
Ernesto Ayala
Andres Waissbluth hizo bien en moverse del mundo topletero de “Los debutantes” a un departamento de Barcelona, donde una pareja de profesionales chilenos trata de lidiar con sí misma. Basándose en un cuento de Marcelo Leonart, en “199 recetas para ser feliz” el director chileno habita un mundo que se siente menos de cartón, menos impostado, menos anclado en el lugar común, en lo que se espera de la noche baja santiaguina. Tomás (Pablo Macaya) y Helena (Tamara Garea) no serán personajes especialmente simpáticos, amplios o vivos, pero no son tampoco maquetas duras, inanimadas, estereotipos. Tienen cierto espesor, cierta ambigüedad propia de lo que se elabora a partir de materiales más cercanos.
El problema está quizás en que a los espectadores nos cuesta mucho entender lo que les pasa. Tomás trabaja en una editorial de autoayuda, donde están publicando el libro que da título a la película. No está contento, eso al menos sí es evidente: le gustaría editar libros de ficción, aunque no se explica por qué (quizás porque tienen más categoría que la basura que sí publica pero nunca se habla mucho de eso). Tampoco se le ve leyendo, como uno imagina que un editor pasa buena parte del día, pero ya está: su trabajo no lo tiene contento. Tamara tiene un hermano –Milo– que murió hace poco tiempo y ella no ha podido procesar la pena, entre otras cosas, porque una apendicitis le impidió viajar a Chile para el funeral (un dato pequeño pero trascendental, que recién conocemos como a la mitad de la película). La relación entre ambos no se ve mal, sin embargo aparece Sandra (Andrea García-Huidobro), la ex de Milo, una mujer más joven, en sus veintes en lugar de los treintas, que llega a pecharles alojamiento. Al poco andar, Sandra se hará muy atractiva, tanto para Tomás como Tamara, lo que entonces nos hace poco a poco entender que ellos no estaban muy bien en primer lugar. Esta trama se ve simple planteada así, pero la cinta se demora mucho dibujarla, y nunca llega a ser nítida del todo. ¿En qué etapa de su relación están Helena y Tomás? ¿Por qué están en Barcelona: haciendo una vida o piensan en algún momento volver a Chile? ¿Si están mal, por qué no se separan? ¿Qué los une? La cinta incluso se toma demasiado tiempo en plantear que esta relación, que esta pareja, es la auténtica inquietud que mueve los engranajes de la trama, y de la película a fin de cuentas.
Quizás todo se deba a que “199 recetas…” no asume un punto de vista claro. Parece que quiere seguir a Tomás y su devenir interno, pero más allá de que vemos materializado en la pantalla cierto devenir interno, ciertos sueños diurnos, nunca sabemos muy bien que está sintiendo, que lo mueve, qué necesita. Tal como en “Los debutantes”, Waissbluth opta por darle poco diálogo a sus personajes, lo que no es necesariamente un defecto, pero tampoco los dota de demasiada acción, demasiada conducta. Como resultado, hay mucha escena del trío semi callado en el departamento, medio aburrido, medio quieto, a lo que sigue mucha repetición de Tomás siguiendo a Sandra por Barcelona, mucha conversación con el autor del libro de autoayuda que está publicando, mucha inercia. En su famoso análisis de la novela, E.M. Foster dice que la relación entre personajes y acción es inversamente proporcional, esto es, que a más densidad y relevancia se le otorga a los personajes de un relato menos relevante será la acción. Y viceversa. “199 recetas…” posee quizás el gran defecto de no avanzar ni en un sentido ni en el otro. Sus cartas parecen explícitamente jugadas en la laxitud y en la atmósfera que se gana con ella. Es cierto: “199 recetas…” seguramente deriva más de lo necesario, seguramente podría haber dicho lo mismo en menos minutos, pero al menos parece tener cierta seguridad en lo que filma. Desde un lugar y unos personajes infrecuentes para el cine chileno, en una línea que, generalizando, se emparenta con el trabajo de Matías Bize, Alberto Fuguet, Alicia Sherson o Sebastián Lelio, esta cinta contribuye a ampliar el registro de la aún incipiente cinematografía nacional.
En síntesis
El director de “Los debutantes”, estrena su segundo largometraje. Al contar la historia de una pareja de chilenos en Barcelona, se desmarca, con saldo a favor, de su trabajo anterior.
199 recetas para ser feliz
Dirección: Andrés Waissbluth
Elenco: Pablo Macaya, Andrea García-Huidobro, Tamara Garea
País:Chile y España
Año: 2008
Duración: 90 minutos
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