Camilo Marks
Domingo 18 de Enero de 2009
Para reparar la ausencia perpetua

Camilo-Marks.gif CAMILO MARKS

Tomás Eloy Martínez —La novela de Perón, Santa Evita— es uno de los pocos narradores argentinos que ha sabido conjugar la literatura de elevada calidad, mediante referencias a diversas áreas del saber, con el tema político, en absorbentes investigaciones sobre la historia reciente de su país. Martínez toma partido de modo inequívoco, sin caer en la denuncia panfletaria, y el resultado está a la vista: obras promiscuas desde el punto de vista estilístico, realistas y a la vez fantásticas, desbordantes aunque contenidas, singulares pero de validez universal.
Purgatorio (Alfaguara, $10.900), su última novela, aborda la tragedia de los detenidos desaparecidos durante la dictadura militar bajo una perspectiva que podríamos llamar geológica. No es que el relato escatime en la descripción de monstruosidades ni que tampoco evite el tratamiento de situaciones horripilantes, sino que, detrás de la cruel trama, se adivina un designio distinto, quizá metafísico. De ahí el título, tomado de la Divina Comedia, de Dante. Así, más allá de las causas y consecuencias que el genocidio produjo en varias generaciones de sus compatriotas, a Martínez parece interesarle algo que nunca está del todo claro, algo que el lector deberá precisar, una verdad escurridiza, mutante, inasible. En última instancia, Purgatorio compromete nuestra adhesión, tanto por el rastreo de una certeza imposible como por la similitud entre lo que ocurrió al otro lado de los Andes y lo que nos sigue penando en Chile.
Emilia Dupuy, protagonista de la obra, fue detenida en 1976 cerca de Tucumán junto a su marido, Simón Cardoso, de cuyo paradero nunca más se sabe. Emilia se salva por la intervención de su padre, Orestes Dupuy, médico al servicio de la junta gobernante, figura clave en la represión y, para más señales, amigo íntimo del general Jorge Rafael Videla, quien no es mencionado por su nombre, sino bajo el apodo de la “Anguila”. Durante los 30 años siguientes, Emilia se dedica a la búsqueda de Simón, primero en Buenos Aires y luego en distintos países —Brasil, Venezuela—, según datos anónimos que recibe, hasta terminar viviendo en una localidad de Nueva Jersey, Estados Unidos. Tanto ella como su esposo son cartógrafos de profesión y los mapas cumplen varias funciones en Purgatorio: no se muestran los centros de detención y tortura o los sitios de exterminio, indicándose, en cambio, la demencia que los hizo posibles, en la que caben construcciones faraónicas, un mundial de fútbol o la suicida guerra de las Malvinas. Los cartogramas devienen una metáfora de la ignominia, y en la fascinante explicación de su funcionamiento, un retrato de las vidas expuestas en el libro. El empecinamiento en su oficio es parte de la principal obsesión de la heroína: a pesar de la evidencia judicial, que comprende a testigos que vieron cómo Simón fue ejecutado, Emilia posee la certidumbre de que sigue vivo y que algún día ambos se volverán a reunir.
Ello acontece en un bar suburbano cuando Emilia escucha su voz, se paraliza y luego se acerca a él: Simón está igual a cuando lo vio en el momento de separarse, es todavía un muchacho, su ropa corresponde con lo que era hace tres décadas; en síntesis, el tiempo no ha transcurrido en su apariencia física. Pero en Emilia, pasada la sesentena, los estragos son visibles. A partir de este encuentro, se desarrolla la fantasmagoría macabra y alucinante de Purgatorio, donde el pasado y el presente se confunden, los episodios se entrelazan, el hilo narrativo expone los intersticios privados del poder que se tradujo en la destrucción de miles de personas o su parte pública y visible, en la que contribuyeron esbirros e intelectuales de categoría. O, en palabras del autor, “lo que no llega a ser nunca sabe que pudo haber sido. Las novelas se escriben para eso: para reparar en el mundo la ausencia perpetua de lo que nunca existió”.
Martínez es un actor secundario en el argumento: conoce a Emilia por casualidad y establece con ella una relación afectuosa, a sabiendas de que la mujer decide ignorar que sus padres son unos asesinos, su hermana una cómplice de los multimillonarios desfalcos de su cónyuge y quizá en el seno de su propia familia se originó el secuestro de Simón. Este artificio le permite un inusitado grado de virtuosismo prosístico, pues, sin apartarnos de la intriga central, asistimos a las más descabelladas ramificaciones de la pesadilla trasandina. Sin embargo, es también el único defecto del texto, que por momentos se torna enredado y circular.
Purgatorio, en todo caso, es un volumen de mediana extensión, que logra condensar un amplio período, llega a la médula de sus personajes y confirma a Martínez como uno de los más destacados escritores sudamericanos actuales.

11 Comentarios publicados
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Carlos Gumucio
20/01/2009 00:04
[ N° 1 ]

¡Qué tema más difícil! Y qué difícil debe ser tratarlo en forma literaria, sin caer en lo insoportablemente terrible, en la morbosidad del horror. Para los estándares chilenos, el libro no es caro y lo voy a comprar, si es que no lo encuentro en alguna biblioteca.

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Verónica Alonso Allende
20/01/2009 18:54
[ N° 2 ]

¿Cuándo se va a escribir en Chile una novela de verdad, una pieza literaria sobre este tema? No se trata del Informe Rettig ni del Informe Valech, sino de una ficción que posea calidad, en lugar de las sagas pampinas, las seudopoliciales del señor anticastrista, las tonterías light para pasar el rato y olvidarlas enseguida, en fin, todo lo desechable que sale a cada rato. ¿Es que a nuestros escritores y escritoras el asunto no les interesa porque prefieren promoverse en ferias, actividades sociales, eventos internacionales, viajes promocionales, giras turísticas y otros hechos semejantes? Resulta muy triste por varias razones y enumerarlas quizá arrojaría el triste panorama de nuestra actual narrativa.

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Helia Henríquez Riquelme
20/01/2009 19:41
[ N° 3 ]

Sólo leí, hace muchos años, "Sagrado", de este autor y hace poco, "Santa Evita", que no me interesó tanto. Sin embargo, a juzgar por la excelente crítica, "Purgatorio" debe ser realmente un muy buen libro, a pesar que de que resulte algo circular o enredado, como lo dice Camilo Marks al final (¿por qué siempre tiene que encontrar algún defecto, incluso a una obra que se nota le ha gustado mucho? ¿es parte del oficio crítico?) No he lograro leer nunca nada sobre los detenidos desaparecidos que tenga una calidad superior al Informe Rettig y es cierto lo que dijo alguien antes: es el colmo que la única literatura de valor que poseamos en torno a esta tragedia provenga solo de fuentes oficiales.

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Helia Henríquez Riquelme
21/01/2009 04:34
[ N° 4 ]

Puesto que mi nombre sigue, insisto en que resulta una tragedia más para nuestra literaratura que ningún escritor o escritora haya abordado el tema de la crítica, tal como parece que lo hace, de modo notable y virtuoso, Tomás Eloy Martínez.

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Helia Henríquez Riquelme
21/01/2009 16:35
[ N° 5 ]

Me resulta difícil, eso sí, pensar en un tratamiento fantástico o metafísico para el tema, por lo que es necesario leer el libro para saber cómo puede abordarse desde esa perspectiva.

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Josefa Cernadas
21/01/2009 18:15
[ N° 6 ]

No solo falta una buena o decente novela sobre los detenidos desaparecidos, sino también sobre la persecución política, el exilio, la prisión, quizá una saga familiar, al estilo de las Bildungroman alemanas o la serie de Galsworthy. Pero dudo que haya ahora escritores con esa capacidad.

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Orietta de la Barra
22/01/2009 00:11
[ N° 7 ]

Notable crítica, de ésas que uno lee y dan deseos inmediatos de leer el libro. Aunque no sea precisamente para pasarlo bien en las vacaciones, creo que lo tendré como primera prioridad porque el tema me apasiona y también me intriga mucho sáber cómo está tratado.

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Margarita Fernandez
22/01/2009 00:20
[ N° 8 ]

Me resulta espeluznante pensar que encontraría a mi marido, si éste fuera desaparecido, 30 años después de no verlo y sin ningún cambio físico. ¿Cómo sería eso? Lo de la "fantasmagoría macabra y alucinante" me parece muy bien, es una expresión original muy típica de este crítico, pero no explica para nada el shock terrible que debe ser. Y más que purgatorio, lo que vive Emilia debe ser un infierno diario, prolongado por años, décadas, el mismo que siguen viviendo en Chile y Argentina miles de personas. Me parece muy bien que las críticas literarias no se limiten solo a la parte estética, al estilo, a los recursos, sino que tengan asociaciones históricas, referencias a otras artes, relaciones con asuntos que pueden parecer extraliterarios, pero no lo son. Porque la literatura pertenece a una época, a un aquí y un ahora y eso vale tanto para los clásicos como para los narradores de la actualidad.

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Margarita Fernandez
22/01/2009 17:40
[ N° 9 ]

Sí, Purgatorio debe ser mejor nombre que Infierno, porque, claramente, Paraíso no es. Y las etapas que vive Emilia hasta encontrar -yo creo que cree encontrar- a su marido secuestrado deben ser las mismas de un purgatorio. Leí, al igual que alguien que lo dicjo antes que yo, "Santa Evita" y aunque algo me gustó, hubo en ese libro mucho de caricatura, lo que debe estar ausente de "Purgatorio". Otra vez más, los argentinos nos aventajan, lo que ya viene siendo peligroso y poco saludable.

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Ulises Gomez
24/01/2009 22:33
[ N° 10 ]

Notable y excelente crítica. Por primera vez, me anticipé a Marks y leí el libro antes de conocer su aproximación a la novela. Tiene la razón en todo, incluso en el pequeño defecto que al final le atribuye a Tomás Eloy Martínez: que su virtuosismo en la prosa casi, casi lo conduce a un callejón sin salida, lo que vuelve circular y enredada la historia. Sin embargo, es una de las pocas obras memorables publicadas en fecha reciente en nuestro idioma, me refiero a una novela memorable, porque en esta fase por la que paso, el género novelístico es el que más me interesa.

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Carlos Gumucio
27/01/2009 12:07
[ N° 11 ]

Acabo de leer el libro y es excelente. Lo recomiendo a cualquiera persona y a todo el mundo, sin restricciones.

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