
Odette Magnet pertenece al grupo de periodistas femeninas ejemplares (Patricia Verdugo, María Olivia Monckeberg, Elizabeth Subercaseaux, Susana Kuncar, Patricia Politzer, y varias más) que teniendo a la prisión o la muerte como vecinas inmediatas, lucharon por la democracia y los derechos humanos en tiempos difíciles, con valentía y talento, en un fenómeno único, que sólo se dio en Chile: un batallón de mujeres de poderoso intelecto expresado en los textos que se arriesgaban a publicar. Todas ellas han editado importantes libros, siempre relacionados con los candentes y espinudos temas que investigaban; ninguna ha renunciado a su trabajo en la prensa, y sólo una (Subercaseaux) mostró una temprana vocación por las ficciones.
Ahora Magnet se suma al campo literario con Arena negra (Plaza & Janés, $13.000), su primera novela y una sorpresa por partida doble: no guarda relación con la carrera pública de la autora y es una historia de amor, ligada a la política y al juego del poder. Esta afirmación debe matizarse, porque el auge y caída del vínculo entre Maite Aguirre, destacada reportera chilena en Washington, y Roberto Gandásegui, aspirante a la Presidencia de México, son analizados por la protagonista al modo de una vivisección científica, tanto de su amante como de sí misma, por medio de una autocrítica feroz que a veces se permite espacios líricos, en una prosa espontánea, lúcida y estilizada.
El título alude a la infancia de Maite, y es un ritornello del relato: la niñez protegida junto a sus padres y hermanos, las peleas para imponerse en la jerarquía masculina, los dolores ocultos. En el ahora de la trama, sin acudir a los manoseados racontos, se encuentran los dos actores principales, más un par de reparto: Paula, compañera de trabajo y amiga de Maite, junto a Antonio Moretti, viñatero californiano enamorado de la protagonista. Hay que ser justos con Gandásegui: se le otorga amplio espacio para explicarse, es vulnerable en su fuero interno, realiza titánicos esfuerzos por cambiar y obtener la reconquista de Maite; en fin, es alguien sensible y generoso que sin perjuicio de su ascendente lucha por arribar a la cima del aparato gubernamental, puede ver a su propia persona sin contemplaciones, en los términos menos halagüeños. Resulta fascinante comprobar cómo esa guerra por alcanzar elevadas posiciones es reflejada en Arena... desde una perspectiva lateral, sin entrar en detalles que habrían cambiado el curso del argumento. Y asistimos al debate televisado entre Gandásegui y su contrincante en las elecciones presidenciales, que Maite observa muy lejos, con impaciencia y desgarramiento, o bien somos testigos del fragor eleccionario en los confines de su nación. En síntesis, es muy escaso lo que puede reprocharse a este líder poco corrupto para los estándares de su país… salvo su incapacidad de haber retenido a Maite.
Maite es quien, definitivamente, se roba la película. Ella transforma, al meditarla y reescribirla, esta intriga en una crónica intimista, introspectiva, femenina, sin caer en lo sentimental; feminista, porque concede a las mujeres tanta o más relevancia que a los hombres capaces que ocupan cargos directivos. En otras palabras, estamos frente a una construcción imaginaria subjetiva, apasionada, coherente, amena, donde los hechos históricos —como la campaña mexicana o el atentado a las Torres Gemelas— son un telón de fondo para el drama interior de los caracteres. Maite es su propio e implacable juez, el susurrro que la acompaña día y noche, desdoblándose en otro personaje, concebido, elaborado por ella, un ser libre y humano capaz de inventarse y reinventarse continuamente. Porque es ella quien crea y recrea, de modo libresco, su existencia, su familia, sus amigos, su patria, la arena negra de la niñez, esa bella imagen que jamás la abandonará.
Los personajes secundarios poseen un tono y una identidad propias, sobre todo Paula, quien se juega por Maite y una posible nueva pareja. Así, proporciona a Moretti información para encontrar a su colega.Las puertas quedan abiertas para el renacimiento del amor, y es posible que algunos olisqueen con malestar donde deberían calificar con sagacidad. Mal que mal, éste es un gran tema de la literatura de todos los tiempos, el más inagotable, el más fructífero, el que siempre se renueva. En Arena… hay un giro en el tratamiento: Maite no fue ni será una víctima de sus sentimientos, esa viciosa catalogación de la mujer loca por los hombres. Es autónoma, dueña de su vida y de su destino.Arena… no parece una primera narración debido al aplomo, la garra, el dominio narrativo que exhibe. Es un paso inicial de indudable calidad y promete el anuncio de futuros hallazgos.
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Posteado por: Ulises Gomez 26/01/2009 14:51 [ N° 1 ] |
Por ahí lei un comentario malo y muy mal intencionado acerca de este libro. Conozco a Odette Magnet y sé que, si se decide a publicar una novela, no será nada malo, lo que me lo confirma esta crítica. Felicitaciones. |
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Posteado por: Josefa Cernadas 26/01/2009 16:24 [ N° 2 ] |
Muchas vueltas se da este crítico para no decir de frentón que está comentando una novela rosa. ¿Y qué de malo habría en ello? Se han escrito centenares de obras de este género que son inolvidables y, si nos fijamos bien, hasta "Romeo y Julieta" pertenece, aunque sea un drama y no una ficción narrativa, a esta categoría. Los críticos parecen tenerle miedo al gusto popular y yo pensaba que Camilo Marks estaba al margen de esa nefasta tendencia, pues ha comentado novelas policiales, bestsellers y cosas parecidas. Pero las novelas rosa, por lo visto, le dan su poco de miedo. |
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Posteado por: Fernando Herrera 26/01/2009 19:02 [ N° 3 ] |
Sí, ¿qué de malo tienen las novelas rosa? "La dama de las camelias" es insuperable, "Las noches blancas" resulta algo azucarada, pero es magnífica y casi todo o mucho de lo que escribió Stefan Zweig cae en esta categoría. Ello también se aplica a Somerset Maugham y en la actualidad, a Isabel Allende, ¿son malos escritores acaso? Yo creo que de ninguna manera. |
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Posteado por: Jorge Alvarado Robles 26/01/2009 19:15 [ N° 4 ] |
Jajaja, Buena Camilo, con mejores libros te has ensañado hasta el cansancio y con este te pones complaciente! ¿Será el influjo femenino el que obra sobre tu juicio? |
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Posteado por: Fernando Herrera 27/01/2009 00:52 [ N° 5 ] |
Reincidiendo en lo que dije hace un par de horas, ya que mi nombre continúa pegado: ¿qué tienen de malo las novelas rosa? ¿es posible que a alguien alguna vez no le hayan gustado Guy de Chantepleure, Elinor Glynn, Vicki Baum u otros/as insignes participantes y artífices del género? ¿Cómo podríamos dejar de creer que la primera película hablada de Greta Garbo -"Gran Hotel", basada en la grandiosa Vicki Baum-, con su maravillosa frase "I vant to be alone", en la que encarna a una ex prima ballerina en decadencia, con una Joan Crawford jovencísima y un Emil Jannings de matarlo, no es una obra suprema entre las historias rosa? ¿Y no lo fueron todos los filmes, basados en libretos escritos por Scott Fitzgerald, Faulkner, Hemingway, West, con melodramas pasionales impactantes? ¿O, para el caso, las espeluznantes pelícilas de los 40 y 50, -"Palabras al viento", "Imitación de la vida", "Sublime obsesión", "Lo que el cielo nos da", y otra serie parecida- en que el erotismo se disfraza con el lujo, lo no dicho, la represión, el diálogo inteligente y lleno de sobreentendios, como "Gilda" o "Su otro amor", con la incomparable Rita Hayworth? Sí, es muy fácil y tontorrón despachar las novelas rosa, pero pocos saben el potencial dramático, literario, estético que poseen. Ojalá "Arena negra" quepa en esta calidad, |
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Posteado por: Fernando Herrera 27/01/2009 09:41 [ N° 6 ] |
El discurso del desamor: qué bello título para una relación sentimental que se desintegra. Los títulos de estas críticas son a veces mejores que las críticas mismas, ¿los hace el crítico o alguien que titula en el diario? |
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Posteado por: Carlos Gumucio 27/01/2009 12:05 [ N° 7 ] |
Estoy de acuerdo en que el influjo femenino ha nublado la percepción de Camilo. "Arena negra" no es una mala novela, pero tampoco la octava maravilla del mundo ni, mucho menos, una promesa de futuros hallazgos. Es apenas para pasar el rato y el trabajo como periodista de Odette Magnet, así como el de todas las admirables mujeres que menciona el crítico, más algunas a las que hizo alusión en el lanzamiento, no se compara con el estilo de su novela. Quizá si en lugar de ficciones siguiera con buenos reportajes, con libros de entrevistas, con trabajos de investigación, al estilo de Elizabeth Subercaseaux, Patricia Politzer o María Olivia Monckeberg, sus libros serían mejores que este melodrama pasable, aceptable, pero nada de bueno. |
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Posteado por: Carlos Gumucio 27/01/2009 12:21 [ N° 8 ] |
Y ojo que en la novela "La sinfonía fantástica", de Camilo Marks, que le ha fascinado, encantado, gustado a rabiar a todas las personas que conozco, hay como media docena de novelas rosas. Entonces ahí debe estar el quid de esta crítica. |
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Posteado por: Carlos Gumucio 27/01/2009 13:34 [ N° 9 ] |
Influjo femenino o no, la crítica tampoco dice que el libro sea una obra maestra ni suprema de la literatura de estos tiempos.Es ahí, ahí nomás. |
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Posteado por: Santiago Montenegro 27/01/2009 13:40 [ N° 10 ] |
La política y el amor son buenos temas, el problema es cómo tratarlos. En lo personal, tengo cero prejuicios frente a este tipo de historias, pero prefiero que se centren más en lo político o bien más en lo erótico. Parece que Magnet diera un poco palos de ciego y no se pusiera de acuerdo en lo central y eso es lo que me queda al leer entre líneas la crítica. |
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Posteado por: Mónica Riveros Gutmann 27/01/2009 16:23 [ N° 11 ] |
De los diez comentarios de más abajo, nueve son de hombres, ¿curioso, no? Parece que les molestara el amor, parece que las novelas rosa fueran anatema, por más que las justifiquen con ilustres ejemplos, parece que algo pasa cuando la literatura llama a los sentimientos, la pasión, el deseo. Se ponen nerviositos, sobre todo con una ficción en que el protagonista supermacho queda mal parado, les da miedo, temor, ansiedad que en el juego del amor y la política, gane la segunda, pero a costa del primero, lo que es un triunfo muy relativo, cuando no una victoria pírrica. Me gustó mucho "esa viciosa catalogación de la mujer loca por los hombres", porque ya pasaron los tiempos en que dejábamos todo por seguir a nuestros amos y señores dondequiera encaminaran sus pasos por el ancho mundo. |
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Posteado por: Santiago Montenegro 29/01/2009 01:58 [ N° 12 ] |
A lo mejor esta novela resulta buena, después de todo. En vacaciones de verano las historias de amor y política refrescan la mente, ayudan a disipar los insomnios, no combaten el calor, claro, pero si entretienen y uno todavía está en la capital, hasta pueden ser mejores que muchos ventiladores juntos. |
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Posteado por: Arturo Rivera Dominguez 31/01/2009 11:06 [ N° 13 ] |
A mi abuela le gustan las novelas rosas. Vicki Baum. Jajaja. Compra varios para el verano. Le recomendaré este. Ya saben, para perder el tiempo leyendo y no viendo tele. |
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