
Macarena García G.
Cuando Juan Luis Cebrián —ex director de El País y uno de los consejeros del grupo Prisa— presentó la edición conmemorativa de la RAE de “La región más transparente”, dijo que ésta no era un homenaje a Carlos Fuentes, porque Fuentes no necesitaba homenajes. Lo dijo sentado a una mesa de la Feria del Libro de Guadalajara, donde culminaba el mes de actividades que celebraban el aniversario del autor de “Aura” y “La muerte de Artemio Cruz”. Lo dijo pese a que tras él colgaba una gigantografía del escritor, con su pelo cano y su bigote característico. Cebrián estaba siendo absurdo, claro, pero era su mejor cumplido: un cumplido hecho a la medida de Fuentes, que cumplió ochenta, pero parece más joven, recomienda leer a los jóvenes, y pidió a quienes participaban de su homenaje que no le nombrasen.
—¿Hay una crisis de escritor a los ochenta? ¿Libros que ya no se alcanzaron a escribir?
“Bueno, el tiempo que tengo por delante no depende de mí, pero yo sigo trabajando todos los días; desde las siete de la mañana hasta la una, usted me verá sentado trabajando. Eso me mantiene ágil. Por supuesto que hay libros que uno pensó escribir y no escribió, pero esos son mis difuntos así que hay que dejarlos tranquilos”, responde Fuentes, al teléfono desde México, y se echa a reír.
Para su aniversario número ochenta, Alfaguara reeditó toda su obra, Fondo de Cultura Económica la antologó en gruesos tomos —como clásico de estantería— y la RAE decidió seguir esa colección de reediciones conmemorativas que comenzó en 2004 con “El Quijote”, con “La región más transparente”, la primera novela de Carlos Fuentes, publicada hace ya cincuenta años. “Es una novela a la que le tengo mucho cariño, porque la escribí a los 25 años y la publiqué a los 30. Entonces no fue un éxito, no, suscitó todo tipo de reacciones, buenas y malas”, dice hoy Fuentes y se adivina el orgullo por la sentencia del tiempo. Para sus ochenta años fueron tantas las instituciones que quisieron rendirle homenaje que él nombró un comité asesor para coordinarlas y exigió dos cosas: que las celebraciones se concentrasen todas en un mes y que los invitados no hablaran de él. “De otra forma hubiese sido sumamente pesado”, asegura Fuentes, “para los demás y para mí”. Reunió a invitados de talla mundial, entre ellos los ex presidentes Felipe González y Ricardo Lagos, y los premios Nobel Nadine Gordimer y Gabriel García Márquez. Gabo, quien en 2007 cumplió los ochenta y tuvo su propio (y apoteósico) homenaje en vida, se limitó ahora a sentarse en una mesa, acaparar expectativas y hacer una reverencia silenciosa cuando llegó su turno de hablar. Gabo fue al cumpleaños de Fuentes, pero no dijo palabra. Se rumoreó que era porque el autor de “Cien años de soledad” ya no está en sus cabales, pero también, que entre las vacas sagradas de la literatura latinoamericana ya no hay qué decir.
—¿Cuál fue el legado del Boom?
“Ya quedamos vivos muy pocos y ha aparecido una respuesta al Boom, que en México se llama el Crack. El Boom fue un estallido, fuimos 12 o, póngale usted, 20 escritores. Ahora habrá unos 100 escritores interesantes en América Latina. Entonces había una cierta necesidad de decir lo que no se había dicho. Hoy ya tenemos una enorme libertad para la ficción, diversidad de temas, de estilos, de propósitos”.
—Héctor Aguilar Camín decía que usted fue el primer escritor mexicano profesional.
“Fui el primero que no tuvo que tener un empleo en el gobierno, porque hasta entonces todos tenían que vivir de eso. Antes no había suficientes lectores, o anticipos o traducciones para vivir de la literatura. Eso lo logramos hacer Vargas Llosa y yo”.
—La semana pasada publicamos un reportaje sobre la vigencia de la obra del Boom Latinoamericano. Hicimos la pregunta a distintos escritores y críticos sobre qué libros se conservaban mejor al paso del tiempo y el autor boliviano Edmundo Paz Soldán opinó que sus textos cortos, las nouvelles y los cuentos, envejecían mejor que el resto de su obra. ¿Qué opina usted?
“Que él tiene todo el derecho a opinar”.
—Pero cuál es su opinión.
“Yo nunca he pensado que escribí varios libros distintos, sino que es sólo una obra con varios capítulos. Yo lo entiendo como una obra única, total. Eso me permite una gran variedad de estilos, aproximaciones y temas”.
—Usted ha trabajado una gran variedad de géneros: cuento, novela corta, novela, ensayo y también teatro y guiones para cine. ¿Con cuál género se siente más cómodo?
“Yo me siento incómodo en el teatro, debo decirle. Todos los escritores hemos tenido la tentación de escribir teatro. Balzac tuvo la tentación y fracasó, Flaubert también. Casi no hay un ejemplo de un novelista interesante que no haya intentado pasar a las tablas, y no les va muy bien, porque el teatro es una cosa muy aparte de la novela, es una tentación en la que uno incurre que es como tener relaciones con un ser extraño que no es ni hombre ni mujer. Lo que más me ha atraído siempre es la narrativa, también el ensayo y el periodismo en la medida en que deseo comunicarme de una manera más directa con los lectores y con el público”.
—También intentó escribir guiones para cine. Su Pedro Páramo, por ejemplo.
“Ay, qué horror, no me recuerde eso, jajaja”.
—Ahora lo están intentando nuevamente. Con Gael García como Juan Preciado.
“Será la enésima versión de una novela que no se puede adaptar porque es un evento puramente verbal”.
—Sorprende que mire sus propios fracasos.
“Sería muy idiota si no lo hiciera”.
—Pero podría no decirlo.
“Me sentiría muy mal”.
—Seguro que tiene sus libros más queridos.
“Cómo no. Yo indudablemente quise mucho ‘La región más transparente’ porque la escribí a los 25 años, es una novela de mi juventud, y ‘Aura’ porque vino de una serie de acontecimientos fantásticos en mi vida y la pude escribir sentado en un café de París en dos o tres mañanas; la última que me dio muchas satisfacciones es ‘La voluntad y la fortuna’, pero quizá la que más me gusta es ‘Terra Nostra’, en la que concurro con los lectores europeos más que con los latinoamericanos, esa novela tiene mucho éxito en Francia y Alemania, en Francia es parte de la lectura obligatoria”.
La vía internacional
Cuando García Márquez y Vargas Llosa se instalaron en Barcelona, Fuentes decidió radicarse en Londres, estación final de una vida errante que comenzó como hijo de diplomático —creció entre Washington, Chile, Ecuador, Argentina, Brasil y Uruguay— y siguió aceptando puestos de diplomático —París y Londres—. Hoy, vive de mitades: tiene su casa en Ciudad de México, donde pasa seis meses de presentaciones de libros, cócteles y amistades, y su departamento en Londres, donde escribe mientras ve llover.
—Con tanta distancia, ¿cómo estableció una relación con México? Su país es uno de los temas principales de su obra.
“Yo crecí lejos de México y tenía una mirada de perspectiva. Creo que un escritor no puede tener una relación que no sea de amor-odio con su país. Detestar totalmente a un país lo nulifica a uno, amarlo totalmente lo convierte en un bobo. De manera que hay que tener una relación tensa, amarlo mucho y odiarlo mucho; esa es mi relación con México””.
—Hay una gran diferencia entre ser escritor latinoamericano hoy y hace 40 años, cuando usted citaba a Neruda diciendo que un escritor latinoamericano carga a su pueblo en la espalda.
“La gran diferencia es que entonces las cosas no estaban dichas, para nosotros escribir era un asunto político. Hoy es distinto. Ha habido un enorme fortalecimiento de la sociedad civil y se escribe más para proteger la diversidad; se ha vuelto muy importante defender la pluralidad”.
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Posteado por: Marcelo Alexandro González Flores 11/03/2009 09:27 [ N° 1 ] |
Muy buena entrevista, notable. Me recordó la abuelita "blogger" que escibe a sus 91 años, 92 deberá tener ahora jeje |
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