
Jorge Peña
A mitad de semana me tocó presentar un libro notable. El libro de Luigi Pareyson sobre Dostoievski, recientemente traducido por Constanza Giménez de la Universidad de los Andes, no merece menos que ese calificativo. Pareyson, verdadero padre de la hermenéutica y con aportes sobresalientes en la filosofía del arte, maestro de Vattimo y de Eco, no sólo aporta una brillante exégesis de sus novelas, sino que su propia filosofía bien puede entenderse como un diálogo mantenido durante toda su vida con Dostoievski. Considera que no es posible exponer e interpretar al gigante ruso, sin sentirse personalmente interpelado a discutir sobre las quemantes cuestiones que plantea, sin participar activamente en aquella polifonía de hombres y de ideas en que consisten sus obras y cuyo “realismo superior” o pneumatología es fuente de conocimientos riquísimos –inmanentes a su arte- para la filosofía, teología y psicología.
La lectura de Dostoievski no es agradable, es un pistoletazo directo al corazón, como diría Sartre, es una experiencia fuerte, que afronta verdades que hacen daño y tienen efecto catártico. Ningún personaje busca el placer, el éxito o la felicidad. Todos ellos ejercen la libertad radical hasta el fondo, en el crimen, el suicidio, la locura o el arrepentimiento; algo muy diverso a la libertad postmoderna que graciosamente se ejerce entre banalidades. Todo gira en torno a las “malditas cuestiones eternas”, en la lucha entre Dios y el demonio, el bien y el mal. El corazón del hombre es la sede de esa lucha y allí se concentra su aguda e implacable investigación.
Pareyson valiéndose de una cuidada selección de textos del novelista ruso, nos muestra como éste afronta la realidad espiritual del hombre, su destino trágico, su naturaleza ambigua, su posibilidad de hacer tanto el bien como el mal, su potencial de destrucción y de muerte, su experiencia de resurrección y de vida. Nadie ha sondeado con más talento las profundidades del espíritu humano, sacando a la luz tanto su carácter abismal como su desconcertante ambigüedad. Todo es doble, equívoco, susceptible de interpretaciones opuestas, y ya no es posible distinguir el bien del mal, y como decía Berdiaev, dónde se encuentra Cristo y dónde el Anticristo. Antes el mal se presentaba en forma más simple, y era fácil luchar contra él. Ahora asume la apariencia de bien, se presenta en forma amable y atrayente, y nadie piensa en combatirlo. Son ambiguos el mal, el bien, la belleza, la libertad, el sufrimiento. Como verdades de doble filo pueden derivar hacia lo mejor o hacia lo peor, hacia la redención o la condenación. Sus fascinantes páginas están pobladas de espléndidas y no obstante tormentosas historias de salvación y de perdición: son verdaderas tragedias de la libertad.
Con razón se ha dicho que el centro de la filosofía de Dostoievski es la experiencia de la libertad como el núcleo más profundo del hombre y como condición de todo bien. Sin libertad no existiría el mal, pero tampoco el bien. La libertad está fatalmente envuelta en una dramática aventura de caída y redención, de ateísmo y fe, de rebeldía y obediencia. Nadie mejor que él ha sabido representar el carácter decisivo del problema de Dios para el destino de cada persona y de la humanidad. Dios se ha abandonado a nuestra libertad y exige ser cuestionado por la misma. Es la tragedia del hombre, pero también la tragedia de Dios, quien no acepta ser aceptado más que en la libertad. Recorriendo a fondo el camino del nihilismo y bebiendo su amargo cáliz hasta la última gota, ha abierto una nueva vía para la afirmación de Dios.
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Posteado por: Marco Flores V. 24/08/2008 16:38 [ N° 1 ] |
El tema de la libertad tocado en esta columna es fundamental en terminos de la religion, y la relacion del hombre con Dios. Los que creemos en Dios debemos pensar que Dios ama la libertad del hombre ante todo, por lo cual, Dostoievski hace bien en analizar crudamente lo que puede significar la libertad del hombre,en su espiritu y voluntad de hacer cosas y de vivir en este mundo. EL Sr Peña toca palabras claves de la humanidad, que son "tragedia del hombre", "tragedia de DIos" Esto es bueno recalcarlo porque el hombre con o sin la presencia de Dios vive una tragedia y esta debe ser abordada y no esquivada por nadie. Bien por Dostoievski que nos ayuda a enfrentarla. |
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Posteado por: Andrés González Schaín 24/08/2008 20:51 [ N° 2 ] |
Magnífica luminosidad, de nuevo, de nuestro filósofo chileno Jorge Peña. Pero antes que comprar -o conseguir de alguna forma- este libro, que de inmediato me dan ganas de conocer, lo primero es -seamos sinceros-: leer a Dostoievski, o re-leerlo, o mejor: re-estudiarlo. Recuerdo que sólo he leído -mediocremente, y solamente por exigencia de mi colegio, el San Ignacio El Bosque- "Crimen y Castigo". Y me llegó al corazón, pero no lo suficiente. Si se dice que este autor es un verdadero clásico, entonces asumo mi culpa, y me propongo re-estudiarlo. "Los Hermanos Karamzsov" (la más aplaudida), y también "El Idiota", "Los Demonios", etc. Partamos, honestamente, por los clásicos; después a los comentarios. |
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