
Hay libros que desde la distancia presentan verdades atroces. Sin embargo, pronto estarán en algún cajón remoto de nuestra memoria. Y es que sólo contenían fechas, situaciones deformadas, hechos mal entendidos: lo único concreto, el dato atroz y compartido.
Gomorra, de Roberto Saviano (1979), al contrario, y a pesar de ciertos defectos en su estructura, de ciertas digresiones y desproporciones -situación que no debería sorprender, puesto que se trata de un primer libro- rebosa de alma, de grito desesperado, de dolor auténtico. Sin ser una novela o un reportaje de denuncia en estricto rigor, esta narración, por sobre todo, estremece. De algún modo Gomorra tiene la intención de ser una elegía de nuestros días, la voz de aquellos que no pueden hablar, la atmósfera actual de una tierra atormentada.
Roberto Saviano, periodista, nacido en Nápoles, es un escritor marcado. La investigación y publicación de este libro le han valido amenazas de muerte, persecución y también una curiosa celebridad. El mundo de este libro es una zona en la cual circula una juventud sin horizontes, donde el delito surge como alternativa al éxodo, es el mundo, por sobre todo, de la sinrazón de la fuerza, de la prepotencia feroz mal llamada "negocio". Escribe Saviano: "No tienen aptitudes, talento comercial. Muchos hacen de correo. Llevan mochilas llenas de hachís a Roma". Pero claro, este es un ejemplo menor, porque Gomorra habla de delitos, de atrocidades con nombres y apellidos. Y se mete con los grandes intereses, con la Camorra, con la temida mafia napolitana.
Dividido en dos partes, las cuales a su vez se hallan divididas en cinco y seis capítulos respectivamente, el libro de Saviano padece de cierta rudeza en los cambios de situaciones, de cierta intención que amerita un oficio mejor dominado, porque en muchas ocasiones a través de la lectura se desdibujan personajes, o se corta el ritmo de la misma. A decir verdad, hasta el capítulo tercero de la segunda parte, titulado "Peppino Diana", Gomorra no alcanza su verdadera dimensión. Y aunque el crescendo no sea buscado, se podría pensar en un antes y un después de este capítulo. Antes, el libro es interesante y ameno por su valentía, por su penetración e información de primera mano. Datos como los increíbles movimientos en el puerto de Nápoles, las descargas de mercancías a mar abierto, la venta de drogas, las jerarquías establecidas en esa realidad; o bien, el dominio, de la Camorra en municipios, en empresas, son datos que impresionan. Escribe Saviano: "La Camorra es, por números de afiliados, la mayor organización criminal de Europa. Por cada afiliado siciliano hay cinco en la Campania, por cada ndranghetista (el autor se refiera a quienes pertenecen a la Ndrangheta, o mafia calabresa) nada menos que ocho".
Datos muchas veces novedosos, otras no tanto. Términos como "faida" o guerra entre clanes, resuenan en los oídos.
No obstante, subrayamos que antes de la irrupción de la presencia del padre Peppino Diana, Gomorra es un libro reportaje-testimonio, con intencionalidad narrativa, pero, al mismo tiempo, algo así como una promesa no cumplida. Y súbitamente, en la página doscientos veintiocho, la aparición de aquel, que "no escuchaba los líos de las familias, no condenaba los amoríos de los varones ni andaba consolando a mujeres cornudas", porque "había cambiado con naturalidad el papel del cura de provincias. Y había decidido interesarse por las dinámicas del poder,... ya que no quería únicamente limpiar la herida, sino comprender los mecanismos de la metástasis, bloquear la gangrena, detener el origen de lo que hacía de su tierra un yacimiento de capitales y reguero de cadáveres". Interés que le costaría la vida: el hombre de Dios, el sacerdote posteriormente calumniado. "Móviles inverosímiles, risibles, debidos únicamente al intento de evitar hacer un mártir de Don Peppino". Él es el personaje, la figura, pero Saviano, con impericia, tras haber desarrollado páginas notables sobre la lucha del sacerdote contra la Camorra, de habernos transportado al tribunal donde se juzgó a sus asesinos, y de habernos, por sobre todo, dado a conocer una arenga escrita por un amigo suyo y que ambos hubiesen querido "firmar juntos", decae, sin más ni más, en una digresión sobre El Padrino, pasando por cosas de perogrullo, como que a Al Capone le decían "Scarface", cara cortada, "debido a la cicatriz que tenía en su mejilla" y luego salen a colación, entre otros, Brian de Palma y Brandon Lee, haciendo de enlace con otra historia del mismo modo desgarradora.
Gomorra es un libro honesto y valiente, bien investigado y amenamente expuesto, aunque su eficacia literaria proviene no tanto de lenguaje cuanto del desbordado horror de los hechos que se narran.
Gomorra
Roberto Saviano
Trad. Francisco Ramos y Teresa Clavel, Debate, Buenos Aires, 2008, 328 páginas, $11.000.
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