
Insistentemente los ecólogos nos recuerdan nuestras obligaciones con la naturaleza y la humanidad. En ciertas partes del mundo, como entre nosotros, ellos cumplen con un deber meritorio y bien urgente, pues los castigadores y depredadores de la naturaleza son muchos y actúan generalmente con perfecta irresponsabilidad. En tales lugares ocurre que, por las mismas razones que invitan a llamar al orden a sus habitantes, la ecología es percibida equivocadamente como un movimiento nuevo, de última generación, como se dice de las innovaciones técnicas. Siendo la ecología eminentemente conservadora del pasado, en el mejor sentido de la palabra, tratarla como una nueva onda, o como una manía recién importada de los países ricos que se pueden dar el lujo de las innovaciones costosas, es un error que convendría corregir. Pues una percepción desenfocada como ésta puede debilitar la acción bien intencionada de los ecólogos.
En todo caso, gracias a su reciente notoriedad, la ecología llama la atención cada día más sobre su causa y crece en número de partidarios. Los niños en las escuelas están siendo educados por sus profesores en la ideología de la disciplina. Y hasta las Presidentas se muestran dispuestas a darse un chapuzón en el Pacífico en favor de las ballenas. El movimiento podría preguntar al público en general: ¿Qué más esperan ustedes para inscribirse donde les digan lo que hay que hacer ahora o nunca?
Sin embargo, su actualidad y amplias relaciones con el pasado y el futuro no significan que la ecología sea la revelación de una verdad universal y sempiterna que, puesta en práctica a tiempo, nos curaría de nuestra ignorancia y malos hábitos. Sus limitaciones como enfoque inteligente de la vida se sienten desde el comienzo. Los ecólogos tienen una perspectiva muy amplia: se interesan en el presente para asegurarle un futuro a la naturaleza y a la humanidad. Pero como ellos se imaginan que son. Son conservadores de una naturaleza idealizada por ellos, puesta en peligro por una humanidad demonizada, de la que provendrían todas las amenazas. Por temor de flaquear, sus representantes tienen que valerse de una noción exaltada de naturaleza y de una localización simplista del peligro que corre. ¿Por qué quieren presentar a la naturaleza como toda bondad y sabiduría y al hombre como malhechor? Sabemos que hay muchos argumentos que podrían demostrar lo contrario. Pero insisten en ver al conflicto entre la civilización y la naturaleza como una guerra entre los malos y los buenos y se dicen, sin pensarlo dos veces, que es preciso tomar el partido de la protección de la naturaleza. No ven que la muerte representa siempre un triunfo de la naturaleza sobre la cultura. Y como esta victoria final le está garantizada a través de cada ser vivo, con o sin operaciones bélicas, la naturaleza tiene ganadas de antemano tanto la guerra como la paz.
Sin duda debemos agradecerle que nos haya permitido alojar en su seno un pequeño círculo lleno de significados, donde la entidad viva y pensante que somos pueda existir plena de sentido mientras dura. A la naturaleza por sí misma no se le habría ocurrido fundar una existencia como la nuestra que, siendo solo una concesión temporal, se contenta, sin embargo, con poder desenvolverse irónicamente a la sombra de la muerte.
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Posteado por: Alvaro Pérez Wilson 18/08/2008 04:44 [ N° 1 ] |
Creo estar de acuerdo con el articulo, al señalar el reduccionismo de una postura ecologica intransigente, o culposa. En realidad no hay una naturaleza buena, y hombres malos en lucha. Sin embargo siempre nuestros conceptos nos quedan chicos, y cuando decimos naturaleza, estamos hablando de nosotros mismos. El lenguaje describe pero al mismo tiempo confunde. ¿Podemos separarnos de la Naturaleza? El hombre occidental , post Descartes, tiende a separar el pensamiento , el Cogito, del Mundo, de la Naturaleza. No necesita màs prueba que su Razòn. De ahí surge o se fundamenta un pensamiento racional, "libre" de lo Natural. Esto ha permitido las pruebas cientìficas, los ensayos y errores, las ciencias y los experimentos, que han producido nuestro mundo científico, muchas veces en contra de lo natural. La Ecología no es acaso un llamado a volver atrás? No bastan las señales naturales, sino que hemos de inventar tambien una ciencia para darnos cuenta del desastre que hemos producido. La Ecoloia sin embargo no bastará pues mantiene el error de origen. El error cartesiano, de fundamentar la razòn sólo en si misma. La arrogancia de autosustentarnos en la razòn nos mantiene en el error. No salimos de nosotros mismos. No hay hoy en la Ciencia quien nos fundamente, pues nuestra propia razòn , o nuestro orgullo occidental no nos dejarà ver que hemos cometido un gravísimo error, de mirar la naturaleza como algo exterior a nosotros mismos. Algo que podemos por tanto manipulara, medir, y depredar. Lo que no estoy de acuerdo en el articulo es en ver a la naturaleza como victoriosa al imponernos la muerte. Creo que la muerte no es una victoria de la naturaleza, sino parte del sentido del hombre. Esto sin embargo en nuestra cultura moderna cada vez màs se le da el sentido contrario. La muerte es la enemiga, es la mala. Que ignorancia¡¡¡¡ |
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