
Hubo un tiempo en que en las librerías de todo el mundo —o del mundo donde hay librerías había ejemplares de "Cien años de soledad", de "La ciudad y los perros", "La región más transparente" o de "Rayuela". Un tiempo en el que sus autores —García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Julio Córtazar— eran asediados en la calle por personas que les pedían autógrafos. Eran los tiempos del Boom latinoamericano, un movimiento que marcó un hito en la historia de la literatura y también en la historia del continente. ¿Qué pasa con sus obras hoy? ¿En qué estantes de la historia quedarán?
Las razones de un boom
"No es exagerado decir que Latinoamérica en los 60 era conocida por dos cosas: la revolución cubana y el boom de la ficción latinoamericana, cuyo auge y caída coincide con el auge y la caída de las percepciones liberales de Cuba entre 1959 y 1971", asegura Gerald Martin, crítico inglés que por estos días promociona su "Gabriel García Márquez: a life", una biografía "tolerada" por el Premio Nobel (lo que la distancia de una autorizada, es el relato de un amorío que Gabo quiso olvidar).
"El principal legado del boom fue la internacionalización. Con él, el mundo se enteró de la existencia de la novela latinoamericana y los novelistas latinoamericanos (bueno, ciertos novelistas) consiguieron acceso al mercado internacional y algunos (gracias a traducciones) se convirtieron en estrellas mundiales", explica Philip Swanson, profesor de la Universidad de Sheffield y autor de un buen número de libros sobre el boom.
El grupo de escritores —que entre los chilenos incluyó a José Donoso y, también, aunque menos vinculado, a Jorge Edwards— comenzó a publicar buenas novelas en la década del 60 y tuvieron la suerte (merecida, pero suerte al fin y al cabo), de que editores europeos creyeran en ellos y les ofrecieran vivir de escribir, algo hasta entonces impensado para los autores del lado equivocado del Atlántico. García Márquez, Vargas Llosa y Donoso se instalaron en Barcelona; Córtazar en París y Carlos Fuentes en Londres. Ellos fueron algo así como la primera línea de un movimiento que también integró el cubano Cabrera Infante, Mario Benedetti, Manuel Puig y Augusto Roa Bastos, entre tantos otros.
Hay muchas razones para explicar por qué la literatura latinoamericana hizo boom en los años sesenta. Una apunta a que entonces el mercado editorial español estaba cercado por el franquismo y la posibilidad de burlar a la censura era publicar a sudamericanos como Mario Vargas Llosa con su crítica "La ciudad y los perros" . Otra, es la coyuntura que daba la época: revolución cubana, primavera de Praga, guerra de Vietnam, mayo del 68 y la teología de la liberación; tiempos en los que la identidad latinoamericana se jugaba en campos de batalla y en que uno de esas trincheras era la ficción (otra, las opiniones, cartas, declaraciones, columnas y contracolumnas que sus autores publicaban en las revistas).
Por último, habría que reconocer la importancia de dos personajes claves: Carlos Barral —con la editorial y el premio Seix-Barral— y la "mama grande" Carmen Balcells, quien le preguntó a Vargas Llosa cuánto necesitaba para dejar sus investigaciones universitarias en Londres para instalarse a escribir en Barcelona. Había contexto y sobraba talento, novelas que rompían con la tradición realista y costumbrista latinoamericana y explotaban un imaginario desquiciado, novedoso.
Macondo pop
"Hay boutiques que se llaman Macondo. Cronopios y famas son palabras que han llegado a la calle. Para un extranjero poco enterado de la historia argentina, Lavalle es una calle y un personaje de Sábato. Todo el mundo sabe lo que es una visitadora", escribe José Donoso, el representante chileno del grupo, en su "Historia personal del boom", publicada en 1972. Después aparecería hasta un McOndo, la reacción joven y globalizada al mundo donde la novedad era la llegada del hielo a la ciudad. El boom como una manifestación de la cultura popular, un nombre digno de ser parafraseado y, también por eso, un enemigo declarado. El padre al que perseguir.
La pregunta, a casi 50 años de que el boom se acomodara en las listas de libros más vendidos, instalando en las conversaciones cotidianas a sus personajes, es ¿cómo han envejecido éstos? ¿Cómo se leen hoy esos libros que todos leímos y que hoy son lectura obligatoria?
"Recientemente he releído, para clase, '"Cien años de Soledad'" y 'La ciudad y los perros' ", cuenta Jorge Ruffinelli, crítico uruguayo, profesor de Literatura Latinoamericana en Standford. "Aunque discrepo con Vargas Llosa en posiciones políticas personales, reconozco que 'La ciudad y los perros' ha envejecido bien. En cuanto a '"Cien años de soledad'", una estudiante argentina inteligente me ha dicho que intentó leer varias veces esta novela y no puede pasar de las primeras páginas… (y yo creo que las primeras 50 páginas son las mejores). De todos modos, le he pedido a la joven que lea la novela entera. No puedes opinar de un tema sin conocerlo".
Swanson tiene una teoría similar sobre qué obras se quedaron atrapadas en los sesenta: "La novela clásica de esa época sigue siendo '"Cien años de soledad'" y la moda del realismo mágico sigue teniendo mucho efecto en la novela mundial (aunque claro, los hay que lo rechazan). Otros éxitos como '"Rayuela'" de Julio Cortázar parecen atrapados en los años sesenta y ya tienen una edad. El novelista más profesional del boom y que se ha adaptado mejor a la demanda del mercado internacional es, probablemente, Vargas Llosa. 'El obsceno pájaro de la noche' de Donoso es una novela muy importante, que se ha subestimado un poco: en muchos sentidos representa el clímax del boom, pero sale en 1970, un momento en que la unidad del grupoempieza a disolverse ".
Edmundo Paz-Soldán, profesor en Cornell y escritor boliviano antologado en la polémica McOndo, cuenta que las novelas del boom influyeron mucho en su decisión de ser escritor: "A los catorce, quince años, descubrí '"La ciudad y los perros'" y '"Cien años de soledad'". Fueron libros clave. Si nos atenemos a las novelas escritas por mi generación, yo diría que las más influyentes son '"Conversación en la Catedral'" y '"La ciudad y los perros'". '"Conversación'" está presente en las novelas de Jorge Benavides ('"Los años inútiles'") y Alberto Fuguet ('"Tinta roja'"), en mi novela '"Río Fugitivo'" está la huella de 'La ciudad y los perros'".
Para Paz Soldán la obra que mejor resiste el paso del tiempo es la de Vargas Llosa y la de Donoso ("especialmente 'El obsceno pájaro de la noche' "): "Creo que en ambos autores la experimentación formal conecta con temas políticos y sociales muy presentes hoy. La obra de García Márquez no envejece, pero no está generando nuevos libros. Si pensamos en los cuentos, creo que ahí tanto Cortázar como Fuentes están muy vivos. Fuentes es un caso interesante, un autor de obra monumental, cuyos textos más breves —los cuentos, las nouvelles— están resistiendo mejor el paso del tiempo que sus grandes novelas".
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Posteado por: Michel D'Alencon Bravo 24/02/2009 16:37 [ N° 1 ] |
¿ Por qué será que la mayoría de los escritores del Boom son ideológicamente de tendencias izquierdistas ? |
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