
Escribí un libro sobre literatura chilena y una de las conclusiones más rotundas que saqué en limpio fue que alguien debería reeditar El río (1961), de Alfredo Gómez Morel. Sería un acto de justicia literaria y de riesgo moral. Pero también descubrí otra cosa: que Gómez Morel debería colocarse al lado de Claudio Giaconi. A ambos los releí la misma semana y me aterraron sus sincronías, reflejos, imposibilidades. Eso, porque, quizás, uno puede ser la sombra del otro, aunque sus mitologías, biografías y generaciones (pero… ¿un bordeline como Goméz Morel fue realmente capaz de pertenecer a algo?) no tengan nada que ver y a sus obras principales las separen diez años, una ciudad y un país completos. La razón es sencilla: todo lo que La difícil juventud (1954) se propuso (una literatura chilena nueva, la descripción de un Santiago secreto, la caracterización de una angustia existencial capaz de destruir al narrador y al mundo) fue en realidad concretado en El río, aquella obra límite que edifica ese Chile que repta a la sombra de la instituciones, mientras narra la educación moral de un delincuente que aprende las leyes del bajo mundo metropolitano, en un tour de force que incluye religiosos pederastas, ladrones, asesinos, incesto y precariedades de todo tipo. No en vano, El río es conmovedor, demoledor y hardcore, en el sentido más literal de la palabra. De ahí que al lado de Gómez Morel, Giaconi luzca como un pequeño lord inglés —o ruso, mejor dicho— preocupado de minucias como la existencia de Dios o el sentido del arte, mientras describe adolescentes vacilantes, sacerdotes modernillos, artistas perdidos en la ciudad y vidas dilapidadas por un horror encerrado en las cuatro paredes de ese leimotiv que es la casa chilena. Pero eso no es suficiente, no basta. Algo falta, al punto de que en el presente, aquel lugar mítico que ocupa Giaconi entre los aprendices de escritores, bien podría ocuparlo Gómez Morel, que fue traducido al francés, prologado por Neruda y luego juró una obediencia bizca al gobierno militar de un modo tan impresentable como delirante. Pasaríamos así de los clichés de un mesías postadolescente que lee a Kierkegaard a un ex delincuente que redacta —como exorcismo, terapia y bildungsroman— sus propias memorias en una novela donde la identidad del narrador está tan violentada que no puede reconocerse ni siquiera en la posibilidad de poseer un nombre propio. De este modo, mientras los cuentos de La difícil juventud languidecen ahora como documentos de época, la violencia urbana y el Santiago secreto de El río siguen vigentes en cada programa sensacionalista prime time, al modo de un recordatorio de lo que la ciudad olvida y guarda bajo la alfombra, redactando —como alguna vez hizo El roto, de Edwards Bello— las variadas formas de la perversión de la ciudadanía nacional. Por supuesto, todo lo que yo me estoy aquí inventando es una ficción, suena exagerado. Pero quizás toda la alharaca de Giaconi sobre el agotamiento de la legitimidad de ciertas instituciones y disciplinas (la familia, la iglesia, la filosofía, el arte, los libros) se vuelve una certeza insoslayable en El río, que es una distopía donde el peso de la noche luce más bien como un caudal de agua sucia. Es una revelación inquietante y sirve, por un rato, para releer el canon. Así, al lado de la prosa afiebrada de El río los artistas calenturientos y los lectores torturados de La difícil juventud (y de los libros de la generación del 50 casi completa) suenan huecos, enfermos de un resfriado literario. El río, por el contrario, es una obra viral, una tuberculosis pura que hace que uno recuerde lo que se olvida a ratos: la mejor literatura chilena siempre es invisible e inclasificable, indefectiblemente monstruosa.
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Posteado por: robinson valdés villalobos 04/08/2008 16:55 [ N° 1 ] |
hermosa columna, de lo mejor que te he leído, solo darte las gracias por dar sentido a leer la opinion de un otro... solo aportar que leí la "La dificil Juventud" hace algunos años casi como un imperativo social, pero realmente fue una experiencia bien decepcionante, salvo algunas rafagas, no me dejo mucho más que una desilución, todo lo contrario de "El rio", novela asombrosa, vital, que huele !!si huele!! por sus cuatro costados, a sangre, mierda y barro...como las grandes literaturas destinadas a permanecer |
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Posteado por: Fractus Oracus V. 04/08/2008 22:56 [ N° 2 ] |
respecto a su articulo senor bisama como lector, siempre me han molestado los periodistas que tienen buenas intenciones de ser atistas o pretenden entender a los artista. sepa ud. que para ser escritor se necesita mucha dedicacion y talento. ud escribe, es un periodista que tiene buenas intenciones pero no son suficientes como para serlo. ud usa a dos escritores y los zamarrea a su gusto para darle asunto a su pseuda ficcion. es una verguenza la falta de tino y respeto para estos escritores. su falta de respeto y conocimiento de la obra total de claudio giaconi y tambien del autor gomez morel es notable en su articulo. juan gomez quiroz desde new york. |
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Posteado por: carlos jesús cantuarias Lagunas 05/08/2008 16:32 [ N° 3 ] |
Llama la atención que los detractores de Giaconi aparezcan sólo después de su muerte. Se percibe el uso de adjetivos fáciles y cobardes, como si la hondura de algo fuera sólo hacia la brutalidad literal y no se aceptara esa otra hondura, más sutil, de la gris angustia. Quizás se deba al nivel elemental de nuestro país, tanto futbol, interminables regueros de basura, o a la incapacidad o falta de práctica de una existencia deliberadamente psíquica. Si la obra no toca las gonadas de un lector, no es necesariamente culpa de la obra, puede que su pretenciosa viceralidad se encuentre más cómoda en el oficio de un carnicero. |
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Posteado por: Carlos Henrickson Villarroel 09/08/2008 19:01 [ N° 4 ] |
Ciertas cosas obvias: 1) El Río YA fue republicado, el año 1997, por Ediciones Sudamericana. Dadas las estrechas relaciones íntimas de Álvaro Bisama con Germán Marín (otro calumniador de muertos), editor histórico de Sudamericana, que muy probablemente tuvo parte en la reedición del citado año, este artículo es falaz. Da vergüenza que hagan jueguitos de estrategia editorial en diarios de circulación pública, sin ningún sentido del pudor. 2) Es que alguien quiere republicar La Difícil Juventud? Vendría bien, claro. Lo que sí es que parece que Álvaro Bisama intenta insultar la inminente publicación de la obra completa de Giaconi. Otro jueguito de mercado editorial. 3) Interesante marginalidad la de Gómez Morel: prologado por Neruda, traducido al francés... Como marginal, no es exactamente el modelo. Sí puede ser modelo de aprovechamiento "a lo choro". |
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Posteado por: Carlos Henrickson Villarroel 09/08/2008 19:15 [ N° 5 ] |
Ese aprovechamiento "a lo choro", en una de esas, le gusta a Álvaro Bisama. Es decir, olvidarse de la menor ética a la hora de la actividad de gestión y difusión literaria, insultar y chivatear para ganar espacios a la pura maña. |
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Posteado por: robinson valdés villalobos 10/08/2008 17:48 [ N° 6 ] |
es extraño pero los lectores y defensores de Giaconi son igual de lateros, amargados ,rabiosos y pseudointelectuales que la obra del susodicho, fuerza Alvaro, la verdad duele y en Chile somos de callos delicados... |
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