
Adoré Rayuela cuando adolescente, pero luego entré a la universidad y me di cuenta de que todos leían a Cortázar o decían que lo leían. Cortázar era un casi lugar común, un cliché y casi todo el mundo —el mundo de esa época eran los estudiantes de literatura de cursos superiores— plagiaba sus cuentos. Y un buen puñado de ellos escuchaba Sui Generis y mostraba sus ejemplares de Historia de cronopios y de famas o El perseguidor pero no se habían acercado jamás a El libro de Manuel. Quizás, tenía que ver con una especie de sensibilidad en boga a comienzos de los años noventa, una sensibilidad horrible, por cierto, una sensibilidad que explotaban novelas como Natalia de Pablo Azócar que a mí no hacían más que aburrirme mortalmente, porque mientras más leía Natalia más me daba cuenta de que había que escapar de ahí, de ese tono, de ese bebop de universitario fanático de Nito Mestre, de esas historias de los pobres aprendices de escritores sufriendo y teniendo sexo genial y padeciendo miserias mientras soñaban con matarse o tener un satori o escapar a París. Casi inmediatamente, me olvidé de Cortázar y su legión de clones chilenos. Crecí o leí más y años después releí “Casa tomada” y me di cuenta de que nadie se refería a lo terrible del drama ideológico del relato y pensé en esa caricatura de una Argentina que se quiebra que es “Casa tomada” y que en el fondo lo que debía hacer uno con Cortázar era secuestrarlo, tal y como Peter Cushing secuestraba a Poe en esa cinta olvidada llamada “Torture Garden”. Pero era una mala idea, en realidad eso venía pasando desde siempre: todo el mundo tiene a Cortázar —o su caricatura— metido en un sótano escribiendo una y otra vez las mismas obras maestras. Todo el mundo baja a las escaleras imaginarias de esa casa imaginaria y ve cómo él alza la vista con su mirada de extraterrestre fumando Gitanes, cebando un mate o haciendo lo que hacen los fantasmas. Y ahora, que se cumplen 25 años de su muerte, él vuelve como el cuervo de Poe, pero no hay sonido tras su graznido. Cortázar es un tío lejano mal enfocado en la foto de una postal, y no es difícil preguntarse si cierta literatura latinoamericana superará alguna vez esa obsesión parisina que él pareció infligirle con la insistencia de una enfermedad venérea. Porque a lo mejor Córtazar es eso, ese sueño de un futuro posible, de un destino impreciso allende el mar: la pesadilla de una modernidad literaria que nunca fue, algo que terminó como un fracaso absoluto. Más: el otro día leí en un diario que había una probabilidad de que Cortázar haya muerto de sida y eso quizás explique todo o no explique nada, pero es material para una pequeña polémica carnaza del verano de las que vive la literatura hoy día. Así, como todo Godzilla contaminado por la radiactividad del Boom, Cortázar nos hace percatarnos de la poca distancia que hay entre la literatura y la farándula o entre el rumor y la biografía, como si la colección de todos esos chismes en torno suyo fueran en verdad su novela más importante o acaso la mejor bibliografía anotada que jamás tuvo. Desde el presente, yo me pregunto si sus clones seguirán leyéndolo y escribiendo novelas y cuentos parecidos a los suyos. No sé, el destino final de esos libros me importa a lo más como algo anecdótico, como una pregunta capciosa y Cortázar era, tal vez, el maestro de esa clase de preguntas, de una literatura que explotaba con profundidad todas y cada una de esas trivialidades.
A lo mejor Córtazar es ese sueño de un futuro posible, de un destino impreciso allende el mar: la pesadilla de una modernidad literaria que nunca fue.
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Posteado por: constanza zapata de pablo 23/02/2009 08:42 [ N° 1 ] |
Adoré Rayuela cuando era adolescente, pero una generación más tarde... o media. |
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Posteado por: Michel D'Alencon Bravo 24/02/2009 16:33 [ N° 2 ] |
Para mí, Cortázar sigue siendo uno de los mejores cuentistas latinoamericanos (sino el mejor), muy por sobre la generación light y azucarada de fines de los '80 y los '90, de una post-modernidad vacía como el popcorn. |
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Posteado por: patricio andres pasten inostroza 24/02/2009 20:48 [ N° 3 ] |
Acabo de leer su artículo "Cortázar torture garden" y no me ha parecido todo lo respetuoso que hubiese querido. De la misma forma en que se respetan las canas y la sabiduría de un anciano se debe respetar también la obra de Cortázar, me parece. |
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Posteado por: Carlos Dichter Liebe 26/02/2009 18:44 [ N° 4 ] |
Cortázar es un retrato todavía tan nitido que a veces pareciera cobrar vida, y hasta reírse un poco, cuando cerramos en la página diez un libro de cualquier autor de esta década y pensamos en lo charcha que es toda esta narrativa temerosa y cerebral. |
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Posteado por: Olegario Hernández Allel 03/03/2009 10:28 [ N° 5 ] |
Toda esta columna está enfocada a comentar las reacciones sociales ante la lectura de Cortázar, las modas, las conductas de lectores y escritores, pero de la obra propiamente tal no se dice nada o muy poco, y eso sólo de modo tangencial. La posibilidad de supervivencia de su literatura hasta nuestros días no se define solamente por la credibilidad conductual de sus seguidores sino por el impacto en la cultura más amplia: la capacidad de describir una época, independientemente si dicha época se derrumbó con nosotros, con el paso de los años. Es más farandulero el columnista al centrarse en la calificación estereotipada de su círculo personal y desde ahí definir al escritor, y no su obra. |
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Posteado por: ant pao pao ahumada 10/06/2009 12:30 [ N° 6 ] |
alvaro,escibes muy bien pero los temas demaciado snob,los siento tan afectados y poco honestos de tu parte. |
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