
Juan Pablo Vilches
El exabrupto de una escolar de 14 años que lanzó agua a la ministra de Educación no hizo mucho en favor de la causa de los escolares. Con suerte sirvió para que los que opinan siempre opinen lo que siempre opinan, pues no hizo más que decir algo que ya sabíamos y que el documental La revolución de los pingüinos, de Jaime Díaz Lavanchy, se propone confirmar: el descontento de los secundarios aún existe por la sencilla razón de que lo medular de lo exigido por los estudiantes -en las calles y en los establecimientos tomados- en 2006 todavía no ha sido satisfecho. Aunque, claro, el material obtenido y montado no está puesto tanto en función de mostrar el conflicto desde una perspectiva temporal o política más amplia, sino de reconstruir los 20 días febriles que marcaron el peak del movimiento.
Al otro lado de la reja
Después de sortear rápidamente (tal vez demasiado) el proceso de gestación del movimiento, la película ofrece un relato día por día en los que ocurrieron los hechos más significativos y de mayor alcance mediático. Al material exclusivo filmado in situ se agrega un comentario desde el presente de dos de los voceros del movimiento, los que son un real aporte en términos de perspectiva y lucidez, así como una pausa necesaria para un material que alcanza a ratos un ritmo frenético.
Esto, que es un mérito en términos de narración, va acompañado de imágenes y testimonios que son un aporte a la comprensión que la sociedad puede tener del movimiento estudiantil. La desconfianza de sus líderes hacia los medios de comunicación, y la tendencia de varios de éstos a caricaturizar personas o convertir procesos complejos en “historias”, no ayudaron a que la ciudadanía conociera del todo bien al movimiento sino por ciertos efectos disruptivos. El documental se anota un valioso punto cuando encara y pregunta a los periodistas de los medios por qué éstos cambiaron el discurso (desde el asombro y la simpatía a los infundios y la suspicacia) en un momento determinado, y más de una vez muestra desde dentro de los colegios tomados una aglomeración de cámaras y micrófonos que esperan al otro lado de una reja, quienes nunca pudieron ver lo que el documentalista sí vio.
¿Y qué vio? Bastante de la trastienda de lo ocurrido en esos días, la pluralidad irreconciliable de voces e ideas que finalmente debilitó al movimiento y la forma de operar de la cúpula de voceros en sus diálogos con las autoridades políticas con que finalmente se llegó a la creación del Consejo Asesor Presidencial de la Educación. Una escena particularmente importante es la asamblea en que los estudiantes reciben el apoyo de más de 100 organizaciones sociales cuando hacen su llamado a un paro nacional. Las imágenes escogidas nos muestran cómo un movimiento surgido para exigir una mejora en la calidad de la educación se convirtió en ese momento en un catalizador de un malestar general con nuestro modo de vida, malestar poco articulado y hasta ahora ineficaz políticamente que no por eso deja de estar ahí, a la espera de otras instancias para reaparecer.
Razón y razones
Llega un momento en el que la cámara se mueve y es tratada como el registro oficial del movimiento estudiantil, e inversamente el documental asume una identificación total con sus intenciones y una admiración indisimulada -aunque bastante entendible- por Juan Carlos Herrera y María Jesús Sanhueza, los principales narradores de la cinta. Con la misma cercanía se hace un recuento pesimista de lo que en términos concretos fue una derrota, apelando a imágenes bien escogidas y montadas, como la de una pancarta volteada por el viento en que los estudiantes exigían la estatización de la educación.
La cercanía del cineasta con sus protagonistas es una tremenda ventaja que le permitió “estar ahí” donde no hubo ninguna otra cámara, pero también puede convertirse en una importante debilidad. Por cercanía se puede obviar toda la complejidad que implica reformar un sistema nacional completo de educación en un contexto democrático; y también por cercanía se puede asumir que los estudiantes tienen razón y, como consecuencia no deseada de ello, no exponer cabalmente sus razones.
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Posteado por: Jorge Camposanto Camposanto 27/07/2008 11:49 [ N° 1 ] |
Me parece excelenete análisis pues casi una mayoria de artículos y columnistas de izquierda principalmente piensan que jay que cambiar todo el sistema porque esta corrupto, y la globalizacion es hoororosa en Chile, etc, etc, y que el jarro de agua es expresion de eso por tanto Musica hizo lo correcto. Ese analis es maniqueo y no es lo mas inteligente. Su articulo pone las cosas como deben analizarse. tendran razon los jovenes que hay que hacer mas democratica la educacion pero si cada cual no se pone de acuerdo y que lo mas importante es la violencia, pues nada se resolvera.Y si hay criterios distintos entre los estuadiantes, entonces no s ellega a ningun acuerdo articulado. |
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