Opiniones
Domingo 19 de Octubre de 2008
Galaxia Flaubert

Pedro Gandolfo

En este libro, Galaxia Flaubert, no hay ningún solo texto de Gustave Flaubert, pero aprendemos mucho de él. No es necesario insistir en el hito que para la transformación de la novela moderna significó su obra, sobre todo, a partir de Madame Bovary. Sin embargo, sean cuales fueren los ejes de ese cambio (que suelen ser simplificados o, incluso, malentendidos) prima la versión de que sus libros fueron fruto de un encierro casi monástico asociado con su legendario carácter insociable (“el ermitaño de Croisset”). La visión romántica del genio artístico, para la cual la originalidad y la soledad son esenciales, calza, en una primera mirada, con la biografía de Flaubert. No obstante, lo que se propone Eduardo Berti (un muy buen narrador y traductor argentino) aquí, sin desmerecer la genialidad de Flaubert, es poner en su debido contexto biográfico y literario la obra del autor francés.

Desde luego, Flaubert no fue el misántropo que habitualmente se pinta. Berti destaca, al menos, dos períodos de gran sociabilidad: el viaje a Oriente (1849-1851) y la etapa posterior a la publicación de Madame Bovary entre 1857 y 1865. Incluso, después de su reclusión final, en los últimos años, permaneció en contacto con un importante círculo de admiradores y asistía de vez en cuando a tertulias en las que participaban Emile Zola, Paul Alexis o Guy de Maupassant. El breve relato de Henry Bridoux, estratégicamente colocado al final de la compilación, nos muestra a un Flaubert simpático, huésped generoso en Croisset, acompañado de dos amigos que no eran escritores pero sí chispeantes, de conversación inteligente y algo extravagante. Otro dato importante que aporta Berti, y del cual hay ejemplos en este libro, es el gusto de Flaubert por la escritura a dos voces, realizada en colaboración con otro autor, tales como las que llevó a cabo con Luis Bouilhet, Maxime du Camp y con el Conde d’Osmoy y las que proyectó hacer con Alfred de Poittevin y Guy de Maupassant. Ambos aspectos apuntan a una intencionalidad del compilador que busca destacar las relaciones literarias, diálogos, confluencias y divergencias, a concebir la transformación de un género (la novela en este caso) no sólo como un logro personal sino como una búsqueda colectiva, en la cual la tradición y la trama de discursos de la época juegan también un papel esencial.

La recopilación de textos (algunos inéditos), la traducción, el prólogo y la cuidadosa presentación de cada autor son méritos de Eduardo Berti, así como la compilación de escritores —de dispareja calidad— que mantuvieron relaciones de distinto orden con Flaubert: maestros (como Víctor Hugo), contemporáneos muy próximos al autor pero con menor o nulo éxito literario (Bouilhet, Le Poittevin, Du Camp), contemporáneos célebres y magníficos autores (Baudelaire, Turguéniev, George Sand) y discípulos (Maupassant, Zola).
La antología de textos está muy bien hecha, revela conocimiento, sentido del humor y proporciona al lector (aunque se trata de un libro breve y de fácil lectura) un completo panorama de las distintas poéticas que concurrían en Francia a mediados del siglo XIX.

Los autores convocados son 14: Víctor Hugo, Alfred Le Poittevin, Louis Bouilhet, Maxime du Camp, Louise Colet, Saint-Beuve, Charles Baudelaire, George Sand, Guy de Maupassant, Iván Turguéniev, Jules y Edmond Goncourt, Alfonse Daudet, Emile Zola y Henry Bridoux. Especialmente recomendables resultan “Hazte truhán”, de Víctor Hugo; “Pierrot en el Serrallo”, escrito a dos manos con Louis Bouilhet; “Alexandre”, de Guy de Maupassant; “La canción del amor triunfal”, de Iván Turguéniev; “Un visionario”, de los hermanos Goncourt, y “Simplicio”, de Emile Zola. Todos, sin perjuicio de ello, abren el apetito de nuevas lecturas.

Otro aspecto que hace de Galaxia Flaubert un libro doblemente ameno e instructivo son las viñetas que preceden a cada autor. El talento narrativo de Eduardo Berti, sus conocimientos de literatura francesa y en particular su admiración por Flaubert permiten armar una trama que se articula de una a otra de ellas con una urdimbre no menos sutil que sólida. La figura del “oso” (como llama su hermana Carolina a Gustave) o “Polycarpe” (como lo llaman sus amigos) es puesta por Berti con habilidad y ligereza al centro de una galaxia en que no faltan otros soles.

En fin, este libro proporciona un muy buen argumento a favor de las compilaciones de este tipo: entretienen, informan y, de paso, hacen reflexionar. Ya en la editorial Adriana Hidalgo se publicó antes Galaxia Borges (2007), en lo que parece ser la parte inicial de una colección que debe ser bienvenida.

Galaxia Flaubert
Compilación de Eduardo Berti
Editorial Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2008, $19.500
Ensayo

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