
Juan Pablo Vilches
Sábato, entre muchos otros, nos ha recordado que la inmortalidad de los mitos griegos se debe a la línea directa que mantienen con los sentimientos primigenios y desnudos que cruzan y dividen a hombres y mujeres, vivos y muertos, dioses y hombres, jóvenes y viejos. Lamentablemente, la innegable potencia de estos mitos ha hecho creer a más de alguno que basta con colgarse de ellos para dar a sus historias mediocres una potencia que están lejos de tener, y esperando también recibir por transitividad cierto aire venerable ante quienes reconozcan la fuente. Es en verdad muy triste que un realizador con aciertos notables como Woody Allen recurra a esto para disimular que le queda muy poco por decir.
Abusando de Dostoievski, de nuevo
Ian (Ewan McGregor) y Terry (Colin Farrell) son hermanos. El primero supuestamente es más inteligente y ambicioso, mientras que el segundo es un jugador compulsivo que trabaja de mecánico y le presta los lujosos autos que repara a su arribista hermano. El crítico David Walsh sostiene que Allen se fue de Nueva York porque de una u otra manera la tolerancia cero y el ataque a las Torres Gemelas barrieron con el mundo que le gustaba vivir y filmar. Lamentablemente, el director no se ha dado el trabajo de apropiarse de Londres de la misma manera; más bien lo ha retratado como la urbe cosmopolita y de primer mundo que es, como un emblema de la bonanza económica perpetua que empuja a algunos de sus ciudadanos a cumplir con “el deber” del ascenso social.
Para Ian, el sueño del ascenso social y cultural está concretado en el inicio de su relación con Angela, una actriz aparentemente talentosa y bien conectada; la compañera ideal para ir a vivir a Los Angeles su sueño como empresario hotelero. Terry, en paralelo, se endeuda excesivamente y pone en riesgo su integridad física y los sueños de Ian. Por suerte, pasa de visita un tío millonario que les ofrece dinero a cambio de que asesinen a un testigo de sus fechorías contables. Y bueno, tienen que decidir.
Es comprensible que un autor filme varias veces una misma película si hay una idea que lo obsesiona y quiere volver a ella y mirarla desde otro lado; pero hay un riesgo. En este caso, el más evidente es que quienes vieron Crímenes y Pecados y Match Point sabrán a ciencia cierta un 90% de lo que vendrá en términos de acciones, reacciones, consecuencias y —lo peor de todo— de diálogos. Es abismante que Allen se empeñe en revisitar “Crimen y castigo” por tercera vez y se concentre en un dilema moral que por su predictibilidad dejó de serlo, cercenando todo peso, historia e importancia a sus personajes secundarios y protagónicos. Los primeros son meras víctimas o excusas, mientras que a los segundos se los come la dinámica trágica de la elección que enfrentan, quedando sometidos a una reducción casi arquetípica que deja una fuerte sensación de vacío.
Los sueños, la fortuna y el destino
Las últimas películas de Woody Allen revelan que este autor nunca fue intelectualmente sutil. Lo que plantea como diálogos típicamente intelectuales (sobre ética, o sobre los mismos clásicos griegos) nos dice que no tiene una concepción muy elaborada de los temas que aborda, como tampoco la tiene de las fuentes literarias clásicas y decimonónicas a las que gusta recurrir. Antes no se notaba demasiado porque los personajes tenían la densidad suficiente para atraer e interesar, y los conflictos humanos retratados llegaban a un grado de dramatismo o comicidad que sostenía holgadamente el conjunto. Hoy, en cambio, más importante que los personajes es la presencia de determinantes irracionales como la fortuna, los sueños y el destino, manifestaciones primigenias de la vida que se niegan a sucumbir ante el materialismo racionalista. Y ahí termina la elaboración por parte del autor, creyendo que esas grandes palabras harán todo el trabajo.
EN SÍNTESIS
Esta película confirma lo que ya era evidente en Match Point: por mucho que Woody Allen vuelva una y otra vez sobre los dilemas planteados por Dostoievski y tome prestada la estructura de las tragedias clásicas griegas, sus personajes no están bien construidos y sus historias perdieron prácticamente todo interés.
“Cassandra”
Dirección: Woody Allen.
Elenco: Ewan McGregor, Colin Farrell, Tom Wilkinson, Hayley Atwell
País: EE.UU./Reino Unido/Francia
Año: 2007
Género: Drama/Thriller
Duración: 108 minutos
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Posteado por: Pablo Solari Goic 08/09/2008 01:28 [ N° 1 ] |
1) http://www.guardian.co.uk ¿O no? (Es particularmente agresivo, llama a quitarle los fondos a Woody Allen). 2) Sólo una cuestión básica. Lo que es "abismante" es cómo Woody Allen ha diseñado un dispositivo de trabajo que toma tópicos, actores y locaciones, y los trabaja desde diferentes ángulos, tonos y preocupaciónes. Allen ya no hace un película, hace 3, 4 o más largometrajes que funcionan como unidades expresivas de largo aliento, que ahondan en una trama de problema y perfeccionan un lenguaje. Quizás esta tesis sea gruesa: quizás tiene lineas de investigación permanente, y la contingencia haga que Allen desarrole uno u otro carril. Esta serie de peliculas inglesas es particularmente apropiada para examinar este método, y la fuerza de la comunicación entre autor y público que supone. Esta última es la mejor: es donde expresa con mayor precisión lo que quiere decir. Por algo Godard manifestó su admiración a Woody Allen desde el inicio de su carrera: no es un artesano a la deriva, con su maletín de clichés gastado, esa es una percepción infantil. Woody Allen no tiene "aciertos notables". Después de Sófocles, Bach y Picasso, ¿quién se atreve a censurar a un artista por hacer variaciones sobre un tema? |
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Posteado por: Nicolás Acuña Luongo 06/01/2009 19:47 [ N° 2 ] |
Juan Pablo: Te recomiendo que veas Star Dust Memories, es una película filmada un par de años después del éxito de Annie Hall. La película es una especie de homenaje a 8 1/2 de Fellini. Te digo que la veas porque te sentirías identificado con los críticos de cine que aparecen. |
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Posteado por: Marcos Alejandro Araya Valdivia 19/02/2009 17:52 [ N° 3 ] |
AL viejo Allen uno siempre le compra su producto. Todos sabemos que sus historias giran en torno a los mismos temas, pero su gran gracia es saber como retocarlos.Es cómo la novia. Uno la quiere aunque se aburra de ella, sólo falta un gesto, una blusa diferente, un vestido de otro color para preferir quedarse viendo una pelicula en la noche del sábado con ella, en vez de salir con los amigos. |
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