
Algunas preferencias del modernismo en las artes y las letras se aclaran si se las entiende como reacciones destinadas a contrariar y superar al romanticismo que lo precedió. El modernismo literario se quiso parco, seco, breve y preciso; en las artes plásticas y la arquitectura, abstracto y funcional. Los modos expresivos de los románticos, la proliferación de lo sensitivo y sentimental en sus obras, el culto de las suavidades y los matices borrosos, los derrames húmedos y pegajosos y las insinuaciones historicistas desaparecieron bruscamente allí donde se impuso la estética modernista. Por la vía del rechazo de su antecesor, se llega a la abstracción geométrica en las artes visuales y al ideal de la descripción exacta y económica en la literatura. Saul Bellow en su Herzog sostuvo que las letras deben ser “claras, secas, frugales, puras, frías y duras”.
Modernistas conscientes y practicantes fueron Kafka, Eliot , Pound, Wittgenstein, Beckett y Borges, entre otros. Son autores que estiman la precisión y cultivan, tanto en poesía como en prosa, una escritura marcada por detalles concretos, por situaciones bien definidas e iluminadas, no tanto por explicaciones como por ejemplos paradigmáticos capaces de controlar todos los aspectos de una creación compleja desde el centro de su sentido principal. El proceso y El castillo de Kafka ilustran esta manera de componer. También los poetas prefieren los versos sin adornos y, de ser posible, sin metáforas. Borges discute a menudo el sentido que estas valoraciones modernistas tuvieron en la historia de su propia obra.
Señala al modernismo, además, una cierta distancia desconfiada frente a lo personal, demasiado personal, y un aprecio muy novedoso de las posibilidades literarias y teóricas de la descripción como modo preferido de discurso. Incluso la filosofía, que fue siempre más bien raciocinante y argumentativa, se decide, tanto en la fenomenología de Husserl como en el análisis del lenguaje ordinario de Wittgenstein, por la descripción como método de investigación y de exposición de los resultados obtenidos.
T. E. Hulme, un poeta que murió muy joven durante la primera guerra mundial, decía que en su país, Inglaterra, la cultura a comienzos del siglo XX atravesaba por “un estado de sensiblería exagerada en el cual tenemos la desgracia de vivir”. En una conferencia en la Sociedad de Poesía de Londres explica la inspiración moral de la nueva sobriedad. “Un crítico que escribe en la Saturday Review de la semana pasada se refirió a la poesía como el medio por el cual el alma se eleva a regiones superiores, y como un medio de expresión a través del cual el alma se incorpora en una realidad de índole superior. Bueno, estas son las aseveraciones que yo absolutamente detesto. Quiero hablar de versos de un modo corriente, como hablaría de cerdos, esto es, de la única manera honesta de hacerlo. El presidente (de la Sociedad de Poesía) nos dijo la semana pasada que la poesía era parecida a la religión. Pero no es nada de esta clase. Es un medio de expresión tal como la prosa y si no se la puede justificar desde este punto de vista no vale la pena conservarla”. Hulme es autor de un famoso ensayo titulado “Romanticismo y clasicismo” que desempeñó una influencia considerable sobre el desarrollo del modernismo en las letras inglesas.
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