Beltrán Mena
Domingo 13 de Julio de 2008
Ordenando libros

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Beltrán Mena

Una reciente mudanza me ha vuelto a enfrentar al viejo problema de cómo ordenar los libros. Cortar una repisa acarrea consecuencias inesperadas, como que Goethe cambie de pared y amanezca junto a un manual de gasfitería. El efecto a veces es feliz –como que Petronio quede junto a Henry Miller– pero al final hay que reordenar todo y algunas decisiones toman varios minutos. Las decisiones gruesas son siempre fáciles, es en las fronteras donde surgen los problemas: un ensayo de Zweig sobre Balzac, ¿va en Zweig o va en Balzac? Al final todo es un juego y volver a pensar donde colocar un libro nos hace recuperar ese libro.

Pero cuando se trata de más libros que los de una biblioteca doméstica, el asunto requiere oficio. El problema central de la bibliotecología es que un libro tiene infinitas propiedades, pero un sólo ejemplar. ¿Dónde colocarlo? Existen varios sistemas de clasificación y aprenderlos ocupaba buena parte de la formación de un bibliotecario. Ya no. Las bases de datos permiten ubicar el ejemplar en cualquier parte y buscarlo por cualquiera de sus propiedades. El oficio de bibliotecario está cambiando.

Pero eso no es todo. Google está publicando en Internet bibliotecas enteras a gran velocidad. Hoy podemos buscar en el texto completo de esos libros, lo extraordinario es que las páginas que nos entrega son imágenes del libro original, con su tipografía, sus timbres y manchas… su dedicatoria, todo. Todo menos el libro.

¿Qué sentido tiene entonces acceder al ejemplar físico? Aparte del placer de la posesión (que confieso), y de la cuestionable voluptuosidad que algunos entusiastas atribuyen al libro (el olor parece que les gusta mucho), no hay duda de que el ejemplar original tiene siempre la posibilidad de la sorpresa, porque la realidad es siempre más que el relato. En este sentido no se me ocurre un mejor ejemplo que la historia de un investigador de apellido Kennedy, que estudiaba a van Leewenhoek, pionero del microscopio (el primero en ver microbios, glóbulos rojos, espermatozoides, polen y otras minúsculas maravillas).

Los estudios y dibujos de van Leeuwenhoek están todos publicados, pero Kennedy insistía en acceder a los originales. Reticentes, los bibliotecarios le permitieron ver los cuadernos, con guantes blancos. Él no sabía qué buscaba, examinaba sobre todo aquello que las imágenes no muestran: el papel, una nota en el lomo, la encuadernación… Entonces notó que el canto de la tapa posterior tenía una fina ranura hecha con navaja. Al separarla con su cortaplumas cayeron sobre la mesa veinte especímenes que el mismísimo van Leeuwenhoek colocó allí en el siglo XVII... pétalos de flores, pequeños insectos, tejidos… El atónito investigador pudo observar, consiguiendo en un museo los microscopios originales, los mismos objetos de van Leeuwenhoek, tal como él los observó. Pudo descubrir así cuales de las observaciones del científico podían atribuirse a la distorsión del primitivo aparato.

El mundo digital, como tantos monstruos de dos cabezas, nos da y nos quita. Pone libros a nuestro alcance al tiempo que les da el golpe de gracia. Nos regala su imagen y nos quita su materia. Nos abre secretas bibliotecas y nos aleja de los pétalos ocultos de la realidad.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Consuelo Salas Lamadrid
13/07/2008 11:10
[ N° 1 ]

Claro, ordenar libros fue fue el comienzo de la bibliotecología. Aunque más que ordenar libros, hemos tenido que decidir cuáles comprar, cómo conseguir los fondos, qué nuevos servicios necesitan los usuarios y cómo atraerlos. Por otro lado también luchamos contra las censuras y el biblioclasmo, una vez que entendimos que el libro estaba pra leerlo, no para gurdarlo. Ya en el siglo XX los libros son solo una parte de las fuentes que nos toca organizar y mantener a disposición de los usuarios; se incluye también variada documentación, las colecciones especializadas, las de publicacíones periódicas, los archivos, etc. Y en este siglo, nos especializamos también en recursos digitales, su acceso, el estudio de sus usos, etc. Se trata de una profesión que evoluciona a la par de las tecnologías de la información y la comunicación, y de las nuevas formas de educarse, informarse y usar el tiempo libre.

Bbibliotecaria, lic. en Bibliotecología y Gestión de Información. Doctoranda en Bibioteconomía

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