
Andrea Palet
Tuve en las manos un Kindle, un aparato para descargar y leer libros electrónicos; es pequeño, fácil de usar, elegante, almacena hasta mil títulos, es blanco, es flaco, es lindo, lo devolví inmediatamente a su dueño y cambié de tema.
Sí, una frase larga y esquizofrénica. Pero tiene una función, y es expresar las sensaciones contradictorias con que muchos vivimos la invasión tecnológica en territorios que por siglos han permanecido relativamente estables, por no decir resistentes al cambio. En este caso, la cultura del libro, que es un nombre corto para el modo en que durante muchísimo tiempo se ha organizado la trasmisión del conocimiento: por escrito, sobre papel, y con ese código imperfecto pero eficiente y ultrasofisticado que es el lenguaje verbal. El libro electrónico tiene ventajas muy potentes, y el hecho de que amenace mortalmente a la industria editorial no debería preocuparnos: a la larga favorecerá a autores y lectores, que es lo que importa. El resto, lo que va en medio de la cadena (yo incluida, en tanto editora de libros), tendrá que acomodarse, estudiar y aprender, morir y resucitar con un nuevo traje.
O quizás no. He leído decenas de artículos aburridísimos sobre nuevas tecnologías, sobre la aceleración de los cambios que caracteriza a nuestra época, y, aparte de un dolor de cabeza no por imaginario menos feroz, lo único que he sacado en limpio es que nadie tiene la menor idea de lo que ocurrirá mañana. O sea, como siempre no más. En su día, el cine fue despreciado por la gente culta como una entretención rasca, circense, vacía de sentido. Al revés, en los albores de la inteligencia artificial, se dijo poco menos que los robots dominarían el mundo; cincuenta años después, siguen siendo parecidos a la Robotina de Los Supersónicos, básicos e incapaces de entender un chiste, y así, sin sentido del humor, es decir sin sentido del contexto, tranquilos que ningún circuito integrado va a dominar el mundo.
La tecnología siempre ha sido cool (¡guau, una flecha de sílex!, ¡un espejo de aumento!, ¡un ducto de agua potable!). Cuando, en La montaña mágica, Hans Castorp ve una radiografía de su amada o su propia mano en los rayos X, alucina. Pero la reticencia a la aparatofilia se sostiene en hechos como que el papel y el lápiz son excelentes tecnologías: baratas, duraderas, sin baterías ni obsolescencia ni programa propietario. O en que, en el fondo, sabemos que los fabricantes de gadgets nos mienten sistemáticamente: nada importante está a nuestra disposición «con solo un clic» (salvo la declaración de renta, gracias al maravilloso sitio de Impuestos Internos). En cuanto al lenguaje verbal, esa antigua tecnología, sólo un ingenuo o un fotógrafo se cree eso de que una imagen vale más que mil palabras: todas las imágenes que nos rodean están convenientemente acompañadas de palabras, para fijar su sentido.
En fin, quizás dentro de poco, cuando los aparatitos se hayan democratizado aun más y nos parezcan casi naturales, tengamos más calma para pensar seriamente en su influencia sobre el único cableado que nos es realmente indispensable: nuestro cerebro.
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Posteado por: Rodrigo Alvarado Lorca 09/11/2008 14:13 [ N° 1 ] |
Muy buena aplicación de la intuición, ante tanta pomada tecno. |
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Posteado por: Carlos Patricio Lara Ojeda 09/11/2008 19:51 [ N° 2 ] |
Buena columna. La felicito. |
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Posteado por: Guillermo Guerrero Rodríguez 11/11/2008 13:20 [ N° 3 ] |
Nostalgia de buen salvaje o esperanza en el progreso tecnológico, complejo, todo complejo y complicado, no somos más felices con la tecnología pero sin embargo yo soy feliz disfrutando esta columna y eso es porque mi cerebro no es cableado, es una nube de imágenes y sensaciones, casi siempre sin palabras, mudo. Los gadget tecnos nos ayuda a vivir mejor y más... casi siempre... algunas veces ¿porque será que puedo decir algo que sea completamente cierto?. Cierto es que la tecnología no me puede hacer sentir tu piel... pero tus palabras a través de la red son como la piel de tu alma. ¿En que estamos entonces?
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Posteado por: Marcelo Munch Puente 16/11/2008 14:58 [ N° 4 ] |
Realmente me estoy haciendo adicto a esta columna. Saludos afectuosos y sinceros. www.marcelomunch.blogspot.com |
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Posteado por: Gregorio Matías Subercaseaux Concha 04/12/2008 21:40 [ N° 5 ] |
Andrea, tu artículo es una pérdida de tiempo. Te invito a revisar "La flaitificación de Chile" de este extraño escritor chileno recientemente aparecido, Mario Stein. Según él, nosotros somos la última generación que lee libros. Los flaites, que pronto dominarán todos los ámbitos del quehacer nacional (ya están bastante enquistados, cual triquinas, en el deprimente gobierno actual, pese a camuflarse aún, en algunos casos, tras ternos y corbatas), no leen nada, kindle or not kindle. Las ventajas del libro electrónico pasarán desapercibidas entre monitos y nevados. Obviamente, palabras que tú no conoces, menos Véliz Meza. |
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Posteado por: Michel André D'Alencon Bravo 16/02/2009 22:02 [ N° 6 ] |
Andrea: Respecto a que nadie es capaz de predecir el futuro, o por lo menos anticipar tendencias, en materia de la sociedad tecnológica, te invito a consultar autores como los siguientes (y espero que no los encuentres "aburridísimos"): |
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