
Camilo Marks
“Cargo todo de calificativos intentando tapar el hueco u hoyo gramatical y léxico, termino por tener lengua de cura bordada por monjas enclaustradas, recamada y adornada hasta en el último rincón con obsesión de histéricas, haciéndome la que escondo mi impericia” o “no sólo es mi suerte ser fea y soltera y no tener hijos ni perro que me ladre ni jovencito que me interprete mi partitura ni madre que me acune en su seno acogedor, qué suerte carecer de talento e imaginación porque a fin de cuentas yo no tengo que lidiar con esas cosas” son reflexiones de la innominada protagonista de “La sagrada y otras”, uno de los 15 relatos que componen El fantasma y el poeta (Sexto Piso, 2008), el cual debe ser, más o menos, el trigésimo o cuadragésimo libro de la aclamada mexicana Carmen Boullosa. Aunque su nombre es para nosotros más bien una rareza, muchos la consideran y la citan una y otra vez como una de las mejores escritoras en idioma español del momento; entre ellos destacan Roberto Bolaño, Carlos Monsiváis, Fabrice Gabriel, Miles Clark y una amplia cohorte de admiradores.
El cuento cuyos pasajes transcribimos es uno de los mejores de El fantasma…, tanto por el juguetón y chispeante conocimiento que Boullosa exhibe sobre la pintura y las carreras de Caravaggio y Tiziano, como por el inagotable anecdotario de la heroína, que trasunta un humor ácido, poca simpatía por la falta de gracia física, sobre todo en las mujeres, y claridad idiomática, ausente en la mayoría de estas narraciones. Porque si podemos entender “pantalla de jóliwud”, “pelis de jóliwud”, “maniquiur” o incluso “asjoul”, “lonch”, “waspito”, ni aun cuando viviéramos entre hispanos que pueblan Nueva York o fuésemos profesores de creative writing, como es el caso de Boullosa en una prestigiosa universidad norteamericana, lograríamos captar el significado de “nahua jacarandosa”, “quesque”, “cholla, “¡caite güey!”, “mafufadas”, “poncharnos”, “garnachas”, “sorrajó”, etc. Su lenguaje está tan contaminado por lo culto y culterano, junto al dialecto del hampa, por la jerga callejera o docta, por una especie de cóctel entre el habla coloquial —en verdad, es capaz de dar un tono doméstico o vulgar hasta a términos académicos— y la reflexión hermética, que prácticamente en cada página nos topamos con un vocabulario intempestivo, que ella misma parece ir creando mientras avanza en sus fantasiosas tramas. Lo más extraordinario de éstas reside en lo que parecerían ser sus defectos: a pesar de la mescolanza frenética, del incesante engorro del intelecto, se trata, por lo general, de materias amenas o interesantes, sea por su pintoresquismo, sea por el premeditado desparpajo de la autora.
A propósito de Bolaño, “Yo sé quién soy” tiene como punto de partida a “Senseni”, del narrador oriundo de Chile, donde dos escritores de diferentes generaciones participan en concursos literarios, un tema muy socorrido en Llamadas telefónicas y Putas asesinas. La situación es distinta, ya que el postulante interviene en competencias organizadas en la internet y hay tres versiones de su obra, que se perfecciona o malogra mientras va perdiendo en cada una de las convocatorias. La tercera es la más notable, debido a que el aspirante a ganador padece del síndrome evangelista; o sea, toma la pieza de Bolaño a pie juntillas, actúa con instinto práctico, lee buscando fórmulas, consejos, maneras de vida, toma un libro y cree que es recetario, busca entretener al lector a cualquier costo, tiene corazón de payaso. Su prosa es neutra, sosa, correcta. “En ese cuento bobo, escrito con mano descerebrada”, el futuro fabricante de best sellers seduce a un editor de gran reputación, que “aparentaba una dignidad y una decencia de la que estaba muy lejano; lo suyo era engordar su cuantiosa fortuna a costa de pretender amar la literatura”. Otras incursiones de Boullosa en la chismografía libresca son “La bola que me pasó Marshall Berman”, carta de un alumno incapaz de aprobar el taller de la maestra, “Las fronteras sin moda”, donde el personaje central es Chateaubriand y se revelan las mentiras que habría puesto en Memorias de ultratumba, “Diálogo entre el señor y la ofendida”, con una antipática feminista que busca reparos a Pedro Páramo, de Rulfo, “El cuento de nunca, con sapos y azuquítar”, hilarantes recomendaciones para artistas de las letras y “El fantasma y el poeta”, en cuyas páginas comparecen dos obsesiones de Boullosa: los espectros y Rubén Darío, en el que es experta, haciéndolo figurar de modo resaltante en varias ficciones.
Como se ve, Boullosa, en su estudiado desdén estilístico o la promiscuidad lingüística de la que hace gala en El fantasma… es, en todo momento, una artesana cuyas historias son ciento por ciento productos culturales. Y pese a la aparente tendencia a una escritura oral, espontánea, sus crónicas resultan un elaborado artificio de laboratorio.
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Posteado por: Josefa Cernadas 24/11/2008 00:49 [ N° 1 ] |
Parece que Bolaño tiene que salir en todo. Leí una opinión del mismo Camilo Marks, en el mismísimo El Mercurio, que decía que Bolaño no era el fenómeno más importante que había ocurrido desde que se inventó la escritura. Y he aquí que vuelve a aparecer como una especie de santo patrono de esta curiosa y tal vez interesante autora mexicana. Sería bueno conocer quienes le gustaban y quienes no, porque quizás así lograríamos aficionarnos más o menos a sus libros. |
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Posteado por: Josefa Cernadas 24/11/2008 13:45 [ N° 2 ] |
Pensándolo mejor, no creo que Carmen Boullosa sea ni interesante ni curiosa. Parece más bien situarse dentro del fenómeno de los círculos de escritores viajeros, conferencistas, turistas de la literatura que, cómo no, se han conseguido una buena cátedra en EEUU. Son la resaca, lo que botó la ola, los despojos del glorioso boom latinoamericano de los 60 y 70 y hay cientos, miles de ellos, que pocos conocen o pronto serán ignorados. ¿Por qué este crítico, que conoce bien el tema, no se detiuvo en él y lo desmenuzó o desenmascaró para beneficio de los lectores incautos? |
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Posteado por: Josefa Cernadas 24/11/2008 18:03 [ N° 3 ] |
Leí "Senseni" y no me gustó. Bueno, tampoco me parecieron maravillosas "La literatura nazi en América", "Estrella distante", "Los detectives salvajes" -esta es la mejor, pero nunca como para volverse loco-, "Amuleto" lo encontré una idiotez, "Putas asesinas" una sarta de tonterías y "2666" lisa y llanamente intragable. Claro, lo puedo decir aquí porque nadie me va a flagelar, pero si me atrevo a largarlo en voz alta entre el mundillo literario, me comen viva, me destrozan, me descuartizan. |
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Posteado por: Josefa Cernadas 24/11/2008 19:52 [ N° 4 ] |
¿De qué universidad prestigiosa norteamericana será profesora de creative writing doña Carmen Boullosa? Algo me indica que debe andar entre Columbia y la NYU, porque después de haber vuelto a leer la crítica y detenerme en la parte que dice que ni aunque nos moviéramos entre hispanos en Nueva York entenderíamos esas palabrejas y antes, lo de asjoul, lonch, waspito, me dejaron, sencillamente, deslumbrada. Con certeza, es un genio esta dama y sin duda, se la leerá en los próximos 8 mil años. |
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Posteado por: Josefa Cernadas 26/11/2008 17:35 [ N° 5 ] |
¿Por qué sigue pegado el nombre de esta señora, que tiene algún parecido remoto con el de Carmen Boullosa? Sus opiniones son inteligentes, agudas, divertidas, pero al dejarla fija, no dan espacio a otras personas como yo -Daniela Cifuentes, me llamo- que podría agregar que, después de está crítica, si veo el nombre Boullosa sigo de largo. ¿Y hay todavía quienes dicen que las críticas son inútiles! Es sumamente útil saber, de un lector apasionado y con vastísima experiencia, cuando un libro es bueno y cuando intentan pasarte gato por liebre. |
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Posteado por: Raúl Peña y Lillo Valenzuela 07/12/2008 21:49 [ N° 6 ] |
¿Puede un poeta tener el mismo síndrome que un escritor?, si el primero es noble sentimiento y el segundo un mero creador. Amar. Amar no es gritar a los cuatro vientos, Amar, no es sólo brindar una caricia, Amar es brindar nobles sentimientos, Amar, palabra corta y tan sencilla,
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