Historia
Domingo 31 de Agosto de 2008
"Chile en cuatro momentos" una manera vívida de conocer la historia

Magaly Arenas Zapata

El día a día de los chilenos que nos precedieron, la vida real, y no sólo los grandes sucesos de la historia de Chile estarán a la mano de cualquier lector interesado gracias a esta original publicación que ha preparado la Universidad de los Andes en colaboración con El Mercurio y Enersis.

Hay muchísimos datos que sorprenden y encantan por lo novedosos y por sus ausencia de los libros de historia. Hasta ahora, la historia que se enseña en Chile, incluso en la enseñanza básica y media, es bastante teórica, pero este nuevo aporte pretende que las personas aprendan experimentando los hechos. Por eso se ha incorporado el trabajo de distintas facultades de la universidad mencionada que han cooperado desde sus especialidades para saber, por ejemplo, cuánto costaban las cosas, qué comían, cuánto les permitía ver la iluminación de las velas, cuánto frío pasaban, etc. Todo para lograr cercanía con el pasado.

El texto está inundado de datos interesantes que los libros de difusión de historia no suelen abordar; así, cada página es una verdadera sorpresa. Se han reconstruido espacios y lugares tradicionales mediante imágenes en 3D que permiten entrar en la casa santiaguina del siglo XVIII, ubicada en Huérfanos con Ahumada.

El primer tomo, que circulará el próximo 3 de septiembre, abordará la familia y el territorio. Bajo estos grandes temas, sabremos sobre los secretos del parto, la afectividad en la familia, las comidas, ciudades, paisajes, el ejercicio de la justicia, los engaños conyugales, las castas y la sangre africana, entre otros aspectos.

Hacia el 1700, por ejemplo, se calcula que unas 15 mil personas eran de ascendencia negra. En ese momento se estima que la población total del país, sin contar a los indígenas de Arauco ni otras etnias del sur y del norte, no llegaba a los 100 mil habitantes.

Incluso, los investigadores han podido comparar presupuestos familiares de 1710 y de 1997, y comprobar que, curiosamente, el gasto destinado a vivienda no difiere mucho del actual; pero en cambio, el ítem alimentación es del todo diferente.

¿Cuánto ganaba, por ejemplo, un militar? En el libro —entre las estimaciones de precios que contiene— se encuentran los sueldos de los militares en 1703. Un maestre de campo ganaba 900 reales al mes, que en pesos de hoy corresponderían —según estimaciones referenciales— a un millón y medio. En cambio, un sargento recibía 100 reales, unos 175 mil pesos actuales.

“Al final esperamos que los chilenos al leer ‘Chile en cuatro momentos’ tengan una visión más de Chile, quieran más a su país, se sientan orgullosos de ser chilenos. No se busca un revisionismo histórico, queremos mostrar, y cada uno verá si le gusta, nuestro país, nuestra tradición, nuestra historia, que a veces dejamos tan de lado y miramos sólo para afuera; soñamos con un futuro que es una quimera y no nos damos cuenta de que si uno mira para atrás se siente orgulloso de este país’’, explica entusiasmado Francisco Javier González, director del Instituto de Historia de la Universidad de los Andes, editor general de “Chile en Cuatro Momentos”.

Enfoque moderno

Hace dos años y medio pensamos que teníamos que hacer algo para el Bicentenario, sobre todo viendo algunas publicaciones que se habían realizado en el extranjero. Podíamos ofrecer algo novedoso, y encontramos el apoyo incondicional de ‘El Mercurio’ y de Enersis’’, cuenta Francisco Javier González.
Pero como Chile ya existía antes de 1810, decidieron iniciar el relato en 1710 y estructurar la investigación en cuatro siglos. “La idea ha sido meter al lector, hacerlo testigo, partícipe del momento que estábamos mostrando, que no viera una cosa nostálgica y lejana, sino que pudiera vivir, sentir, comprender esa realidad, y para eso había que dar una serie de informaciones y datos precisos, que iban más allá del dato histórico tradicional y que requería del apoyo de otras disciplinas, por lo que recurrimos a médicos, ingenieros, economistas, arquitectos. Hemos usado intensamente la interdisciplinaridad con el rigor de la ciencia, para que vaya al fondo de las cosas’’, explica González.

Otro aspecto que llama la atención es la riqueza visual de este trabajo, que, según los investigadores, está en la línea de provocar la vivencia de la vida histórica a través de las imágenes.

“Creemos que a esta generación hay que darle un soporte histórico fuerte, porque con la globalización se nos desarraiga. Darle un soporte para ser chilenos y no avergonzarse del pasado’’, explica la historiadora del arte Isabel Cruz.

En cuanto a la base conceptual de esta investigación, la misma historiadora señala que la idea matriz es la línea de estudio que después desembocó en la historia de la vida cotidiana, que ha sido llevada adelante por los franceses. Ésa fue la opción de estos investigadores.

Este enfoque les permitió constatar “cuán diferente tiene que haber sido la realidad histórica de la versión de la historiografía’’, comenta la historiadora.

Hacerse preguntas diferentes

Lo más interesante para los propios historiadores fueron las preguntas que se hicieron. Esta vez se permitieron hacerles a las fuentes históricas, a veces frías y distantes, preguntas que fueran más cercanas a la gente.

“Así pudimos recrear escenas, visualizar cómo eran la suciedad, la tierra, las acequias, los árboles que había en esa época, que no son lo mismos de ahora; las vestimentas en los distintos estratos sociales. Trabajamos con la realidad, nos pusimos realistas, y creemos que con eso podemos llegar a más gente’’, señala Alexandrine de la Taille, doctora en Historia.

Claro que como explica Jacqueline Dussaillant, coordinadora general del proyecto, a algunas preguntas no les pudieron dar respuesta. “Porque hay un trabajo riguroso y cuando no tienes fuentes que te dicen algo o te lo sugieren y simplemente hay un silencio, no hay más que decir’’.

En la línea de entregar un contenido sólido, recurrieron a los mejores especialistas chilenos y extranjeros, como sucedió con Teresa Gisbert, Ramón Gutiérrez, Ramón María Serrara, entre muchos otros, los únicos que participan con textos firmados. Son autores que contribuyen con su rigor académico. También figuran destacados historiadores chilenos como el padre Gabriel Guarda, Fernando Silva y el director del Museo Andino Hernán Rodríguez.

Además, el equipo chileno se sometió a un trabajo colectivo de verdad, poco habitual en el mundo individualista de los historiadores chilenos. Todos escribían, todos se leían, todos se corregían.

En lo personal para los propios historiadores, esta forma de enfrentar la historia fue una experiencia. “Descubrí que estaba tratando con seres más vivos de lo que yo creía’’, cuenta Augusto Salinas, doctor en Historia.

Imágenes inéditas

En el ámbito de las fuentes, Manuel Salas, secretario académico del Instituto de Historia, explica que la tarea fue ardua, porque del período colonial chileno hay poco material y muy disperso.

En cuanto a las imágenes, señala que fue curioso constatar la gran cantidad de ellas que existen fuera del país, en lugares tan lejanos como Suecia, Dinamarca, Holanda, Inglaterra, Francia, Alemania, Austria, e incluso Australia y Nueva Zelandia. Los viajeros fueron los grandes ilustradores de la realidad, “cosas que a nosotros no nos llamarían la atención porque es parte de lo cotidiano, a ellos sí les impresionó, y hoy nos sirven para reconstruir el pasado’’, explica Salas.

“Para hallar imágenes debimos extender una serie de redes internacionales’’, cuenta Jacqueline Dussaillant, doctora en Historia. Son más de 30 las instituciones en Chile y en el extranjero que las facilitaron. El trabajo gráfico facilitará la comprensión de un período hasta ahora bastante pobre en términos visuales.

Colocar la calidad de la educaciónen al centro

El propio rector de la Universidad de los Andes, Orlando Poblete resume así el proyecto: “Quien disfrute de la Historia y tenga sensibilidad ante el pasado, está llamado a descubrir estos ‘Cuatro momentos’ y a enriquecerse con una mirada innovadora de nuestra Historia, ilustrada maravillosamente. Nadie puede quedar al margen de un trabajo de excepción que es fruto de la combinación de conocimiento científico, excelencia académica y calidad narrativa’’.

Asimismo, Cristián Zegers, director de “El Mercurio’’, sostiene que un factor de sana provocación para llevar adelante este proyecto ha sido la responsabilidad de colocar la calidad de la educación en la primera prioridad ciudadana.

“Desde la masificación de la educación media, hace casi cincuenta años, tuvo que resentirse el estudio de las humanidades. La inadaptación y dispersión de los programas de estudio han incidido en el resultado de la enseñanza de la historia universal y patria, relativamente desvalorizadas en los currículos de ciencias sociales. El hecho lamentable es que incluso un número altísimo de los que llegan a la educación superior carece de una idea coherente y mínimamente adecuada de lo que ha sido Chile”.

“Felizmente, no se ha perdido el instinto popular por conocer y sentir el pasado, de lo cual hay muchas manifestaciones innegables, pero sí se echan de menos métodos e innovaciones atractivas y modernas en la narrativa histórica disponible”, concluye Zegers.

PRECIOS DE AYER Y HOY…

Sergio Salas Fernández, candidato a doctor por la U. de San Pablo CEU (España), tuvo la ardua tarea de realizar la conversión de precios, y sus resultados son sorprendentes y entretenidos. El objetivo del ejercicio fue acercar y comparar las preocupaciones de cada día que tenía un chileno del siglo XVIII con uno del siglo XXI.

—¿Cómo lo hicieron?
“Barajamos todos los factores que pudimos, hasta que finalmente decidimos hacer una proyección referencial de los precios a partir de la paridad de los precios dados en oro, ya que generalmente se considera a éste como el más estable en el tiempo. A partir de ahí, igualamos las unidades de medidas utilizadas entonces (como la arroba, la onza y la fanega) a las usadas hoy’’, explica Salas.

—¿Algo que te haya sorprendido por lo caro o barato?
“Me parece que uno no puede quedar indiferente con lo caro de la ropa a principios del siglo XVIII, sobre todo comparando los precios a los que uno tiene acceso hoy. A principios del siglo XVIII, por ejemplo, una camisa con encaje se compraba por sobre 300 mil pesos actuales. No es de extrañarnos, entonces, que la ropa se heredara por varias generaciones. Por otro lado, los libros, un bien siempre apetecido, también eran muy caros. Así, nos encontramos con que la Física de Prado o el Gobierno Eclesiástico de Gaspar de Villarroel valían cerca de 50.000 pesos actuales, pero el diccionario en lengua castellana (tres tomos en papel mantequilla) alcanzaba el exorbitante precio de 3.258.106 pesos de hoy’’.

—¿Y lo más sorprendente de todo para ti fue…?
“De todas maneras, el precio del pan y los zapatos. Su precio sigue siendo muy similar, al costar más de 700 pesos el kilo de pan y 20.000 pesos el par de zapatos’’.

—¿Qué tan certeras son las cifras calculadas?
“Como te decía al principio, nuestra idea siempre fue hacer una equivalencia referencial y clara, y por lo tanto hay que tomarla como tal. Pretender hacer una equivalencia exacta no sólo escapa a esta investigación, sino que además es prácticamente imposible, debido a la cantidad de variables que habría que considerar luego de 300 años. Sólo piensa que las frutas y verduras con la tecnología que conocemos hoy están sujetas a variaciones estacionales y de otros tipos que hacen subir y bajar los precios con gran sensibilidad. Es lo que ha ocurrido en los últimos meses, por ejemplo, con el arroz.
Por eso, y para un análisis de largo plazo y más exacto, particularmente en el de los alimentos básicos, el historiador debería de considerar ajustar no sólo las fluctuaciones estacionales, sino también factores como el del almacenamiento, conservación, epidemias, guerras, inflación, cambio de moneda, etc.’’.

EXPERIMENTOS: LUZ, CALOR Y MEDICINA EN 1700

Las facultades de Ingeniería y de Medicina se sumaron a los investigadores del Instituto de Historia de la U. de los Andes y experimentaron para hacerse una idea real y concreta de las condiciones de iluminación, calefacción y médicas que enfrentaban los chilenos en el 1700.

Orazio Descalzi, doctor en Física Teórica, explica que “hubo una mirada científica y tecnológica al pasado. Uno a través de esto se da cuenta cuánto avanzó la humanidad. No sólo Chile, porque el páis vivía a expensas de los inventos de los demás. Hay que apreciar el adelanto científico y cómo influye en nuestra calidad de vida’’.

Uno de los cálculos más llamativos se refiere a la iluminación de la época. Hacia el 1700 se usaban velas de sebo, y, de acuerdo con las estimaciones de Descalzi, una pieza bien iluminada con el estándar actual requería de 400 velas, algo imposible. “La gente no tenía 400 velas, sino 30 velas y eso equivale a tener una ampolleta de 40 watts en el living, era un velorio. Además, cuando se consumía una vela de grasa debe haber sido parecido a estar en una freidora actual’’, dice Descalzi.

Otro aspecto era la contaminación intradomiciliaria debido a los braseros, el sistema de calefacción que usaban todos los habitantes del país. “Por eso se dice que cualquier rey de esa época querría vivir como el más pobre del Santiago de hoy’’.

Para Ricardo Espinoza, decano de la Escuela de Medicina de la Universidad de los Andes, “el aporte de la facultad fue documentar cómo se ejercía la medicina en esa época, cuáles eran las patologías más prevalentes y cómo eran los sistemas hospitalarios para atender a la población, comprados con hoy ”.
Un dato llamativo es el que se refiere a la mortalidad de la gente que se hospitalizaba. “Si uno las compara con las personas que ingresan hoy a unidad de cuidados intensivos, las cifras no son tan distintas, pero evidentemente el tipo de paciente y gravedad de ellos era completamente diferente”.

Al médico se le identificaba por un traje especial que lo distinguía todo el tiempo. “Y como era tan excepcional titularse de médico, la ceremonia era realmente majestuosa, con desfile por la calle, con juramento de lealtad a la Corona, muy solemne y muy público. En 1760 fue la primera vez que se titularon médicos en el país de la Universidad de San Felipe’’, afirma el decano.

Ya viene: Vestuario, educación y diversión

Cada siglo de “Chile en cuatro momentos’’ alcanzará las 290 páginas, y será repartido en cuatro volúmenes de 72 páginas cada una. “1710” se distribuirá este año, “1810” y “1910”, el próximo año y “2010” pocos meses antes del bicentenario.

La primera parte, que aparece este miercoles vendrá con los capítulos sonre la familia y el territorio.La segunda parte de 1710 estará concentrada en el tema de la educación y del vestuario. “Es una educación desde la religión cuando es institucionalizada, pero lo que prima es la educación en las casas, con los padres, en el escuchar y en lo iconográfico. Esto último es muy relevante, porque la mayoría de la población es analfabeta’’, cuenta Jacqueline Dussaillant, coordinadora general.

El tercer volumen abordará los espacios de reunión, la diversión, la fe, la agricultura y la minería.
Terminará este primer tomo en su cuarta entrega con las relaciones comerciales a través del mar y el tema de las enfermedades y la muerte. Ésta se asume de manera diferente, más natural, porque, por ejemplo, “en una familia era usual que murieran niños pequeños, absolutamente normal; no es que fueran indiferentes ante este hecho, pero se asume como un dolor que es parte de la vida; no es la tragedia que acaba con todo. Hay un sentido de la vida marcado por la religión: no es que uno diga ‘la religión lo abarcaba todo’, es al revés: la gente era profundamente religiosa, no era algo impuesto’’, explica Francisco Javier González, director del Instituto de Historia.

Responden tres especialistas:

Los chilenos y la conciencia histórica

A propósito de la presentación de esta historia de Chile, quisimos saber cómo anda nuestra conciencia histórica: si está baja, por qué, y si alguna vez hemos tenido mayor conciencia, o es sólo un mito.
M.A./D.S.

PREGUNTAS
1¿En qué nivel está la conciencia histórica del ciudadano chileno hoy 2008?

2 ¿De qué manera esta historia de Chile puede ayudar a desarrollar esa conciencia?

3 Si considera que el nivel de conciencia está bajo, ¿cuáles serían las causas que vislumbra?

4 ¿Tuvimos en el pasado mayor conciencia histórica o eso es un mito?

5 ¿A los chilenos les interesa la historia más que nada en cuanto se refieren a los conflictos limítrofes?


Hernán Rodríguez
Director del Museo Andino:
“Las clases de historia se hacen sin alma”

1. Tengo la impresión de un nivel muy bajo, a juzgar por la banalidad con que se plantea un concurso “histórico” en un canal televisivo, por la poca o ninguna conservación que hacemos de nuestro pasado material, y, en general, por el desconocimiento generalizado de la historia más próxima, de la familia, el barrio, la ciudad, la institución, el oficio o las mismas creencias.

2. Porque dará mayor énfasis a la historia cotidiana, al testimonio de personas o situaciones corrientes, con las cuales es más fácil establecer afinidades o comparaciones. Porque cuenta la historia con imágenes y objetos de la época, con recreaciones, con recursos visuales que hacen más atractivo y entendible el conocimiento y la valoración del pasado. Porque, además, se está usando un soporte contemporáneo, masivo y validado, como es un diario. Da la oportunidad de aprovechar el tiraje del diario, y luego de conservarlo, como si fuera un libro.

3. Educación. El divorcio entre clases de historia aburridas, sin alma, y la siempre asombrosa aventura del hombre a través del tiempo. No logramos transmitir ni conocimiento ni afecto, y lo que no se quiere no se recuerda ni se cuida. Pero no es sólo responsabilidad de los profesores, no sólo la educación del aula. Es una actitud del país, atento al hoy, rara vez al mañana, y nunca aprendiendo —ni respetando— el ayer. No lo respetamos en las ciudades ni en las instituciones —pienso en ferrocarriles— ni en la memoria de los hombres públicos, ni en la creación de los artistas. La historia es un concepto colocado en un anaquel para eruditos, no está en las calles ni en el paisaje, no convive a diario con la gente, no forma parte de la vida.

4. Hubo en el pasado personas con gran conciencia histórica que lograron transmitirla a sus contemporáneos. Como Vicuña Mackenna, que puso placas recordatorias en los edificios o lugares históricos, que creó un museo histórico en el cerro Santa Lucía, que escribió historia con pasión y la hizo vital, entretenida. Si se pudiera generalizar, diría que los historiadores —muchos, muy buenos— prescinden o no se comprometen con la materialidad del pasado. Cuando comenzaron a demoler la casa de Enrique Meiggs en la Alameda, 1976, pedí ayuda a muchos historiadores. Sólo uno reaccionó, Eugenio Pereira Salas. Se le llenaron los ojos de lágrimas, escribió un breve artículo y me dijo “no hay nada que hacer…”

Teresa Pereira
Historiadora:

“Hay un abandono de las tradiciones"

1. La conciencia histórica en el sentido de comprensión, de conocimiento de nuestros orígenes hispanoamericanos, de la formación y trayectoria del país, en síntesis de nuestro pasado histórico, me parece bastante débil.

Un ejemplo sintomático y puntual es la elección en un canal de televisión de los diez grandes chilenos de nuestra historia, en que se observa cómo el pasado cercano y la ideología distorsionan. Es incomprensible que no esté Valdivia, u O’Higgins entre los elegidos

2. Me parece un gran aporte, no sólo por el prestigio académico de la Universidad de los Andes, sino que por el hecho que ella sea divulgada a través de un influyente medio de prensa, que permite el acceso a la historia de nuestro país a amplios sectores de la sociedad.

3. Varias. Entre las más importantes: el recorte sucesivo especialmente a partir de la década de los noventa, del estudio de la Historia de Chile en los programas de enseñanza básica y media. Por ejemplo, en básica se estudia en forma simple, adecuada a la corta edad de los niños, y en la educación media, se enseña solamente en 2º medio desde la época precolombina hasta el siglo XX inclusive. En un solo año se deben estudiar cinco siglos. En 3 y 4º medio hay dos cursos “electivos” de corte sociológico.

Herramientas tan significativas como la televisión —ya que se lee muy poco— a veces contribuyen al conocimiento histórico —con programas, como “Al fin del mundo”, “Recorriendo Chile”—, pero también a su deformación. La serie “Héroes”, al dejar a la creación libre de los directores la historia de los personajes, se aparta en muchas ocasiones de la verdad y objetividad histórica, aunque ésta no tiene porque estar reñida con la creación artística. Además se corre el peligro de que estos documentales sean usados como medio educativo en las escuelas y colegios.

El descuido en la conservación de nuestro patrimonio —que no es sólo la arquitectura, son los lugares, los paisajes, las voces, los caseríos, el folclor, los frutos del país, las artesanías—, el abandono de nuestras tradiciones, costumbres, fiestas y conmemoraciones, en fin, de aquellas expresiones que despiertan emociones y nos identifican en lo más profundo con el pasado y sentir nacional, y constituyen la memoria colectiva.

En los últimos años, debo reconocer, hay esfuerzos aislados como el que realiza la Corporación del Patrimonio Nacional o la Fundación Altiplano.

La fuerza de la tecnocracia —que tiene innegables éxitos— y la creciente globalización afectan la esencia nacional. Se rinde culto cada vez más a los valores y modos de vida de culturas ajenas. Me atrevería a decir que más allá de un debilitamiento de la conciencia histórica hay una crisis de nuestros valores fundamentales y un deterioro de la identidad nacional, lo que es grave.

4. El siglo XIX Chile vive un período de consolidación y de guerras victoriosas, hay una mayor cohesión nacional y orgullo con estas gestas épicas. Se conservan con más fuerza las tradiciones. Recuerdo que la radio durante gran parte del siglo XX, constantemente trasmitía radioteatros históricos.
Me parece que hay una mayor conciencia histórica que se pierde paulatinamente en el siglo XX.

5. Creo que hay que distinguir entre conciencia histórica y sentimiento nacional. El sentimiento nacionalista surge en aquellos momentos en que nuestro territorio se ve amenazado, al igual que en las competencias o triunfos deportivos, como la alegría vivida con la medalla de plata de Fernando González.
El Bicentenario debería llevarnos a reflexionar y reencontrarnos con nuestro pasado histórico. Fortalecer el patrimonio, los valores culturales nacionales, la memoria colectiva. Si ello se olvida, perdemos nuestra identidad.

Augusto Salinas
Doctor en historia:

“Abrumados por el presente, aungustiados por el futuro”

1. Creo que el Comité Patria y Soberanía no diría lo mismo en cuanto a nuestro grado de interés por los problemas de límites. Indudablemente existe un interés manifiesto en cierta historiografía, que es precisamente aquella que se ha preocupado de la historia reciente o que estudia el pasado con una visión claramente subjetiva; sin embargo, cada historiador escribe para su grey y cada cual lee lo que refuerza sus personales inclinaciones.

2. Probablemente, los chilenos de hoy estamos abrumados por el presente y entre esperanzados y angustiados por el futuro. Si se considera la precaria presencia de la historia nacional en los actuales planes de educación, en muchas ocasiones contaminada por implícitas tendencias ideológicas, no hay razones para pensar que esta clase de historiografía nos ayude a resolver nuestra actual crisis de conciencia histórica; es decir, la incomprensión de nuestro presente.

3. Este esfuerzo editorial puede iniciar una sana y esperada renovación de la historia patria. Quienes vivieron antes que nosotros y que con su esfuerzo echaron las bases de la nación, lo hicieron resolviendo crisis de toda clase, y no menos importantes que la que ahora vivimos. Cómo y por qué lo hicieron es una lección que debemos aprender.

4. Es casi paradójico que hoy se publiquen tantos textos históricos en nuestro país y que la conciencia histórica está tan alicaída. Creo que una de las causas es la aparición de una historiografía ideológica, que no deja lugar ni a la objetividad que todo historiador profesional debiera poseer, ni al diálogo entre pares. La historiografía más reciente se ocupa en un altísimo porcentaje de hechos de connotación política; se escribe con encono, odiosidad y revanchismo y, en consecuencia, sólo contribuye a ahondar las heridas.

5. Se podría afirmar que nuestras élites dirigentes poseían una mayor conciencia histórica. El nivel de conocimientos históricos que tenía cualquier empresario, profesional o político era muy alto. Esto hizo posible una clase política de gran calidad y preparación, preocupada por forjar los objetivos nacionales en un esfuerzo bien fundamentado en nuestras tradiciones e idiosincrasia. No creo que hoy podamos afirmar lo mismo.

3 Comentarios publicados
Posteado por:
Juan Perez Soto
31/08/2008 11:58
[ N° 1 ]

No hallo la hora de tener el libro en mis manos. Felicitaciones a la Universidad de los Andes.

Posteado por:
candina
03/09/2008 10:31
[ N° 2 ]

Hace tiempo que no leía algo tan tonto, con todo el debido respeto, como la 'encuesta' hecha a los historiadores acerca de si los chilenos tenemos conciencia histórica. Me cuesta entender cómo fue que los historiadores allí citados se prestaron a responderla: deberé atribuirlo a que son gente cortés que no quisieron despachar a un periodista quizás bienintencionado. Porque, ¿cómo demonios se supone que se mide eso? Yo soy profesora de historia, y si me preguntan cuál es el nivel de conciencia histórica de los chilenos, mi única respuesta honesta sería decir que no tengo la menor idea, porque tendría que ser muy arrogante para permitirme opinar en nombre de más de 15 millones de personas que viven en este país (sin contar a los chilenos fuera de Chile, claro). Eso, sin ni siquiera entrar en el debate acerca de qué significa eso de 'tener conciencia histórica': ¿leer libros de historia? ¿saber datos? ¿cuidar los edificios antiguos? ¿ser nacionalista y llorar por los territorios perdidos? ¿opinar de nuestro pasado? Y me pregunto de dónde sacan eso, por ejemplo, de que antes los empresarios, profesionales o políticos tenían 'un nivel de conocimientos históricos muy alto'. ¿ah, sí? ¿y de dónde sacaron ese dato? ¿Sometieron (qué cosa tan rara, nunca había escuchado de eso) a dichas elites dirigentes a alguna especie de PSU en historia de Chile hace 100, 80 o 50 años? Les agradecería enviarme los resultados, me parece un material muy importante de leer.

Posteado por:
Martín Rodrigo Saavedra Chávez
31/12/2008 12:17
[ N° 3 ]

Coincido con cándida, en lo absurdo de creer que las elites tenían mayor conciencia histórica, además un reconocido historiador chileno, el señor Alfredo Jocelyn Holt, critico en forma bastante dura el trabajo antes expuesto.
Por último quisiera recordar que en el último resultado de la PSU, la señorita que obtuvo el puntaje nacional en historia ni siquiera fue invitada al desayuno con el resto de los puntajes nacionales, así jamás se tendrá la llamada "conciencia histórica", si ni siquiera se valora el esfuerzo en esta disciplina de las ciencias sociales.

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