
Por Pedro Gandolfo
Ninguna de estas dos obras es ejemplo sobresaliente en su género, el cuento, si bien es posible apreciar en ellas algunos méritos indudables. En Perdidos en el espacio, Carlos Tromben reúne un conciso conjunto de apenas siete cuentos breves que, salvo El desaparecido de Cannes (narración por completo prescindible), revelan oficio, sensibilidad y capacidad de observación.
El autor, a partir de un acontecimiento leve (como la visita a una casa piloto) o terrible (como el crimen de un sindicalista), que opera en un primer plano visible, busca suscitar un efecto más sutil, en el segundo plano o en el fondo de la narración, una perplejidad abierta e inasible: una cierta atmósfera ominosa, siniestra, de burla, de burgués desilusión o de desencanto ante la poca importancia de la voluntad y los proyectos personales zarandeados por las turbulencias políticas y sociales.
El lenguaje es sencillo, coloquial y contenido, a veces, y desnudo y seco, otras, como si se tratara de un apretado reportaje periodístico, aunque cuidadoso del detalle doméstico e íntimo; la perspectiva es distante, con un dejo de ironía y escepticismo y, más que el recurso a una trama que sorprenda por lo supuesta y meramente ingeniosa, Tromben apela aquí correctamente a la sucesión de un par de escenas significativas o a una acumulación de imágenes poderosas (en las que no falta el elemento alegórico).
Algunos relatos, acaso por la urgencia de la brevedad, incurren en confusiones sintácticas y se diluyen en finales, más que abiertos, poco claros y sin intencionalidad. Así, en Los desvelos de un padre, la trama débil, casi inexistente, concluye en el siguiente final, con sabor a poco: “La vio regresar por la misma puerta y perderse en los pasillos del cuartel. Se volvió hacia la sala de espera. Hubiera querido saludar a la señora, presentarse, ofrecerle movilización, pero había desaparecido”.
Por su parte, Crimen y perdón, de Carlos Iturra, que incluye 22 narraciones, no alcanza, desde luego, el nivel de sus anteriores obras en este género (Pretérito presente, entre otras) por las cuales es merecedor de un justo reconocimiento. Dejando a un lado algunos relatos como, Caza de cuentos, Los diarios de Ugalde o La conciencia de NN, que podrían haber sido omitidos de esta recopilación, Iturra ofrece aquí un conjunto de calidad dispareja, pero que confirma su habilidad en el oficio de cuentista, abordado de una manera convencional y correcta, aunque con una diversidad temática muy amplia que va desde el cuento de aparecidos, la narración de ciencia-ficción, el relato político, el cuento psicológico, la historia político-social y la pequeña farsa (Grotesco vaticano y Tres versiones de Caín quizás sean los puntos más altos de la antología).
El problema principal de estos relatos, que se presenta en mayor medida en Crimen y perdón, es la sensación de falta de vitalidad que dejan en el lector: éste queda con la impresión de que más bien son productos de laboratorio, en que hay una fórmula que puede repetirse muchas veces, pero que termina por desgastar los sentidos que quieren comunicarse.
Caída en desgracia, la narración más importante de este libro (por su extensión, por los hechos aludidos en clave y por la importancia que algunos de sus personajes tuvieron en el acontecer de la época —Mariana Callejas y Michel Townley, entre otros—) es, derechamente, una narración frustrada. El desarrollo de la historia es lineal y predecible; no hay esfuerzo por introducirle alguna tensión, ni menos clímax; el fraseo es monótono y cansino; se acumula información (a menudo innecesaria), sin jerarquía, produciendo, prontamente, tedio.
Algunos de estos defectos aparecen también en otros cuentos. El principio de Caída en desgracia es sintomático: “El golpe de Estado de 1973, frustrando con violencia el proyecto de convertir Chile en un país socialista, significó el término de la actividad política, que había llegado a un nivel de enfrentamiento cuyo destino parecía ser la guerra civil. En cambio, no significó del todo el término de las actividades llamadas culturales”. Esta remisión, casi notarial, ab ovo, marca desde el inicio el discurrir lento de la historia, y no lo abandona hasta el final.
Otro elemento que asoma en estos cuentos, para perjudicarlos, es el discurso doctrinario, en la forma de discusión o diálogo. Ese discurso, además de ser poco original, rompe el despliegue de la acción y ralentiza su desarrollo.
Tanto en Perdidos en el espacio como en Crimen y perdón, los episodios en que el sentido del humor juega un papel importante sobresalen positivamente de los demás, aunque sea sentido del humor más ligero, aquel que sólo da lugar a una sonrisa. El lector los agradece.
Perdidos en el espacio
Carlos Tromben
Editorial La Calabaza del Diablo, Santiago, 2008, 56 páginas, $4.900
Cuentos
Crimen y perdón
Carlos Iturra
Editorial Catalonia, Santiago, 2008, 240 páginas, $11.900.
Cuentos
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