
El Comelibros Álvaro Bisama
1. Canción animal: en algún ensayo, Mario Bellatin confesaba que gustaba de tener animales (peces, por ejemplo) cerca suyo mientras escribía. Observaba sus reacciones y las anotaba. Paulatinamente, la conducta de sus mascotas interfería en la estática de la escritura y terminaba por afectar la conducta de los personajes de sus libros. 2. La idea me vuelve a la cabeza cuando leo La vida de una vaca, de Juan Pablo Meneses, donde es usada con un rigor más que delirante. 3. La vaca de Meneses se llama La Negra. 4. No sé por qué, pero me acuerdo de una canción de Atahualpa Yupanqui que alguna vez cubrieron Los Divididos, “El arriero”, música perfecta para este libro: distorsionados solos épicos de guitarra que explican a la vez la precariedad y la abundancia, la tragedia y la ironía del libro de Meneses. 5. Lo que importa: el autor, fogueado en la guerrilla de la mejor non fiction —por ahí anda su impecable Equipaje de mano para probarlo—, escribe cómo su vida cambia en el momento en que decide comprar a la Negra. 6. La Negra no es una mascota. Meneses no quiere establecer una relación con ella, no quiere animarse a quererla. Quiere usarla para internarse en la cadena productiva —o el corazón de las tinieblas— del negocio de la carne en Argentina. 7. Aparecen así una historia de la carne trasandina, los límites del periodismo, los escenarios del mercado bovino, una detallada taxonomía de los cortes de carne y la política argentina, amén del encuentro con personajes tan diversos como delirantes (destaca ahí el Rey de la Carne, empresario ex amigo de Menem devenido en capo político y opinólogo). 8. El fondo: el libro es una autobiografía. La Negra es la excusa. Entre la trivia de carnicería y las citas bovino-pop aparecen los destellos de la vida del autor en un país que lo desborda, que desea descifrar. La vida de una vaca trata de modo divertido y doloroso los modos del extrañamiento, la posibilidad de perderse en un país desconocido y hallarse y reconocerse en otra lengua. 9. El mejor ejercicio de crónica siempre es el que se desfigura a sí mismo en el camino, el que se convierte, más allá del tema, en una especie de espejo del redactor, despojándolo de toda certeza, convirtiéndolo en la sombra de la duda que es el mismo texto. Eso pasa con La vida de una vaca. 10. Dato: Meneses escribió alguna vez una ficción ambientada en una carnicería. Ese cuento quedó trunco o inédito. Meneses terminó escribiendo este libro, que por cierto puede ser leído como el karma o el nirvana de pasarse de los terrenos de la ficción a la realidad y darse cuenta de que no hay demasiada distancia, de que todo —Argentina, la carne, el campo, la ciudad, las infinitas variables del acento americano— es lo mismo, de que todo queda demasiado cerca. 11. La Negra, en el libro, termina siendo un símbolo, un mito que puede ser la nacionalidad o algo más bien impresentable. 12. Quizás sea por la capacidad crónica de Meneses de volver lo nimio delirante, de volver al exceso entrañable. 13. Mea culpa: no tengo idea de por qué no se ha escrito más de este libro por acá, de por qué yo mismo no lo he hecho antes. 14. Quizás porque aquella confusa vida cotidiana argentina que describe Meneses se parezca en algo a la también confusa vida cotidiana chilena: campos de pastoreo sobre el horizonte, hospitales abandonados, carnicerías como centros sociales, la arquitectura anacrónica de los mercados y las ferias mayoristas, pueblos abandonados por la historia, avenidas atestadas, corrales de todo tipo.
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Posteado por: Julían García Huidobro 21/07/2008 16:17 [ N° 1 ] |
Buena crítica, Álvaro. Egoístamente, mejor que no se hable tanto del libro, así queda como secreto de unos pocos, como pasa otros países. |
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