Crítica de cine
Domingo 24 de Agosto de 2008
“Crimen y Lujuria”

Juan Pablo Vilches

La última película de Ang Lee exhibe una ambición canónica gigantesca, que quiere abarcar al mismo tiempo la iniciación sexual desde la mirada femenina de “El amante”, la obsesión erótica en tiempos políticamente enrarecidos de “El imperio de los sentidos” y la reconstrucción de la ocupación japonesa de China de “La dama de Shangai”. A eso hay que agregarle una conciencia permanente de la función política (por acción y omisión) de los espectáculos masivos como el cine y el teatro, y la pretensión aún mayor de mostrar un desplazamiento en las creencias y definiciones de una heroína que no se explica a sí misma con una locución en off. Todo esto requiere tiempo, y la larga duración de “Crimen y lujuria” se justifica cabalmente para entramar todos estos elementos en un conjunto que tiene muy pocos puntos bajos.

Todo por la causa

La joven y tímida Chia Chi (Wei Tang) ingresa a un elenco teatral más preocupado de la política que del teatro, al punto que de un minuto para otro se convierte en una célula para asesinar al Sr. Yee (Tony Leung), un encumbrado colaboracionista y torturador. La belleza de Chia Chi atrae a Yee, por lo que la joven actriz se ve obligada a convertir su vida en una representación perpetua para poder acercarse a su objetivo, y llevarlo así a una situación vulnerable. Entabla amistad con su esposa, juega Mahjong con ella y sus amigas, y sostiene con gran naturalidad un tinglado que empieza a crecer hasta amenazar con cambiarla.

En ese sentido, esta película tiene semejanzas con el subgénero de los policías infiltrados, aunque con una salvedad. El detenimiento del director en los detalles y en los gestos transmite la evidente tensión sexual entre ambos, haciendo parecer las repetidas relaciones sexuales explícitas que se ven en pantalla como un suceso inevitable, una culminación de la representación teatral de la joven infiltrada. En realidad son más que eso. El sexo es uno de los relojes con los que se marca una evolución de Chia Chi hacia un destino cuya inevitabilidad está bien oculta mientras se ve la película, pero que es evidente si se observa con más distancia. Igual de evidente es la misoginia desde donde se mira a la protagonista de la historia.

Planetas sin satélites

Llama la atención que una película histórica, que habla de un país y de una ciudad, esté tan enclaustrada en la dinámica de su pareja protagónica que los personajes secundarios pierden toda relevancia. Por una parte, la esposa de Yee es un personaje demasiado inexistente para ser lamentable, lo que no deja de extrañar si consideramos que es interpretado por la potente Joan Chen. Por su parte, el líder del grupo teatral que recluta a Chia Chi empieza siendo un motor importante, pero su indefinición ante la heroína, más que agregarle espesor, lo relega hasta llegar a ser completamente prescindible. El único secundario con algún peso es el contacto de Chia Chi con “el movimiento”; la película dice bastante de ella misma al no molestarse en aclarar si se trata de nacionalistas del Kuomintang o de los comunistas. Los protagonistas, en cambio, son inolvidables. La debutante Wei Tang se lleva el peso de la historia, y su interpretación de la interpretación como amante de Yee avanza y muta hacia una disolución silente pero que no deja lugar a dudas. Leung está soberbio con su laconismo verbal y gestual, pues un papel que pudo haber sido el de un ogro amatoriamente diestro, el actor lo pule y le concede matices esperables (como cierto hastío y una paranoia bien disimulada) y otros más sorprendentes pero creíbles (que el espectador tendrá que ver).

Atracción química

Algunas de las ambiciones de las que hablamos al principio pueden no ser cumplidas, pero aún así podemos ver en esta cinta algo que no se ve muy seguido, al menos para quienes no hayan seguido el cine de Ang Lee: los momentos en que la atracción químicamente pura se vale de las convenciones culturales, pero también las elude, para consumarse en una realidad a la que las palabras “lujuria” o “amor” no necesariamente le hacen justicia.

EN SÍNTESIS

La relación enrarecida de un colaboracionista chino de los invasores japoneses y una joven que es su amante para matarlo da pie a una ambiciosa e interesante película del sólido realizador taiwanés Ang Lee.

“Crimen y Lujuria”
Dirección: Ang Lee.
Elenco: Wei Tang, Tony Leung, Joan Chen, Wang Lee-Hom
País: EE.UU./Hong Kong/China/Taiwán
Año: 2007
Género: Drama/Romance/Thriller
Duración: 157 minutos

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