Opiniones
Domingo 17 de Agosto de 2008
Libro clave “Estravagario” cumple 50 años: El gran cambio en la poesía de Neruda

Darío Oses

Neruda escribe en sus memorias, que “los espantosos hechos” de Stalin, “revelados implacablemente” en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, de 1956, fueron una íntima tragedia, y a “esta revelación que sacudió el alma, subsiguió un doloroso estado de conciencia…”.
Neruda necesitó tiempo para procesar este remezón del alma. Sólo en 1964, en “Sonata crítica”, de Memorial de Isla Negra, expresa explícitamente su perplejidad y condena frente a Stalin. Luego lo hará en otros libros como Fin de mundo, de 1969, y el póstumo Elegía. Sin embargo, su primera reacción se encuentra en Estravagario, que apareció un 18 de agosto de 1958, hace ya cincuenta años.
En sus memorias, el poeta declaró que de todos sus libros, éste “no es el que canta más, sino el que salta mejor”, y en una entrevista a Rita Guibert, en 1970 dijo que Estravagario tenía una forma equívoca, “la burla a la inteligencia, o un sentido más risueño del que hay en muchos otros de mis libros…”.

No puedo más con tanta piedra.

Es curioso que Neruda escribiera un libro “risueño” entre 1957 y 1958, cuando se le estaban desvaneciendo muchas certezas. Es que si bien experimentó aquel “doloroso estado de conciencia”, al mismo tiempo debe de haberse sentido liberado de algunos pesos que desde hacía tiempo venía cargando con dificultad: el de la visión única y dogmática del mundo, el de las verdades absolutas y las aseveraciones inapelables, el de la retórica, la solemnidad y la pompa de tanto congreso, ceremonia y homenaje a los que debía asistir.
“Estoy cansado de las estatuas./ No puedo más con tanta piedra…”, escribe, como aludiendo a la pesadez de la cultura y de las historias oficiales, en el poema “Cierto cansancio”, y luego se pregunta: “Si seguimos así llenando/ con los inmóviles el mundo, ¿cómo van a vivir los vivos?”
Más adelante vuelve a reclamar vida para los vivos: “Dejen tranquilos a los que nacen!/ Dejen sitio para que vivan!/ No les tengan todo pensado, / no les lean el mismo libro…”.
Reclama, además, otras cosas, como diversidad de miradas para ver el mundo. En el poema “Bestiario” dice: “Quiero más comunicaciones,/ otros lenguajes, otros signos...”.
Para el poeta ya no hay verdades absolutas ni unívocas. Y si las hay llegan cuando ya no se las necesita: “y allí cuando el viento recorra /los huecos de tu calavera /te revelará tanto enigma, / susurrándote la verdad / donde estuvieron tus orejas…”, dice en “Por boca cerrada entran las moscas”.
Bombero e incendiario

Se desvanece también la identidad monolítica del poeta ciudadano, la afirmación del “Yo soy”, de Canto general: un sujeto fundamentalmente definido por su compromiso con un gran proyecto histórico.
Ahora el poeta ya no es un sujeto, sino muchos y no sabe cuántos ni quiénes: “De tantos hombres que soy, que somos, / no puedo encontrar a ninguno: / se me pierden bajo la ropa…”, escribe en “Muchos somos”, y: “… me voy a cambiar de persona,/ voy a discrepar de pellejo…” en “Partenogénesis”.
Además de ser muchos, nunca da con el que necesita: “Cuando arde una casa estimada/ en vez del bombero que llamo/ se precipita el incendiario y ése soy yo. No tengo arreglo./¿Qué debo hacer para escogerme?”.

Entretanto, en el poema que titula “El ciudadano”, describe sólo a un consumidor compulsivo de ferreterías y termina diciendo: “Estoy perdido para ustedes./ Yo soy ciudadano profundo,/ patriota de ferreterías”. Este vaticinio se ha cumplido en nuestro tiempo, cuando el consumo ha pasado a ser la forma más activa de la participación del hombre en la sociedad y ha desplazado a la ciudadanía.

Al leer Estravagario por momentos veo reaparecer el poeta anarquista que Neruda fue en su juventud. Convendría comparar ciertos motivos de la poesía de Residencia en la tierra con la de Estravagario. Por ejemplo, la alternancia del día y la noche, en Residencia… donde el día es el reino de la muerte, de lo caduco y lo gastado, se reproduce en algunos poemas de Estravagario, como “Diurno con llave nocturna”, en el que la pureza matinal del día, poco a poco, se va ensuciando hasta que por fin llega la noche a limpiarlo.

El otro “Yo soy”

En el poema “Repertorio” se insinúa una nueva identidad del poeta: “Yo soy el que fabrica sueños/ y en mi casa de pluma y piedra/ con un cuchillo y un reloj / corto las nubes y las olas,/ con todos estos elementos/ ordeno mi caligrafía / y hago crecer seres sin rumbo / que aún no podían nacer…”.
Entre esos “seres sin rumbo que aún no podían nacer”, suponemos que en su poesía anterior, podría estar el mismo poeta. En el poema : “Testamento de otoño”, con el que cierra el libro, dice: “…aquí dejé mi testimonio,/ mi navegante estravagario/ para que leyéndolo mucho/ nadie pudiera aprender nada/ sino el movimiento perpetuo/ de un hombre claro y confundido,/ de un hombre lluvioso y alegre,/ enérgico y otoñabundo…”.

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