
José Zalaquett
Hoy es frecuente hablar de una desazón nacional y los historiadores recuerdan el ánimo sombrío que imperaba en la sociedad chilena cien años atrás. Se cita a Enrique McIver y su diagnóstico sobre la infelicidad de los chilenos, escrito a comienzos del siglo XX: “Se nota un malestar de todo el país… El presente no es satisfactorio y el porvenir aparece entre sombras que producen intranquilidad”. Por otra parte, en estos tiempos de encuestas y barómetros, los diarios publicaron un estudio según el cual no estamos entre las naciones más felices, pero tampoco entre las más desdichadas. Menos mal que todavía no nos han medido con un cierto índice de “Felicidad Nacional Bruta” que se ha desarrollado por ahí. Este engendro estaría compuesto de siete indicadores políticamente correctísimos: bienestar económico, medioambiental, físico, mental, laboral, social y político (¡ugh!).
En todo caso, como sabemos o deberíamos saber, la historia enseña que, parafraseando la exclamación Madame Rolland sobre la libertad, frente a la guillotina, bien se podría decir: “¡Felicidad, cuántos crímenes se han cometido en tu nombre!”. Pero, un momento… ¿estamos hablando de un estado comunitario o individual de felicidad? Y, en todo caso, ¿qué es la felicidad?
Sobre la ventura personal, alguien me dijo que Agustín Squella había escrito que él se sentía feliz, aunque no contento. Si es cierto, me atrevo a interpretar que entiende la felicidad como la definió un autor cuyo nombre no recuerdo: el uso pleno de las facultades propias en un nivel de excelencia. Y su falta de contentamiento revelaría, supongo, que uno no puede estar enteramente satisfecho sabiendo de la desdicha de tantos otros. Muchos —e imagino que Squella estaría de acuerdo— han asociado la felicidad individual (o más bien los momentos felices) con circunstancias de convivencia que se viven como un presente de camaradería y disfrute y, al mismo tiempo, con una placentera anticipación de la nostalgia con que más tarde los evocaremos. Así, Albert Camus declaraba que en su edad madura, su mayor alegría consistía en compartir una buena mesa con amigos. Para otros, la felicidad no sólo es huidiza sino que siempre se encuentra situada al otro lado de la verja; sería una condición imaginaria (en palabras del psiquiatra Thomas Szasz) que antiguamente los vivos atribuían a los muertos y ahora se acostumbra que los adultos atribuyan a los niños y éstos a los adultos. Unos terceros, decididamente cínicos, se han atrevido a caracterizar la felicidad como “una sensación agradable que brota de contemplar la miseria de otro”.
¿Tiene sentido tratar de definir la felicidad? Pienso que no, porque tal como sucede con la palabra amor, quisiéramos creer es una noción de significado unívoco, pero de hecho se emplea para designar una infinidad de sentimientos, estados o anhelos inefables. No obstante, así como se ha dicho que no podemos alcanzar la verdad, sino que a lo más avanzamos trabajosamente, desbrozando un camino cubierto de falsedades, quizás podemos coincidir en que, si bien es difícil caracterizar la felicidad, hay condiciones que obstruyen su realización, como quiera que la concibamos. Entre ellas, las carencias que amenazan frustrar nuestras necesidades más primarias de seguridad y autonomía, la falta de acogencia dentro de las comunidades en las que quisiéramos ser reconocidos como partícipes, y la incapacidad, innata o adquirida, de hallar sentido ni siquiera en la naturaleza, el arte o los niños, en aquellas circunstancias, no suficientemente infrecuentes, cuando todo lo demás parece perder sentido.
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Posteado por: andres ducci budge 06/07/2008 18:41 [ N° 1 ] |
distinguiendo felicidad social("ambiente generalizado interior de una nacion,pais...")de la felicidad personal individual,la columna trata de la social,mas cuantificable,al apelar a un termino medio. |
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 07/07/2008 12:27 [ N° 2 ] |
Lindo tema puesto en la mesa. El mismo Camus a la pregunta de que era la felicidad, respondia (futbolista él) pasenle una pelota de futbol a un grupo de niños y contemplará la felicidad.Para mi la felicidad es eso distinto a la amargura, a esa cara vinagre y agria que se de preferencia en Santiago. |
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Posteado por: Leonardo Vergara Cabezas 08/07/2008 11:52 [ N° 3 ] |
Toda la razón don Hernan, Camus no pudo ser mas preciso y don José presente también. Por otro lado está Sísifo, pero en fin, la cuestión de la felicidad en el mundo actual ya ni siquiera nos da espacio a la pregunta fundamental de su significado. Y quizás es por eso que cuando nos preguntamos si esxiste realmente justo ahí deja de existir. Entonces Ya no mas preguntas y a jugar como niños cuando nos pasen la pelota. |
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Posteado por: Osvaldo González Rojas 10/07/2008 12:57 [ N° 4 ] |
Hola don José: |
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Posteado por: SOLEDAD VALDEBENITO BAEZA 12/07/2008 16:23 [ N° 5 ] |
La felicidad no es un estado que se pueda medir por tener u obtener cosas, el ser humano la busca incansablemente a traves de cosas o personas, ese es el gran problema. La felicidad radica en donde uno coloca la mirada. Asi como todos tenemos fe, porque Dios nos diseñó de esa forma, el punto está ¿Dónde coloco mi fe?. En las personas,(todos fallamos) en las cosas, (son pasajeras), todo eso efímero, por eso no logro alcanzar la felicidad. |
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