
Macarena García G.
“Ah, esa farsa”, dice desdeñoso Sergio Villalobos, Premio Nacional de Historia, cuando le decimos que este artículo nació de la pregunta de por qué Bernardo O’Higgins no está entre los 10 finalistas de Grandes Chilenos. “Son cosas que inventa la televisión, una farsa populachera que no sirve de nada, divulga falsedades no más”, concluye Villalobos y después agrega cuán increíble le parece que no esté allí ni Pedro de Valdivia, ni Andrés Bello, pero sí ese otro tipo “de la música” que no tuvo ninguna trascendencia (Víctor Jara). Respecto de Carrera y Rodríguez, los dos independentistas incluidos, es tajante: “No hay la menor duda de que O’Higgins tiene mayor peso que cualquiera de ellos, si lo que hizo Manuel Rodríguez fue anecdótico, sin importancia”.
Villalobos no es el único enojado con el listado de ilustres que presenta TVN. En las últimas semanas hemos visto cuánta rabia puede (todavía) dar la televisión: hackeo a su sitio web, campañas por internet para votar por Arturo Prat y, también, contracampañas llamando a ignorar el dichoso programa.
Que no esté en ese listado Bernardo O’Higgins, el Padre de la Patria y sí estén otros tantos, es un termómetro que mide algo. “A mí no me impresiona para nada. Es un formato de votación popular y si hay algo que O’Higgins no es, es héroe del pueblo”, opina Alfredo Sepúlveda, periodista y autor de “Bernardo” (Ediciones B, 2007), una documentada y ágil biografía del prócer. “Carrera tiene mucha más mitología, es un personaje cinematográfico, con gran narrativa; era un tipo que caía bien, que era bueno para la guitarra y mujeriego, era lo que hoy llamaríamos un ‘vendepomadas’”, agrega. Para Manuel Salas, historiador de la Universidad de los Andes, la ausencia tiene más que ver “con que estamos en un país que está sufriendo una crisis cultural y educacional que no sólo provoca que se reniegue del pasado, si no que muchos no lo conozcan”. Cristián Guerrero Lira, de la Universidad de Chile, piensa que se debe a una suma de factores, entre ellos, que “desde pequeños se nos presenta como el militar que compite con Carrera y que como gobernante estableció un gobierno dictatorial. Su imagen se nos ha moldeado como la de un ser más bien serio, retraído, hasta aburrido podría decirse. Que su muerte no haya sido tan trágica, le resta romanticismo. No ocurre eso con Manuel Rodríguez, Prat, Balmaceda o Carrera, casos en que se produce mayor afectividad”. “Yo creo que él se murió como no quería morirse”, elucubra Sepúlveda. “Él era consciente de cómo mueren los héroes y se fue a Perú con planes de pelear”.
De la heroica lista de TVN dos mueren en batalla —Arturo Prat, Lautaro— tres, ejecutados —Manuel Rodríguez, José Miguel Carrera y Víctor Jara— y otros dos, por suicidio —Salvador Allende y Violeta Parra—. El Padre Hurtado sufre una muerte prematura. Enfermos y viejos, sólo fallecen los dos premios Nobel, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, lo que hace evidente la primacía de una idea romántica del gran chileno, algo lejano a la vida (y muerte) del forjador de la Patria.
El exilio
“En el siglo XIX fuimos ingratos con O’Higgins”, afirma Roberto Arancibia, historiador del Ejército. “Él fue un adelantado y acá no lo supimos reconocer. En Perú le dieron todos los honores que no le habíamos dado nosotros”. Arancibia no se refiere sólo a cómo la elite dirigente lo obligó a dejar el mando en 1823, tras un discutido y autoritario gobierno (en el que se habría mandado a matar, entre otros, a los Carrera y a Manuel Rodríguez), sino también a los hechos posteriores: la remoción de sus títulos militares, el largo y turbado exilio en el Perú, el rechazo de la sociedad chilena y la demora en su reconocimiento como figura fundacional.
“Fue un proceso lento”, explica Cristián Guerrero Lira. “Exiliado en 1823, solo a inicios de la década del 1840 se le autorizó para volver al país —poco tiempo antes de su muerte— y sus restos permanecieron sepultados en Perú”. Él anhelaba regresar, pero no alcanza a hacerlo. Muere en Lima en 1842 y vuelve, en la capilla ardiente de un buque, veintiséis años después. “Durante esos 46 años de ausencia, las pasiones generadas al interior del grupo independentista se fueron calmando y al momento de su repatriación, si bien aún existían, no eran tan fuertes”, explica Guerrero Lira. Sepúlveda, el biógrafo, es más directo: “(Tras su partida) hay una reidealización de los Carrera, hasta el punto de mutar la historia; en la prensa de esos años hay batallas que Carrera perdió que se las dan como ganadas. A fines de los 60, los enemigos de O’Higgins ya habían muerto. Sólo quedaban los hijos de éstos, que comenzaron a darse cuenta de que no había sido tan malo”.
“Regresó a Chile en gloria y majestad: lo reciben en Valparaíso, con honores de pito, se le hacen muchas ceremonias y monumentos...”, cuenta Roberto Arancibia y se levanta a rebuscar entre su biblioteca un libro, “La corona del héroe”, donde, con prólogo de Vicuña Mackenna, se publicaron los discursos de las distintas autoridades en ése, el primer gran funeral de Estado que se celebraba en el país. “Ahí, al fin, se le reconoce su obra”.
Fue entonces, en 1869, durante el apoteósico funeral, cuando comienza a llamársele Padre de la Patria. El cuerpo llega primero a Valparaíso y posteriormente a Santiago, ciudad que se había preparado con un duelo nacional de tres días, luto riguroso de parte de todos los funcionarios públicos, cañonazos cada quince minutos y banderas a media asta. La historiadora peruana Carmen Mc Evoy cuenta, en “Funerales republicanos en América del Sur” (publicado por el Instituto de Historia de la PUC en 2006), que la catedral metropolitana que aguardaba los restos era “una obra colosal de decoración funeraria. El templo había sido enlutado rigurosamente, habiéndose cubierto todas sus columnas con cortinajes negros guarnecidos de plata”. Mc Evoy arguye que tal despliegue de honores era una forma de apropiación de la memoria de O’Higgins para “la construcción de una legitimidad política y de una identidad cultural que será incorporada dentro del conocido discurso de la excepcionalidad chilena”. Ese mito fundante de que Chile no tuvo un período de anarquía tan grande gracias a la mano dura de su padre fundador.
“Caricaturescamente, uno podría ser que Vicuña Mackenna inventó a O’Higgins, porque son los primeros historiadores profesionales, como él y Barros Arana, los que lo toman y comienzan a darle la figura de ‘Padre de la Patria’”, explica Alfredo Sepúlveda, quien en “Bernardo” cita a Mc Evoy diciendo “O’Higgins fue reinventado a través de la memoria selectiva de los encargados de rendirle su postrer homenaje”. Manuel Salas, historiador de la Universidad de los Andes, niega esa concepción, según él, se trata del proceso natural que tiene la historia, que necesita un tiempo para decantar los contenidos. Tras ese lapso se confirmó el rol decisivo de O’Higgins.
Tras la repatriación de su cuerpo —y su consideración como “Padre de la Patria”, apelativo hasta el día de hoy discutido por algunos defensores de José Miguel Carrera—, se levantó la primera estatua ecuestre —hoy en la Alameda—, se dispuso que su retrato estuviese en el Palacio de Gobierno y que el mayor buque de la Armada llevara su nombre. “De ahí en adelante la imagen de O’Higgins y su nombre están presentes en plazas y calles del país”, explica Guerrero Lira. En 1944, se renombra la calle principal de Santiago como “Alameda Bernardo O’Higgins” en honor al prócer que, a comienzos del siglo XIX la había convertido en un camino flanqueado por álamos traídos de Mendoza. Dos años después, en 1946, se publica “O’Higgins”, de Jaime Eyzaguirre, biografía premiada en un concurso convocado por el gobierno para divulgar la vida y obra del héroe. En su prefacio, escrito por el mismo Eyzaguirre, queda manifiesta la distancia que también entonces tenía el héroe con el público no erudito; el autor dice que ha escrito “en un lenguaje ajeno a disquisiciones técnicas, la manera de rescatar para el público patriota y sobre todo para la juventud (...) la figura nacional de O´Higgins, hasta ahora recluida en el estrecho recinto de los especialistas”.
Diez años después del esplendoroso retorno de O’Higgins, murió Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, en el abordaje al Huáscar. “Su actuación simbólica durante la Guerra del Pacífico es enorme —explica Sergio Villalobos—, por eso hay en todas las ciudades de Chile una calle Prat y una calle O’Higgins. Uno es el gesto romántico y la muerte, el otro es una persona más apacible. De él, Neruda dijo que era sencillo como un sendero”. Apenas después de conformarse la figura de Padre de la Patria, la memoria de O’Higgins debe saber compartir el podio con una figura romántica. Los niños se disfrazan de marineros y los presidentes dan sus mejores discursos cuando el calendario marca un 21 de mayo, mientras pocos recuerdan el cinco de abril de la batalla de Maipú. O’Higgins en la moneda de 10 pesos; Prat en el billete de 10 mil.
Altar de la Patria
Hubo, sí, un momento más reciente en que el Estado se volcó a glorificar a O’Higgins. Fue con ocasión del bicentenario de su natalicio, en 1979 (en rigor, correspondía hacerlo en 1978, pero la cuasi-guerra con Argentina demoró un poco la fiesta). “Yo comparo el funeral de la repatriación de su cuerpo con el de Pinochet, porque él también hace una cosa fundacional. Básicamente, lo que hace es comparar los períodos históricos, compara su gobierno con el de O’Higgins y dice que tanto él como O’Higgins desafiaron a los timoratos. De alguna forma justifica la mano dura. Era una forma de decir que ya lo hicimos para fundarnos y ahora lo estamos haciendo para refundarnos”, comenta Alfredo Sepúlveda. Fue para el bicentenario del prócer, cuando se le pone —decreto ley mediante— el rimbombante título de “el libertador” y se construye el Altar de la Patria frente a La Moneda para alojar sus restos. “A este lugar se le atribuyó otro significado. Fue considerado una obra más del gobierno del general Pinochet y no lo que debía ser, la tumba de O’Higgins”, se lamenta Guerrero Lira. ¿Fue la figura de O’Higgins pinochetizada? “Es algo evidente”, responde Guerrero Lira, “ya sea por la similitud de grados (capitán general) o porque según algunos el gobierno de Pinochet tuvo una inspiración en O’Higgins. No diría que es algo absoluto y permanente, cada uno de ellos debiera seguir su propio camino en la interpretación que hacen los historiadores del pasado y la valoración que hace la gente común del mismo”.
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Posteado por: Julio Acuña Fernandez 04/08/2008 13:52 [ N° 1 ] |
O´HIGGINS Y LA POLEMICA. Hay cierto desaire puesto que en el “concurso del chileno más popular” se dejó a O´higgins fuera. Pero como ciudadano de Chile y testigo ocular de los hechos desde los ochentas para ahora, creo que hay tres cosas que nos influyeron para esta decisión. 1. SE ACREDITA QUE O´HIGGINS FUE EL MALO DE LA PELÍCULA. Y esta pesada carga la lleva por la muerte de los hermanos Carrera y de Manuel Rodríguez. Es una lástima, pero el poder que tenía lo usó en contra de estas personas que gozaban del vox populi y eso le afectó hasta ahora. Ese es el problema. No otro. Se reconoce que fue un gran soldado y un gran líder y que como Carrera hizo también grandes obras para el beneficio del país con su clara lucha por la independencia de Chile.
Formador |
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Posteado por: Germán R. Pinto Perry 04/08/2008 14:18 [ N° 2 ] |
Este artículo me aclaró porqué existe esta adversión hacia el Padre de la Patria, aunque bien sabía que nadie es profeta en su tierra y es una conducta rebelde bien vista el hecho de atacar a los íconos culturales. En mi fuero interno, creía que producciones como Héroes era un reflejo de esta actitud "progresista" que nos saca los velos de la ignorancia que el poder nos ha puesto o, simplemente, porque nuestros padres nos obligaron a creer, pero ahora entiendo que es un mal endémico de nuestra vida cultural. |
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Posteado por: Germán R. Pinto Perry 04/08/2008 14:20 [ N° 3 ] |
En mi opinión, someter a una masa ignorante de su pasado y despreocupado por su Historia (fruto de profesores "fomes" que pasaban los programas sin el compromiso que las materias requerían, castrando a los jóvenes la posibilidad de conocer su pasado histórico-cultural) es desvalorar el esfuerzo de muchos chilenos que hicieron algo por nuestro país, y es evidenciar cómo los votantes están influenciados y conminados a votar por alguna celebridad artística o por alguna figura más popular gracias a la farándula de nuestra época, que por la valorización de algún personaje que, como O'Higgins, se ganaron a costa de su vida personal, el lugar que la Historia le ha consagrado. |
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Posteado por: Alejandro Lecaros 05/08/2008 08:25 [ N° 4 ] |
Por favor, si el abuso de nuestros héroes para fines político partidistas de corto plazo, ha sido siempre, si los rimbobantes títulos que le dio Pinochet, como “Libertador” cuando a Maipú llego, simplemente, a felicitar a San Martín por haber liberado Chile, o su asimilación la grado de Capitán General, otra maniobra para la risa. Pero la dictadura reciente jamás estaría dispuesta a reconocer que la patria fue liberada por un Argentino, al que incluso se le ofreció la primera magistratura la que, con muy buen tino, rechazó. El impulso a un nacionalismo barato y primitivo está detrás de todo ésto, no se reconoce que la independencia de España fue obra de numerosos patriotas, los que trabajaron mancomunadamente para dicho fin, desde Bolívar, pasando por el general Francisco de miranda, sin olvidar a San Marín ni a Las Heras. |
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Posteado por: Juan Francisco Mariqueo Chandía 06/08/2008 02:04 [ N° 5 ] |
"NO ME AYUDE COMPADRE" |
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Posteado por: Ovide Mênin Piaty 14/09/2008 18:02 [ N° 6 ] |
¡Puta que me gusta el texto de Juan Francisco!. Así se escribe, canejo!...No soy chileno pero admiro a O´Higgins. ¡Que tanto remover el perol para crear dudas!. Hay que percibirlo enmarcado en su época y punto. O.M.P.- |
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