasa difusión, buscar películas independientes que difícilmente llegarán al cine o, simplemente, saber mirar la comedia.


Mis comedias preferidas

Christian Ramírez

-Paulina en la playa, Eric Rohmer,1983.
-Mejor solo que mal acompañado, John Hughes,1987.
-Educando a Arizona, Hermanos Coen,1987.
-El mujeriego, Blake Edwards,1989.
-Gremlins 2, Joe Dante,1990.
-El día de la marmota, Harold Ramis,1993.
-Cajeros, Kevin Smith, 1994.
-Kingpin, Hermanos Farrelly,1996.
-Rushmore, Wes Anderson, 1998.
-Aprile, Nanni Moretti, 1998.
-Election, Alexander Payne, 1999.
-My sassy girl, Jae-young Kwak, 2001.
-Jackass: the movie, Jeff Tremaine, 2002.
-La chica de al lado, Luke Greenfield, 2004.
-Los Rompebodas, David Dobkin, 2005.

Ernesto Ayala

- Zelig, Woody Allen, 1983.
-Después de hora, Martin Scorsese, 1985.
-Educando a Arizona, Ethan y Joel Coen, 1987.
- Cuando Harry conoció a Sally, Rob Reiner, 1989.
-El mujeriego, Blake Edwards, 1989.
-La guerra de los Roses, Danny DeVito, 1989.
-Una noche en la Tierra, Jim Jarmusch, 1991.
-El día de la marmota, Harold Ramis, 1993.
-El periódico, Ron Howard, 1994.
-La boda de mi mejor amigo, P.J. Hogan, 1997.
-Rushmore, Wes Anderson, 1998.
-Enredos de oficina, Mike Judge, 1999.
-Dr. T y las mujeres, Robert Altman, 2000.
- Amor ciego, Bob y Peter Farelly, 2001.
-Cosa de hombres, Dylan Kidd, 2002.
-Alguien tiene que ceder, Nancy Meyers, 2003.
- Virgen a los 40, Judd Apatow, 2005.
- En sus zapatos, Curtis Hanson, 2005.
-Viviendo con mi ex, Peyton Reed, 2007.
- Supercool, Greg Mottola, 2007.

Juan Pablo Vilches

- Irene, yo y mi otro yo, Bobby y Peter Farrelly, 2000.
- Cerdos y diamantes, Guy Ritchie, 2000.
- Supercool, Greg Mottola, 2007.
- El sentido de la vida, Terry William y Terry Jones, 1983.
- La cena de los idiotas, Francis Veber, 1998.
- Gracias por fumar, Jason Reitman, 2005.
- Good Bye Lenin, Wolfgang Becker, 2003.
- Victor Victoria, Blake Edwards, 1982.
- La ley de Herodes, Luis Estrada, 1999.
- Marcianos al ataque, Tim Burton, 1996.
- El gran Lebowski, Joel Coen, 1998.

7 Comentarios publicados
Posteado por:
eduardo effa ruttimann
06/07/2008 18:44
[ N° 1 ]

Que pasa con la comedia màs ridicula e idiotizante, pero no menos divertida, como south park,y peliculas como basequetball y dodgeball?????

Posteado por:
Isa Elicer C
07/07/2008 15:13
[ N° 2 ]

Loco por Mary!! y La Familia de mi Novia! excelentes!!

Posteado por:
Fernando Rodrigo Miranda Trujillo
07/07/2008 18:38
[ N° 3 ]

Que fome!!!!

Posteado por:
Constanza Jara Barra
07/07/2008 23:43
[ N° 4 ]

-Spaceballs (1987)
-Irene, yo y mi otro yo (2000)
-Escuela de Rock (2003)
-Annie Hall (1977)
-Tiempos Modernos (1936)
-Cuando Harry Conoció a Sally (1989)
-Tienes un E-mail (1998)
-Papá por siempre (1993)
-Buenos días Vietnam (1987)
-Shrek I (2001) y Shrek 2 (2004)
-Quién engañó a Roger Rabbit? (1988)
-Y dónde está el policía? 1 (1988), 2 (1991) y 3 (1994)

Posteado por:
Oscar Nawel Wenchu
08/07/2008 10:49
[ N° 5 ]

O sea que... ¿la comedia americana está muerta? ¿Ya no es más? ¿Se ha ido a conocer a su creador? ¿Está desprovista de vida, está tiesa, es un fiambre, está criando flores, bajó el telón y se unió al coro invisible? ¿Es un ex-género?

Bueno, quizá no, y solamente echa de menos los fiordos.

Posteado por:
Francisco J Retamal Torres
08/07/2008 12:16
[ N° 6 ]

--->Que pasa con la comedia màs ridicula e idiotizante, pero no menos divertida, como south park

es que ese subgenero tiene un problema: EL ABUSO.
Hay grandes películas en el género del humor escatológico e idiota. Los Farrelly fueron unos maestros en dicha especialidad y definitivamente sus mejores trabajos datan de esa especialidad políticamente incorrecta. Lo mismo digo de South Park...y que decir de los próceres de la especialidad: Jim Abrahamns y los hermanos Zucker.

El problema, repito, es el abuso. El mejor ejemplo de ello es la prolongación excesiva de Scary Movie y sus derivados( Scary uno a 4, epic, date, una loca película de espartanos, y ahora se viene disaster movie...), así como sucede con el cine de terror, donde las fórmulas probadas se repiten hasta el hartazgo.

Cual es la formula? mujeres casi desnudas, chistes sobre sexo, órganos y secreciones, imitaciones de peliculas o celebridades, blah blah blah...si la viste una, las viste todas. Che Kopete ha demostrado que con la vulgaridad es fácil hacer reír. Y también demuestra que "a cualquier costo"

Incluso a costa del cine. Creanme, que este tipo de películas, el cine se ve más perjudicado que con piratas e internautas.

lobocinepata.wordpress.com

Posteado por:
Jorge Camposanto Camposanto
03/08/2008 20:00
[ N° 7 ]

Ud, critica a los gringos, pero toda su cultura filmica es norteamericana!

¿Ha vivido en EEUU para poder diferenciar la diversidad de gente que hay, los distintos gustos, los distintos programas de tv, los distintos tipos de films y directores?

Dese una vuelta pero pase unos buenos años en EE.UU para entender esta cultura, y no generalice a la buena de Dios!

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